Reseña: The Morning Show

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Si algún monstruo a nivel mundial faltaba llegar al servicio del streaming era Apple, y con su Apple TV+ desembarca en nuestros dispositivos con una apuesta de altísimo vuelo. La manzanita invirtió 300 palos para que The Morning Show despegara con un quilombo fuerte. Y vaya que lo hace.

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Empieza con un escándalo, Mitch Kessler, histórico presentador de The Morning Show (Steve Carell que no para de demostrar que es uno de los mejores actores que existen hoy por hoy), es despedido tras alegatos de conducta sexual indecorosa, acoso y abuso de posición luego de que alguien filtrara todo al New York Times. Para los legos, la industria del noticiario matutino con mezcla de magazine no es algo que se haya inventado hace unos años. En EE. UU. tiene una rica historia que arranca prácticamente con la televisión. Mitch Kessler es una institución. Está casado y tiene familia. Y por eso, su caída es aún mas fuerte. Necesita redención y el camino para lograrla golpea a todos por igual. Principalmente a su co presentadora, Alex Levy (Jennifer Aniston rompiéndola toda), al showrunner Charlie “Chip” Black (Mark Duplass, otro con un rango enorme), y al numeroso cast de trabajo que siente que algo está mal. ¿Cómo puede ser que Mitch haya sido así? Siempre tan amoroso, paternal, sencillo y con don de gentes. Nadie lo puede comprender. Y de hecho, como es natural, muchos no lo aceptan y ponen la carga de la culpa en las víctimas de Mitch. Nos detendremos en eso más adelante.

Alex, ahora solitaria en su puesto como presentadora y en medio de una compleja renegociación de su contrato, comienza a pensar que quizás aprovechando la situación también quieran limpiarla a ella, y en un movimiento de poder que los descoloca a todos, elije a Bradley Jackson (Reese Whiterspoon, que por momentos está brillante), una corresponsal bastante desconocida que se hizo viral por un video.

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Controlando todo está Cory Ellison, el gerente de la rama de noticias interpretado por un Billy Crudup demencial canalizando su mejor George Clooney (en serio, por momentos hasta parece que es el mejor imitador en vida), y por sobre él, Fred Micklen (Tom Irwin), uno de los dueños del canal.

Nadie es trigo limpio, todos esconden algo. Los diez capítulos transitan entre relaciones que se quiebran, revelaciones, traiciones, deslealtades, alianzas endebles y de las otras.

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Hace siete años, HBO estrenaba The Newsroom, una serie donde Jeff Daniels interpretaba a un presentador de noticias que tras un escándalo viral (ding ding ding) genera una sacudida en su programa, en la rama de noticias, y por fin, en la cadena. Por supuesto, la serie de Sorkin (que lamentablemente solo duró tres temporadas) fue previa por unos años al movimiento #MeToo que desde el caso Weinstein viene denunciando situaciones de acoso, abuso y violación en el ambiente del espectáculo. Es por eso quizás que es tan alto el contraste entre ambas series con contextos muy similares. Jeff Daniels tiene una relación con su productora. Otro productor de un segmento tiene una relación con una asistente y luego decide iniciar otra con una conductora. Nadie discute en The Newsroom las relaciones de poder detrás de esos vínculos. Porque hasta no hace mucho, no eran debatidas. Se consideraba algo que pasaba y eso es todo.

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The Morning Show pone sobre el tapete estas secuencias no solo porque es lo correcto, sino porque es un mundo (occidental) atravesado por una gran revolución feminista que busca rever y recontextualizar estos hechos totalmente normalizados dentro del lugar de trabajo, y más aún, de un lugar de trabajo tan agobiante donde pareciera que los empleados viven ahí y en donde, por ende, los límites se desdibujan.

La serie no busca que empatices con el personaje de Carell porque jamás lo muestra violando a nadie. No desde una perspectiva legal. No coacciona a nadie a acostarse con él. El caso que termina resonando en la historia es el de Hannah, que no lo rechaza pero el espectador claramente la ve incómoda por ciertos gestos que muchas personas sentirán muy cercanos. No obstante, tampoco esconde sus argumentos. Es muy claro lo que piensa Mitch, que reconoce que tuvo una actitud deleznable, pero rechaza que lo traten como un violador. Probablemente porque desde los hechos puntuales, no lo es. Y ese es uno de los principales escollos que se manejan en la vida real. Saber mensurar bien cada acto. Que todos sean repudiables no los pone en la misma medida.

La serie se preocupa mucho más por los que quedan en el medio. Y es donde la serie se vuelve aún más provechosa y real. Los seres humanos no estamos codificados para reaccionar de una forma clara ante hechos que tienen más que ver con una perspectiva ideológica que con una situación concreta. Para dos personas en antípodas ideológicas puede o no puede haberse configurado una situación de abuso (para mí, para dejarlo en claro, lo hubo, pero entiendo que puede ser difícil de ver), pero el guion está escrito de manera tal de señalar abiertamente muchas de las dudas reales que tenemos las personas. Hay dos charlas fascinantes que son por sí solas ganadoras de Emmy: la primera se da en una salida de las chicas del programa (sin Alex) donde el asunto de Mitch sale en cuestión. La naturalidad del diálogo y lo real de lo que dicen, cómo reaccionan y cómo termina la secuencia, es de una brillantez que pocas veces vi en una serie de televisión. No hay grandes explosiones ni drama prefabricado. Son solo un grupo de chicas, algunas protagonistas del acoso de Mitch, que explican lo compleja que es una situación donde el acoso no es algo evidente, sino de percepción.

