REVENGE: Subversión de género

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Si creemos que Revenge es una película más dentro del género rape-revenge (violación-venganza), estaríamos muy equivocados y le estaríamos faltando el respeto. Es muchísimo más que eso. Es posiblemente la excepción a la regla que se necesitaba dentro del mismo género y es una gran sorpresa en la esfera de los films que veremos este año. Es cinematográficamente arrolladora.

Analizando su estructura, la trama sí responde a lo esperado. En otras palabras, su funcionamiento (y el de esta clase de films), se desarrolla de la siguiente manera:

Acto l: El personaje femenino es violado brutalmente y dado por muerto.

Acto ll: El personaje sobrevive y se recupera físicamente.

Acto lll: El personaje busca venganza y/o mata a su(s) violador(es).

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Hemos visto esta historia una y mil veces desde las míticas I Spit on Your Grave (1978) y The Last House on The Left (1972) (con sus innecesarias remakes y secuelas), además de las incontables películas donde el argumento gira en base a lo mismo, con más o menos elementos similares. En este caso, la joven Jen busca vengarse de las atrocidades que le infringieron su amante Richard y sus dos socios en una casa situada en medio de un desierto, alejada de toda ayuda posible.

Sin embargo, ese no es el punto, sino solamente el marco del puntapié inicial.

Su directora, Coralie Fargeat, rompe con la hegemonía masculina histórica dentro del género y afronta la escritura y dirección de la que es su opera prima, haciéndolo con un estilo impresionante, agregándole un subtexto pocas veces visto en películas de esta clase y apostando fuertemente por un abandono progresivo del realismo en pos de reflejar la brutalidad de los hechos. La conjunción entre la puesta en escena, las actuaciones, el diseño de sonido, la fotografía y el montaje generan un combo muy potente y acertado.

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La destreza que demuestra en el manejo de los elementos es fantástica. La precisión de los diálogos genera situaciones igual de perturbadoras y violentas que las plasmadas físicamente. También nos permite presenciar momentos de sutilezas muy bien trabajadas por su peso dramático y simbólico, utilizando el macro como herramienta visual, el sonido en primer plano, y apelando a distintos elementos metafóricos para hablarnos de lo que está en juego a cada momento.

Los aros de la protagonista en forma de estrella rosada, en consonancia con el tipo de personaje que creemos estar viendo (una modelo rubia vestida de rosa con aspiraciones a triunfar en Los Ángeles); una manzana mordida presente entre estos tres hombres, simbolizando el fruto prohibido; un extreme close-up de uno de ellos, masticando asquerosamente a la hora de decidir si se une a la violación; las gotas de sangre que suenan como bombas que caen en un campo de batalla; el ruido de la televisión que acalla los gritos de lo que realmente está sucediendo; el agua y lo subterráneo como espacio para enterrar culpas y evidencias; el fuego y las cenizas como símbolo de resurrección; la penetración como acción física presente en la venganza, etc. Todo esto, acompañado de momentos de mucha brutalidad donde la sangre inunda la pantalla, con el agregado de posiblemente una de las mejores escenas gore de los últimos años.

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Es imposible no mencionar las proezas fotográficas que posee esta cinta. Una paleta que desde el inicio nos muestra los tres colores fundamentales que van a destacar a lo largo del relato: el celeste, el naranja (sí, la famosa combinación teal & orange) y el rosa. Con el verde, el amarillo y los marrones como aliados secundarios, el manejo de los colores y los tonos generan una propuesta muy atractiva y una coherencia estética muy sólida. Cabe destacar que el contexto en el que se desarrolla sirve como fundamentación y como base para trabajar todo esto. En pleno desierto marroquí, el suelo maneja tonos terracota que contrastan muy bien con los cielos color celeste profundo. Y acá es donde aparece algo esencial en el tratamiento visual: el uso del contraste y la saturación, ambos en niveles elevados. Son sus armas principales y es una combinación que apoya el grado de intensidad y tensión de los sucesos. Todos los colores suelen estar en su estado más vivo, más furioso.

Sin embargo, es en el tercer color mencionado en el que sucede una muy interesante transición. Partimos de un tono rosado chicle, que acompaña el estado inicial de Jen (bien al estilo Lolita), que luego se verá reemplazado por el rojo de la sangre, yendo así de la mano de la evolución del personaje, su situación y sus intenciones.

REVENGE

Se podría decir que la fotografía de la película es la resultante del cruce entre el trabajo de John Seale en Mad Max: Fury Road (2015) y el estilo de Benoît Debie, conocido por ser el director de fotografía detrás de los films de Gaspar Noé. Y ya que menciono a Noé, nobleza obliga, hay que destacar ciertos puntos de contacto, desde elementos similares a Irreversible (2002), pasando por algunas influencias estilísticas, hasta incluso la elección de que el título de la película abarque prácticamente toda la pantalla con letras enormes en amarillo chillón.

Otras conexiones que uno podría citar son las similitudes de Jen con el personaje de Beatrix Kiddo, en Kill Bill (2003), y no es dato menor que la directora haya reconocido en el trabajo de Tarantino una de las referencias más importantes para el estilo visual de su película (los galones y galones de sangre así lo confirman).

Sin más que agregar, los invito a sumergirse en esta gran obra no apta para estómagos sensibles.

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