Mentira la verdad, sobre The Staircase y el docu-thriller

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Hace mucho que venimos vendiendo humo con el nuevo especial de la revista. No es que estemos mintiendo, cada vez que les decimos que va a salir lo hacemos creyendo que es así, lejos está de nuestra intención generar una falsa expectativa. La cuestión es que en ese especial, allá atrás y hace un tiempo, escribí una nota muy extensa sobre un fenómeno que en ese entonces estaba en auge y que hoy está en su esplendor: el thriller documental o docu-thriller.

Estoy casi seguro que no hay mucho desarrollo teórico al respecto o que, de haberlo, este debe ser bastante escueto, porque busqué por todos lados y no pude encontrar demasiado. Todo esto hace que la materia sea terreno fértil para decir cualquier cosa, incluso mi propia teoría al respecto.

Siendo un verdadero obsesionado de estas temáticas que giran en torno a misterios sin resolver y causas judiciales, debo decir que veo al docu-thriller y su explosión como una continuación del trabajo realizado por la crónica policial en su momento y luego los noticieros. Al mismo tiempo, un elemento de relevancia para el tratamiento audiovisual es la suerte de conjunción entre el digital y la inmediatez de la producción audiovisual actual que vuelve mucho más accesible el seguimiento de casos conmocionantes y el acopio del registro. Finalmente, la tercera pata se presenta en la puesta en disputa de la verdad como institución; en este sentido, las películas buscan incidir de forma directa sobre los casos policiales que retratan. Se pasa entonces de un registro de lo “real” a una suerte de anticipación de los hechos y una construcción propia e hipotética de la realidad. Ya no son documentales sobre casos sino casos documentales.

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Sobre este último punto me gustaría detenerme un poco. En varios artículos de esta revista mencioné o comenté cómo en nuestros días las nociones de “Verdad” y “Realidad” no son más que conceptos dinámicos, puestos en disputa a partir de discursos sostenidos por diferentes relaciones de poder. Si alguno quiere comprender un poco mejor esto, recomiendo el inicio de este artículo, también publicado en la revista, relativo al trabajo sobre la construcción de la verdad que hace Clint Eastwood en Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima.

Retomando un poco, en línea con esta explosión del género descripta, se estrenó hace unas semanas The Staircase en Netflix. No es casual que sea el monopolio rojo el que recibiera esta producción para su servicio de streaming. Casi desde sus inicios la plataforma ha fomentado el desarrollo de los thrillers documentales, son a esta altura especialistas en recoger y fomentar estas producciones. Al boom de Making a Murderer en 2016 le siguieron The Keepers, Worm Wood, Wild Wild Country y Evil Genius; por fuera de las series documentales están los largometrajes Amanda Knox, Betting On Zero y Tickled. Es más, hasta hicieron una cosa maravillosa llevando el género al falso documental con esa gran serie que es American Vandal.

La premisa en The Staircase no es muy novedosa, pero lo más interesante del género es que, a diferencia de otro tipo de relatos, no necesita serlo. Lo que importa aquí no es lo novedoso que sea el seteo inicial de la historia, sino más bien los personajes y los detalles del caso. Y en este caso particular, créanme, los personajes son maravillosos y los detalles de la cuestión parecen salidos de una aventura de Conan Doyle o Gastón Leroux.

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El documental recoge todo el drama de Michael Peterson y su familia luego del fallecimiento de su esposa Kathleen. Michael en aquella época era un veterano de Vietnam que había adquirido cierto prestigio local por una serie de novelas que recogían sus vivencias durante la guerra; Kathleen, por su parte, era una ejecutiva en una compañía de telecomunicaciones muy importante. Para todos sus amigos y conocidos eran una pareja ejemplar y una hermosa familia ensamblada.

La noche del 9 de diciembre de 2001 la Policía de Durham encontró a Kathleen muerta al lado de la escalera de su bella mansión luego de que Michael hiciera un desesperado llamado al 911. Todo lo que ocurrió de forma previa a este encuentro es el misterio que tiene como epicentro la trama de la serie. ¿Se cayó Kathleen por la escalera? ¿Michael la mató? ¿Eran una familia tan feliz como parecía? Serán la preguntas que The Staircase irá desarrollando a lo largo de sus 13 capítulos de forma magistral y con un registro tan intimista que logra captar momentos increíbles y muy personales de cada uno de los personajes.

Al igual que pasó con otras series documentales, su director, Jean-Xavier de Lestrade, siguió el caso prácticamente desde el inicio, registrando todo el proceso judicial y personal que atravesó esta familia a lo largo de dieciséis años.

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En un primer momento, Lestrade lanzó una primera versión de la serie. En 2004 una parte del material que registraba toda la primera etapa del juicio de Michael fue lanzada en forma de cuatro episodios para Canal+ y más tarde para la BBC y Sundance Channel. Con el paso del tiempo la historia fue dando ciertos vuelcos y Lestrade volvió a la carga para registrar todo el tortuoso camino que recorrió Michael Peterson ante la justicia norteamericana.

Entre los muchos puntos fuertes que presenta la serie hay dos que son fundamentales:

Por un lado, la construcción del relato policial es sumamente detallada y clara. De forma rápida Lestrade logra presentarnos los acontecimientos y los personajes con mucha maestría; por supuesto el realizador toma partida en el caso, desde el día uno sabemos que está apoyando la versión de Michael y el punto de vista que toma la serie sigue toda su estrategia judicial. Es posible que haya cierta sugestión o manipulación que genere una tendencia al momento de querer hacer algún juzgamiento sobre los hechos. Creo que de existir esto lo importante está en la honestidad del realizador que no oculta sus pretensiones en ningún momento. La historia se vuelve tan atrapante que logra sorprendernos en todos sus giros narrativos pese a que toda la información se encuentra a un googleo de distancia.

Finalmente, y con estrecho vínculo con lo anterior, está el registro del trabajo de la defensa de Michael. David Rudolf, su abogado, es uno de los mejores personajes que este tipo de relatos haya logrado mostrar. La forma en la que presenta sus estrategias y cómo piensa el proceso penal de su defendido son clases magistrales de litigación penal que cualquier estudiante de Derecho debería observar con anotador en mano.

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Top 5 de lo mejor del año seguro y en la lista de los mejores exponentes del género desde ya.

Como cierre me gustaría destacar que el flagelo de las causas armadas o fraguadas aparece de forma más habitual de lo que uno creería. Es probable que el lector de esta revista piense que estos casos estrambóticos pasan en otros países y pueden ser contados con los dedos de la mano. No es así, se sorprenderían de cómo funciona esto en la provincia de Buenos Aires con lo poco ajustado a derecho que es el desarrollo de las investigaciones en manos de las fuerzas de seguridad y el direccionamiento que estas hacen de las causas y los imputados, siendo dicho manejo convalidado en las múltiples instancias judiciales.

 

Para leer más sobre el tema y su situación en Argentina, les dejo a continuación algunos artículos de consulta.

https://www.lanacion.com.ar/2110267-inocentes-presos-la-desesperante-experiencia-de-una-condena-por-error

https://www.cels.org.ar/web/publicaciones/el-problema-de-las-causas-armadas-por-la-policia-y-el-poder-judicial-a-proposito-del-caso-carrera/

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