Análisis: El Árbol de la Vida

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Uno de los aspectos aparentemente más inmutables dentro de una narración suele ser el tener un relato con un conflicto definido y un protagonista que sigue un objetivo claro, ya sea salir vivo de una situación (que sería denominado como un conflicto con el entorno), sobrevivir a luchas internas consigo mismo (llamado un conflicto interno) o simplemente cargarse a los malos (un conflicto con el otro). Algunos pueden ser más comunes que otros, pero lo verdaderamente raro de ver es una historia sin un conflicto marcado, que aparentemente no tenga un objetivo para el protagonista ni un conflicto marcado, esto es lo que hace especial a El árbol de la vida.

Lo primero que hace Malick es presentar brevemente a los protagonistas principales, los integrantes de la familia O’Brien, luego introduce el tema del que trata la cinta (la vida y la muerte) involucrando el fallecimiento de uno de los miembros de la familia y, a través de una secuencia de imágenes donde vemos la creación de la Tierra, el nacimiento de la vida, la lucha por la supervivencia y más. Malick afianza así el tema del que habla la película y nos da la pauta de que esto lo aborda en un nivel más general, el centro de la cuestión no es el caso puntual de esta familia que vimos al comienzo, sino que la familia es solo un medio o un ejemplo de un aspecto mucho más abarcativo del cual habla la cinta.

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Por esto mismo es que la película está repleta de muchas situaciones condensadas en breves momentos, casi no hay elementos que se mantengan desarrollándose de principio a fin en lo que se nos muestra. Pero hay algo que la salva de ser simplemente un rejunte de situaciones o micro-secuencias, y es que casi todos estos momentos tienen un peso similar y están puestos así en la película en función de una misma cosa: son momentos que, en mayor o menor medida, marcan la vida de uno, este rejunte de situaciones que aparentemente no tienen una relación causal existen en función de retratar lo que es la vida y la muerte, por esto es que se nos muestran un conjunto de situaciones que asociamos universalmente con cosas positivas y negativas. Hay choques entre los hijos y su severo padre, pero sin embargo esto no está planteado como un conflicto, ya que no hay una búsqueda marcada por solucionar o cambiar esto de ninguna de las 2 partes. Una buena representación de esto es cuando uno de los hijos se encuentra aislado en el ático junto a un hombre de apariencia casi gigante que lo acompaña y vigila, pero este personaje que no aparece más que en esta escena, ya que no está ahí físicamente, sino que probablemente ese hombre represente una manifestación de la opresión que constantemente ejerce el padre hacia su familia, pero lo importante no es la resolución de esto sino el efecto que tiene sobre los protagonistas.

No hace falta que esos momentos sean grandes o generen un cambio radical en el personaje, sino que las pequeñas cosas son las verdaderas protagonistas, las primeras en la vida, las que dejan una marca, como por ejemplo el primer contacto con la muerte, con la maldad, con la rebeldía, la presión social, en definitiva todas las pequeñas frases y situaciones que nos forman, que nos hacen acercarnos y alejarnos de las otras personas, todo lo que nos hace ser quien somos y más es lo que retrata la película.

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A continuación SPOILERS de El árbol de la vida y 2001: Odisea del espacio.

Por esta narración y por la temática, la cinta podría verse como una cruza entre Boyhood y 2001: Odisea del espacio, de hecho en algunas secuencias se nota la influencia de 2001 por la forma de retratar a la naturaleza y los ambientes creados. Pero sin ser una historia planteada de manera tan general como sucede en 2001 y sin llegar a ser tan puntual como sucede con Boyhood. Comparable a esta última por el paso del tiempo y el desarrollo de una persona como tal a través de una gran cantidad de experiencias personales vividas, en El árbol de la vida y en Boyhood vemos el pasado y también el futuro, causa y efecto. A pesar de que El árbol de la vida le dé un toque religioso, ésta y 2001 acaban con un final que muchos no supieron cómo interpretar y que contiene un significado más cercano a lo existencialista. Mientras que en 2001 Dave trascendía a una forma de vida superior a través de la intervención semi-divina de una fuerza mayor, en El árbol de la vida vemos a la familia O’brien reunida en un lugar donde conviven el pasado y el presente, donde el joven padre se encuentra con su hijo fallecido y con una versión adulta de su otro hijo, en lo que se podría interpretar fácilmente como un cielo o purgatorio, un lugar de reencuentro por fuera de lo terrenal. Pero a pesar de tener una carga religiosa notoria, la película termina siendo un desglose de cómo nos formamos las personas más que una bajada de línea religiosa.

Este manejo de la historia (que de haber sido otro probablemente hubiera sido muy difícil de lograr un resultado similar), sumado a una buena dirección donde se evita caer en la burda revelación de información a través del dialogo, da como resultado una predominancia por la narración a través de los elementos visuales producto de las actuaciones y la dirección misma. Las situaciones tan comunes y universales que se plantean, las cuales la gran mayoría de las personas hemos vivido de una forma u otra en algún punto de nuestra vida, sumado a cómo los personajes expresan (o dejan de expresar) lo que sienten, acaba resultando en una identificación del espectador con lo que le sucede a los personajes y viendo lo que Malick muestra reflejado en las propias experiencias. Todo esto apoyado por el trabajo del ‘Chivo’ Lubezki, da un resultado excelente y muy particular, con una exploración de la narrativa que ojala se viera más seguido y sobretodo recomendable para cuando se quiera ve algo un poco distinto a lo acostumbrado y que salga de la narración clásica, que a veces tanto hace falta.

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