Detective Pikachu: un viaje guiado a la infancia

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La franquicia de Pokémon es una de aquellas que sin duda no para de crecer, abarcando cada vez más generaciones. Detective Pikachu, aunque fundado sobre las bases de una industria en pleno crecimiento, decidió apostar al núcleo de su fama: los fans nacidos en los 80 y principios de los 90.

Fui a ver Detective Pikachu con un escepticismo proverbial. Eso suele provocar que las películas me resulten todavía peor de lo que en realidad son, pero es un buen indicio saber que salí muy conforme del espectáculo, y desde ya que sumamente sorprendida.

Como estudiante de guion, enamorada del cine y también gamer, viví toda mi vida en presencia de películas que intentaron adaptar el mundo de los videojuegos sin lograrlo, haciendo un intento pésimo en esa trayectoria. Quizá encontremos algunas ligeras excepciones pero en líneas generales, a mi parecer nunca hubo una obra cinematográfica que lograra adaptar correctamente un video juego. Esto se puede haber dado por múltiples razones, puede ser la producción, el guion, la dirección, el presupuesto, el formato… sin embargo, tengo la sospecha de que el motivo principal es la falta de costumbre sumada al poco entendimiento que hay del universo de los videojuegos. La mayoría tiene una historia con comienzo, nudo y desenlace, como cualquier estructura dramática clásica. Pero debemos aprender a ver más allá de la regla, el videojuego aporta una experiencia más tridimensional y hace mucho tiempo ya que desafía la cuarta pared que tanto trabajo le lleva al cine. Con esto no quiero decir que haya que ser un mago para adaptar videojuegos a películas, pero sí creo que la persona que los haya experimentado desde su corazón, tiene media batalla ganada. Desconozco si Rob Letterman y la larga lista de escritores de esta película tenían esa conexión, pero al menos estoy segura de que supieron a quién preguntarle.

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La película cuenta con tres pilares fundamentales que cubren la historia casi a la perfección y por esto resultó ser un éxito. En primera instancia, puso en un lugar prioritario a las personas que vivieron un contacto empático de su infancia con Pokémon, las referencias de la época, los chistes y las facetas de presentación de los pokémons demuestra que, a la larga, esta película estuvo pensada para que nos agarremos la cara una y otra vez en una mezcla de ternura y nostalgia. En segunda instancia, la construcción de la trama despega desde la creación de un universo de base idéntico al de los juegos y la serie: el mundo está lleno de pokémons, esos son los “animales” y las “mascotas” de ese mundo, también existen las competencias y las pokebolas para atraparlos; sin embargo, gradualmente se van ajustando algunos tornillos de la historia que la vuelven más verosímil para su formato cinematográfico, eliminando cuestiones un poco más tiradas de los pelos como la existencia del Equipo Rocket (mal que nos pese), lo aparentemente legal de esclavizar a los pokémons para luchar y la injerencia de la ambición humana en esa fórmula. Todas estas características permiten que de forma lenta nos vayamos adaptando a la idea de ver un producto que siempre fue perfecto para el mundo animado y de repente tenga mucho sentido en el actuado. En tercera instancia, el manejo del humor de la película es brillante, los chistes se van formulando de a capas y la mayoría transita el límite perfecto entre poder ser disfrutado tanto por un adulto como por un chico, la estructura no se excede ni se limita, volviendo a la película realmente disfrutable con una sonrisa en la cara la mayor parte del tiempo.

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Obviamente no todo puede ser perfecto y la peli cuenta con sus pequeños defectos. Es notorio cómo se demoran tanto en iniciar la trama sustancial haciendo que la primera mitad de la película los personajes den demasiadas vueltas hasta comenzar sus verdaderos asuntos. Si bien es lógico que necesitemos una construcción de personaje, tal vez la urgencia no se maneja con tanta flexibilidad como para justificar el lento despegue. Otra cuestión que creo que contribuye a este defecto es el hecho de lo similar de sus personajes al inicio, en donde todos se comportan frenéticos y confundidos, volviendo un poco tensos sus arcos y difíciles de diferenciar. De la misma forma, es posible que las actuaciones de Smith (Tim) y Newton (Lucy) no sean de las más fluidas para nuestras expectativas, con esto no digo que sean malos actores, pero probablemente aterrizaron en estos papeles de manera incorrecta y resulta difícil sentir identificación real del actor con su personaje, en muchas oportunidades haciéndolos ver acartonados y poco creíbles en cuanto a la emoción que están transitando. Ryan Reynolds, por si no lo sospechaban ya, pilotea con habilidad y sólo con su voz el resto de la película, salvando los momentos o hasta incluso haciendo más reales esos “acartonamientos”. El final, por su parte, confunde un poco ya que tiene muchos rasgos predecibles pero con notas de sorpresa inesperadas que contribuyen a que no sea un desenlace malo, pero que deje la sensación de que le faltó algo.

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Independientemente de todo esto, la película plantea por debajo de la superficie de acción de detectives una subtrama que nunca falla: la relación de un padre con su hijo. Acaso esta fórmula nunca deje de funcionar, porque será para todos nosotros el tema reinante por el resto de nuestras existencias, a menos que el modo de vida de una familia cambie abruptamente para otras generaciones. Esta cuestión está muy bien tratada en la peli, y saca lo mejor de los actores y del desarrollo emocional que tal vez nos haga piantar a nosotros también un lagrimón.

Por todo lo demás la película lleva un ritmo agradable y hasta se toma su tiempo para hacernos disfrutar de ciertos paisajes estéticos y relajantes que me sorprendieron gratamente, como si quien lo hubiera pensado de alguna forma quiso insertar un poco de poesía en medio… a la larga, alguien captó la esencia de un mundo lleno de belleza natural y animalitos tiernos que instintivamente protegen y cuidan. También, a nota personal, aplaudo que supieran explotar la magia delirante de un personaje tan divertido como Psyduck, quizá no tan reconocido como Pikachu, pero sin duda el eje de las mejores escenas cómicas de la película.

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En síntesis, quizá esta sea la película bisagra para el mundo de los videojuegos, es un rayo de esperanza y la guía fundamental de todos quienes, en el futuro, piensen en adaptar juegos como estos a películas. Más allá de ver que es una alegría que se haya llegado a tanto, también es el puntapié para unir mundos que ofrezcan una mirada más artística de algo que siempre se vio sólo como un producto.

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