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La segunda es una charla que tiene Mitch con Hannah cuando le pide a ella, víctima de su comportamiento, que revele en público que el comportamiento que él tenía era avalado por la cadena de televisión, y que para resolverlo sin escándalo le ofrecieron un ascenso que ella aceptó. Mitch le dice en concreto que él entiende que abusó de lo que representaba para ella, pero que nunca la obligó a nada y que no puede entender cómo una chica que aún era nadie en el programa no entendiera las señales que le había dado. “Yo no te obligué a ir a mi habitación, pero ¿por qué pensaste que te invité?”. El nivel de realismo que tiene esa interacción pone de manifiesto el nivel de abstracción que alcanzan los depredadores sexuales que son capaces de repudiar ese comportamiento cuando lo ven de afuera pero jamás reconocerlo por dentro.

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Las críticas que tengo a la serie pasan por un lado más personal. Me molesta en principio que dos de las acusadoras de Mitch sean mujeres negras que siguen en el programa (la tercera es blanca y no trabaja más), porque en cierto subtexto, las hacen quedar como trepadoras que utilizaron las relaciones sexuales con el jefe para labrar su carrera. La serie se sale de la línea para mostrar que esto no es así, pero podrían haberlo evitado desde el principio. Luego, tengo que enfocarme en el personaje de Reese Witherspoon, que es bastante insoportable. Bradley Jackson es un personaje diseñado para ser amado por los estudiantes de periodismo. Y es por eso que tanto Charlie como Alex viven pegándole por su “obsesión con la verdad”, anoticiando a la audiencia de que hace un siglo que el periodismo no tiene nada que ver con eso. Y es cierto, pero a la vez, Bradley decide trabajar ahí porque es su “gran oportunidad”, entonces el mensaje a favor de la verdad se diluye (al menos hasta el gran capítulo final) porque oportunidad mata integridad. Lo otro que me molesta es la dinámica de la serie que implica que Bradley y Alex se pelean y se amigan alrededor de 27 veces en diez capítulos y eso hace a la serie bastante agotadora por momentos porque no avanza en su argumento en orden de mostrarnos a ambos personajes (1) enojados, (2) compungidos y (3) con ganas de hacer las paces. Entiendo que la segunda temporada, ya confirmada, no va a ser así.

Esa segunda temporada tiene el camino allanado con tres o cuatro líneas argumentales. Una de las más interesantes incluyen a meteorólogo Yanko Flores (Nestor Carbonell, al que recuerden tal vez como al Alcalde en The Dark Knight) y su romance con una asistente llamada Claire (Bel Powley), que es la forma que tienen los autores de mostrarnos el otro lado de la moneda. Otra línea argumental nos muestra a Daniel Henderson (Desean Terry), un conductor negro y gay, de la versión de fin de semana de The Morning Show, con intenciones de acceder al sillón vacío.

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The Morning Show adapta dos cosas: la primera más obvia es el caso Matt Lauer, presentador matutino de Today Show, en NBC, acusado de conducta sexual indecorosa. El escándalo fue primicia de (taran tataaan) The New York Times. La segunda fuente es un libro de no ficción llamado Top of the Morning, que cuenta los entretelones de los noticiarios matutinos y se centra bastante en un reemplazo de figuras que hubo en uno de los dos programas mayoritarios. Si bien tiene muchísimo para relatar, lo cierto es que no veo que dure muchas temporadas. Incluso, su primera temporada bien podría haber sido autoconclusiva. Los subtextos llegaron y se entendieron: el movimiento #MeToo merece un debate serio que yo creo que ya comenzó en nuestro país una vez que sucedió lo que siempre sucede en nuestro país, todo se lleva a extremos risibles pero no necesariamente irrazonables. Porque las víctimas merecen una audiencia si es eso lo que quieren. Y también merecen no ser llamadas víctimas si no se sienten así. Y la sociedad merece juicios justos. Y cuando digo juicios justos también me refiero a juicios de valor. Porque la mayoría de las veces, los juzgados son los que quedan en el medio, y ahí es donde The Morning Show destaca. Muestra muy claramente las posiciones en las que quedan todos. El culpable de acoso que se cree víctima porque nunca le dijeron que lo que hacía estaba mal. La víctima que se siente culpable de haber dejado que algo sucediera sin abrir la boca, propiciando que el mal comportamiento se propague. Y los del medio que sabían o intuían que algo no era del todo correcto, pero callaban por falta de una explosión que iniciara todo y en ese silencio terminan convirtiéndose en cómplices o facilitadores de acuerdo al nivel de conocimiento.

Antes de salir a la luz, The Morning Show pasó por varios showrunners. Suena a que producir y emitir algo así fue complicado. El miedo a que movimientos feministas los destrozaran se cuela en el guion, incluso en algo que es casi un destrozo de la cuarta pared. Pero la serie se niega a ser tibia. Todos terminan aceptando –y digo todos– qué es lo que está mal. Algunos luego de un debate interno. Como siempre en la vida el grueso de la discusión pasa por cómo resolverlo. Y ahí estamos, de momento, en ascuas.

En un chat que tengo con el director y editor de la revista le dije: “qué papelón que es el piloto de The Morning Show. Realmente, un guion torpísimo para ese primer capítulo donde el único que quedaba bien parado era el personaje de Billy Crudup. El resto, exagerado. Toda la carne al asador para demostrar que hay un presupuesto enorme”.

Pero solo fue el piloto. Los otros nueve capítulos dan una lección que merece ser aprendida con ganas.