Han Cine: 5° Festival de Cine Coreano: las más recomendadas

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Terminó la quinta edición del Festival Han de Cine Coreano y una vez más la cinematografía de Corea del Sur demuestra estar a la par en calidad y variedad con respecto al cine de Hollywood. Incluso me atrevería a decir que la película coreana promedio que “se disfruta pero no es nada especial” es mucho mejor que su equivalente norteamericana. En cuanto a la variedad, el cine coreano tiene un agregado interesante que no se ve tanto en Hollywood, que tiene que ver con arriesgar en lo que concierne al tono y el género del film, mezclando elementos del drama, thriller, comedia o romance de maneras inesperadas y poco comunes en comparación con el cine de otros países.

Esta edición nos trajo once películas, de las cuales pude ver nueve. Cinco de ellas estarán cubiertas aquí, siendo las que más disfrute y recomiendo. Sin embargo, de esas nueve, solo una fue realmente decepcionante y aburrida, con varios elementos que parecieron no funcionar. El resto fueron todas disfrutables en mayor o menor medida. Pasemos a las cinco mejores películas que nos trajo el festival.

Como siempre, en orden de prioridad.

  1. Gonjiam Haunted Asylum, 2018 (Gonjiam Hospital Maldito)

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Gonjiam es una película de terror, por si no quedó claro con el título, que se acomoda de una manera bastante interesante al subgénero “found footage”, sumando elementos tecnológicos relacionados con Internet, que también se estuvieron viendo en el terror occidental reciente (Unfriended, Friend Request).

Gonjiam es un asilo abandonado real en Corea que carga con muchas leyendas sobre lo que sucedió allí y por qué fue abandonado. En el film, el anfitrión de un canal de YouTube dedicado al terror decide reclutar a un grupo de gente para ir al lugar y tratar de capturar elementos sobrenaturales. Toda su expedición va a ser transmitida en vivo y, según las estimaciones del dueño del canal, deberían alcanzar el millón de visitas simultáneas si todo sale bien.

Lo más sorprendente del film es la atención puesta en hacer creíble la expedición y los elementos que la componen. Al llegar al lugar, colocan una carpa desde donde se hará la transmisión e instalan cámaras dentro del asilo el día anterior a ingresar para tener más puntos de captura. También cada miembro del equipo tiene una cámara “GoPro” para su rostro y otra para su punto de vista, montadas de manera fija a su cuerpo, y para completar dos personas llevan cámaras de video para grabar mejor al grupo. Tanta cobertura justificada y la excusa del anfitrión en la carpa transmitiendo en vivo hacen que esa sensación de “por qué siguen grabando” que surge en muchas películas de terror de este tipo no exista.

Las actuaciones son muy buenas, teniendo en cuenta que vemos las cara de los personajes muy de cerca constantemente, los sustos son efectivos (en particular uno hacia el final) y el suspenso se mantiene, ya que por bastante tiempo no sabemos si lo que sucede es real o no debido a que parte del equipo, incluido el anfitrión, están creando situaciones falsas para obtener las visitas. Como es de esperarse, los personajes no son nada especial, pero tampoco son insoportables o toman malas decisiones en forma constante. Es la única película de las cinco que tendrá estreno comercial en Argentina en noviembre.

 

  1. Little Forest, 2018 (Mi pequeño bosque)

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Hye-won vuelve a la casa de su infancia en una zona rural luego de fastidiarse con la vida en la ciudad y abandonar su trabajo. En esa casa vivía con su madre, quien la abandonó cuando era chica sin que Hye-won entendiese mucho por qué. En el tiempo que pasará allí, juntándose con sus viejos amigos y cocinando algunas de las recetas que le enseñó su madre, descubrirá mucho de sí misma. Su intención inicial es quedarse unos días pero terminará siendo por mucho más tiempo.

Kim Tae-ri, más conocida por su reciente papel en The Handmaiden, de Park Chan-wook, es la protagonista en esta cálida comedia dirigida por la directora Yim Soon-rye. También podríamos incluirla en el género “gastronómico”, si es que existe, porque la cantidad de comida que nuestra protagonista prepara es bastante y tiene demasiada pinta, tanto es así que es un desafío no salir con un poco de hambre. La película se concentra en las interacciones entre los personajes, más que nada entre la protagonista, su amiga Eun-sook y su amigo Jae-ha. La comida no está allí simplemente para que uno quiera saltar a la pantalla y comérsela, sino que cumple un papel importante en el pasado de Hye-won y también en su presente, ya que es su forma de relacionarse con la tierra y la naturaleza, razón por la cual se siente tan apegada y cómoda en su casa de la infancia.

El film recorre distintas estaciones del año, cada una con un tratamiento específico, que aporta mucho a meterse en el universo del film, el cual es cálido y acogedor sin importar la estación. Además de los lógicos aspectos visuales que trae cada época del año, también está la comida que depende de las condiciones climáticas al ser elaborada en su mayoría con recursos cosechados por la propia protagonista.

Es una película simple y chiquita que logra situarnos en un tiempo y lugar al que seguramente vamos a querer pertenecer, aunque sea por un rato.

