Cine de pueblo: una historia itinerante

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Cuando estás enamorada, querés hablar de eso que te enamora todo el tiempo; te dan ganas de contárselo al mundo entero, porque sentís la necesidad de que el resto disfrute de esa maravilla también.

Eso me está pasando últimamente con el cine nacional; en especial con este cine joven y nuevo que empecé a descubrir hace algunos años, ese que se está construyendo a partir de unas hermosas óperas primas que, estoy segura, van a seguir aportando a una mirada innovadora y cargada de emociones.

Eso es lo que más me gusta. Es un cine que emociona.

Empecé a ver Cine de pueblo: una historia itinerante algo distraída, como casi todo lo que hago por estos días, entre pandemia e hiperconexión a redes y terminé viéndome a mí misma con la cabeza apoyada en las manos, como una niña que va por primera vez al cine, mirando la pantalla, enamorada de lo que me proyectaba.

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No sé si fue José Martínez Suárez, protagonista de este documental, si fue el encanto del pueblo santafesino, Villa Cañás, al que regresa para proyectar películas y ayudar a la escuela de su infancia, si fue la complicidad de quienes participaron de ese viaje, las escenas de sus películas que todavía no he explorado o acaso el cariño de Sebastián Hermida, director de la película y alumno de este gran maestro.

A pesar de no conocer a Martínez Suárez, Cine de pueblo se encarga de mostrarlo por completo, desde su parte más humana, emocionado al recordar su niñez, siendo esta una niñez distinta a la que se encuentra ahora con lxs alumnxs de su colegio; hasta su destreza para dirigir y contar historias a través de sus propias películas, sus ficciones.

Este es un documental intimista, pero de una intimidad comunitaria. El protagonista nunca está solo frente a la cámara, sino en compañía, rodeado de colegas, alumnos de cine, vecinxs conocidxs y no tanto, niñas de su localidad que hoy juegan a ser periodistas y quedan prendadas de su charla.

Las escenas de la entrevista de las chicas del colegio son maravillosas. La brecha generacional es enorme y se nota la distancia en el lenguaje; no obstante, logra achicarse gracias a la honestidad con la que él responde. En ningún momento es condescendiente y eso es lo que lo hace grandioso y cercano a la vez. Juega el juego por completo, responde tal como si estuviera en un programa “serio” de TV, a pesar de estar frente a alumnas de primaria. Cada una de sus respuestas es una lección y cada anécdota, casi un corto que podría ser filmado.

En un momento, contesta cuáles son las características más importantes para unx directorx de cine, a lo que responde con la trilogía de: salud, paciencia e inteligencia; lo que me recordó que hace poco escuché a Sebastián De Caro decir que en el cine no hay genialidad como en la música, por el carácter técnico y calculado que tiene el proceso de hacer una película. Como no soy cineasta, sino solo cinéfila, no puedo afirmar o negar eso pero sí puedo detectar cuando hay amor y pasión en lo que cuenta alguien a través de una película y, evidentemente, José Martínez Suárez lo tenía y entiendo que pudo transmitirlo a su alumno, Sebastián Hermida, porque esta es una película en la que flota el amor por todos lados.

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Hay cariño de parte del alumno a su maestro, del maestro al alumno y a sus colegas. Hay amor de un adulto mayor a su pueblo, a sus recuerdos relatados con mirada cinematográfica, como aquella de la última vez que vio a su padre. Hay amor del pueblo a una figura que se hizo famosa e hizo famoso a ese lugar que todavía mantiene su encanto. Amor al cine, a la experiencia de sentarse en comunidad frente a una pantalla gigante y aplaudir al final.

En tiempos en los que la industria del cine nacional ha estado paralizada durante meses, celebro que se hayan estrenado películas en plena pandemia, que se repongan otras que han recorrido festivales y puedan estar hoy a nuestro alcance, con la esperanza de que podamos volver a esa experiencia casi onírica de la sala a oscuras (sin ruido a pocholos y olor a nachos) y ampliemos las fronteras a través del streaming, agradeciendo a quienes relatan historias con una cámara y mucho amor.