Berlinale: Un comienzo a toda pantalla

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Puntual, el 7 de febrero comenzó el Festival Internacional de Cine de Berlín en su edición 69, con glamour, alfombra roja y todo lo que debe tener un evento de esta categoría.

Potsdamer Platz, la zona más moderna de la ciudad, es el centro neurálgico del evento, el lugar donde se sitúan el centro de prensa y las salas de exhibición de los films de la competencia oficial, la competencia de cortos y la exhibición de la Berlinale Especial.

Para quienes estamos trabajando en la prensa, la atención es inmejorable, sala de comunicación informática de primer nivel, comunicación por internet con un cañón de alta velocidad y una innumerable cantidad de información impresa. La sala de conferencias de prensa y toma de fotografías es amplía y preparada para estos fines. Y sobre todo: se respetan los horarios, por lo menos en las proyecciones especiales para la prensa. Las salas de exhibición de esta área principal del festival, se encuentran a cien metros una de otra, y todas a pocos metros del Centro de Prensa son muy grandes, pese a lo cual, en las exhibiciones en las que estuvimos presentes, las salas estaban colmadas de periodistas de todo el mundo. Berlinale es una Babel.

La cantidad de exhibiciones diarias es muy importante, dado que entre las distintas categorías se presentan muchísimas películas, y hay público para todas.

Abrió el Festival en la categoría Competición oficial, The Kindness of Strangers, una co-producción danesa- canadiense que lleva la firma de Lone Scherfig. Es una comedia dramática que intenta hablar de la solidaridad. El título podrá traducirse como “La amabilidad de los extraños”. Una mujer huye de su casa a Nueva York, con sus dos hijos. El marido, policía él, la maltrata. Terminan viviendo en la calle. Reciben ayuda de una enfermera y de gente relacionada con un restaurante ruso. Si la crónica resulta confusa, lo es porque el guión es poco verosímil. Por supuesto, no falta el ingrediente romántico. El elenco es encabezado por Zoe Kazan, Andrea Riseborough y  Tahar Rahim, hace lo que puede. El film tiene todos los elementos que una producción de Hollywood debe tener, música de violines incluida.

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Gully Boy es la película de India que se presentó en la sección Berlinale Special. Está dirigida por Zoya Akhtar, directora de la que muy poco o nada conocemos, pero que ya tiene en su haber varios largometrajes. Gully Boy cuenta la historia de dos raperos de Bombay. Pobreza, marginación y promiscuidad ofrecen el marco perfecto para esta música nada convencional. El entorno podría ser el de cualquier ciudad de Latinoamérica. Akhtar encara su relato es sumamente interesante, los hechos se van sucediendo a veces de forma inesperada, sin una exacta relación de causa y efecto. Buena película.

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