Recap: Vinyl S01E07 “The King and I”

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Todo sigue siendo un poco extraño en este nuevo capítulo de Vinyl. La serie sigue sin tener una estructura o rumbo claro. Las líneas argumentales van girando, escasamente vinculadas entre sí y sin un criterio determinado.

Más allá de lo confuso del andar de nuestro Richie Finestra, “The King and I” es un muy buen episodio. Al igual que en el capítulo de la semana  pasada, el problema está en lo macro, en las decisiones generales a nivel creativo del programa que redundan en una serie irregular, más allá de episodios destacables.

El relato comienza donde nos quedamos la semana pasada. Luego de llegar a un extremo, Richie decide calmarse y estabilizarse. Basta de excesos (bueno por lo menos esa es su idea inicial).

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Andrea continúa con el lavado de cara de la Oficina, Clark es enviado a su nuevo trabajo de maestranza, mientras que Jamie crece laboralmente y desafía los mandatos familiares de niña rica.

Richie, ya un poco más centrado, se disculpa con Zak pero este no le cree. Tal es la desconfianza de su ex mano derecha que decide acompañar a Finestra en su viaje para intentar fichar a una nueva estrella para “American Century”: Nada más y nada menos que… ELVIS. Sí, el mismísimo Rey.

Richie viaja con una cuantiosa suma de dinero, a los fines de poder seducir al semi-retirado y en decadencia Elvis. Zak tiene miedo que nuestro protagonista se esnife el último capital de la empresa así que lo acompaña a modo de custodia. Richie entonces decide emprender una misión para recuperar a su amigo y alivianar las tensiones que le han generado su adicción.

Lo que sigue del episodio podría denominarse “Las aventuras de Zak y Richie en Las Vegas”, todo el capítulo tiene como objetivo contar como los roles van invirtiéndose, a tal punto que Finestra termina siendo el más centrado de los personajes, ¿Será tan así de verdad?.

Richie intenta relajar a Zak, conocen dos chicas, las llevan de paseo, van al casino y nuestro protagonista gana unos billetes – número clave acá: 18 –. Concentrado en su objetivo, fichar a Elvis y recuperar su vida profesional y familiar, Richie deja la cocaína, no sin antes sumergir al querido Zak en ese mundillo.

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Como vemos los roles se intercambian y quien va a cuidar termina siendo el cuidado. Acá hay un punto importante a destacar, si bien la situación explicada livianamente puede resultar trillada y cliché, hay algo en el vínculo que desarrollan Carnavale y Romano que vuelve todo muy creíble. El trabajo de ambos actores realmente está por encima del nivel general del programa, y esto no se repite sólo con ellos, sino también con el resto del elenco, lo cual vuelve todo un poco más inexplicable ¿Por qué tantos actores, en tan buen nivel, son desaprovechados con una trama irregular? Es realmente una lástima.

Como decía, Carnavale y Romano están tan bien entre los dos que las situaciones mantienen el interés y se vuelven creíbles.

No tiene mucho más sentido relatar cosas que el lector va a descubrir cuando vea el episodio, sólo remarcar dos secuencias muy interesantes:

  • La primera, lo que sucede cuando Zak, las chicas, y Richie van al recital del rey – Sobre todo presten atención a lo que ocurre cuando regresan a la habitación -.

-La segunda, el esperado encuentro entre Richie y Elvis.

En este punto prefiero detenerme un poco. Acá se recupera algo un poco dejado de lado por la serie en los episodios anteriores que básicamente tiene que ver con introducir mitos del mundo de la música y representarlos.

Conocida es la extraña relación de dependencia que suele mencionarse entre Elvis y el Coronel Parker, su manager. La forma en la que Vinyl – o Scorsese y Jagger quizá – eligen para retratar a Elvis es muy especial y particular, ni hablar de la gran interpretación que hace el popular imitador del Rey, Shawn Wayne Klush.

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El final no lo vamos a spoilear, pero de nuevo, Carnavale siempre está muy bien.

Sí ya sé, ustedes se preguntarán lo mismo que yo: ¿y los flashbacks? ¿Y los detectives? ¿Y Devon? ¿Y candela? ¿Y la moto? Bien gracias.

Sí hay algo confuso de la trama policial que aparece en el capítulo, muy escueto y medio inexplicable como para que no nos olvidemos de que será un problema recuperado a posteriori, pero nada más.

Como sostenía inicialmente, tanto este episodio como Cyclone, han sido de lo mejor de la temporada de Vinyl, el problema es que quedan desdibujados en una serie que no termina de encontrar un rumbo y una coherencia propia.

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