 

  1. The Outlaws, 2017 (Fuera de la ley)

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Basada en hechos reales, Fuera de la ley muestra un conflicto entre bandas criminales chino-coreanas que sucedió en el 2007 y cómo la policía, bastante involucrada con esas bandas, resolvió y logró calmar la situación. Yoon Kye-sang interpreta a Jang Chen, líder de la banda chino-coreana, responsable de hacer explotar el conflicto y que se mueve siempre con sus dos mejores hombres para reclamar territorio de otras bandas sin importar quién se les ponga delante. Ma Dong-seok, conocido por su rol en Train to Busan, toma el papel de Ma Seok-do, un policía que mantiene la paz entre las bandas, involucrándose cuando hay un conflicto y resolviendo todo lo que se ponga complicado con un par de piñas o una buena cachetada. Con lo enorme que es y las manos que tiene, difícilmente haya una diferencia.

Las películas de acción con elementos de comedia y policiales son una especialidad en el cine coreano y Fuera de la ley no es la excepción. Las escenas de acción están bien construidas, sobre todo la pelea final, y tienen una cuota de fuerza bruta que las hace más brutales pero menos vistosas. El personaje protagonista interpretado por Ma Dong-seok es carismático e intimidante y funciona muy bien en la química con sus otros actores de soporte dentro de la fuerza policial. Lo más destacable siempre de estas películas es la energía con la que se encara la actuación (aunque uno podría decir eso de todo el cine coreano, quizás la industria con mejores actores y actrices en el mundo). El cine coreano tiene una forma de mostrar la violencia que es difícil de explicar por qué, pero básicamente se hace muy entretenida de ver sin quitarle la cuota de realidad que necesita para hacerla relevante.

Fuera de la ley no inventa nada nuevo pero tampoco lo necesita, se mantiene a base del carisma de sus actores y lo entretenido de su acción.

 

  1. A Taxi Driver, 2017 (A Taxi Driver: los héroes de Gwangju)

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A Taxi Driver cuenta la historia basada en hechos reales de un taxista de Seúl, durante la dictadura surcoreana en los años 80 y el levantamiento de Gwangju, donde los ciudadanos coreanos de dicho pueblo se opusieron a la dictadura y fueron masacrados por el gobierno. Nuestro protagonista, interpretado por el siempre brillante Song Kang-ho, es un taxista al que no le importa mucho lo que sucede a su alrededor –las protestas y manifestaciones populares son un incordio– y solo le importa cuidar de su preciado taxi y su hija. Escuchando una conversación ajena, logra robarle un viaje a otro taxista que debía llevar a un extranjero al pueblo de Gwangju, donde todavía nadie sabía bien qué pasaba. Este extranjero es el periodista alemán Jürgen Hinzpeter que, armado sólo con su cámara, pretende revelar al mundo lo que sucede en realidad en Gwangju.

Es difícil encontrar en películas asiáticas actores occidentales que no desentonen o simplemente estén a la par del resto del elenco, pero en A Taxi Driver la química entre Song Kang-ho y Thomas Kretschmann (El Pianista, King Kong), quien interpreta al periodista, es notable. Ambos pasan todo el film sin entender sus respectivos idiomas –el reportero habla inglés, idioma que el taxista entiende y habla a duras penas– pero logran generar un vínculo que crece en forma paulatina hasta desembocar en un material de archivo del verdadero Hinzpeter, con el que es difícil no emocionarse. El resto del film está narrado de manera bien clásica con tintes melodramáticos, algo recurrente en el cine coreano, pero funciona incluso cuando entra en terreno un poco inverosímil sobre el final.

Más allá de todo, siempre es un placer ver actuar a Song Kang-ho, que eleva a cualquier personaje que interprete y, en este caso, marca una evolución bien definida que recorre la comedia y el drama en variados niveles de intensidad.

 

  1. The World of Us, 2016 (Nuestro mundo)

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Nuestro mundo es una película producida, entre varios otros, por el reconocido autor Lee Chang-dong y dirigida por la directora Yoon Ga-eun. Quizás la película del festival más alejada del cine de género, seguida de Little Forest, dirigida casualmente por otra mujer, narra la historia de la pequeña Sun de diez años y su lucha por encontrar un lugar en la sociedad escolar donde todos la mantienen excluida. Es la última en ser elegida para jugar al “quemado” en clase de gimnasia y no tiene en verdad ninguna chica a la que pueda llamar amiga. En las vacaciones de verano conocerá a Jia, con quien formará un vínculo especial que no estará privado de las complicaciones sociales –Jia viene de una familia con mucho dinero mientras que Sun es más bien de clase media–, familiares y personales, sobre todo a partir del ingreso de Jia al colegio.

La película hace un excelente trabajo en transpolar esos conflictos tan presentes en todas nuestras infancias y llevarlos a tierra, de tal manera que presenciarlos no solo nos transporta a esos tiempos sino que nos hace comprender la gravedad y la importancia que tienen dichos conflictos para los niños y niñas de esa edad que alguna vez fuimos. El trabajo actoral de las pequeñas actrices es superlativo, con una naturalidad que solo es posible gracias a la excelente directora detrás de la cámara. La película está filmada en digital (según imdb) pero tiene texturas y un grano reminiscente al fílmico, también está acompañada por una agradable fotografía que captura esa sensación de verano en la niñez exitosamente y con una puesta de cámara simple pero efectiva que nunca interfiere con las actuaciones. Estos aspectos dejan ver un poco de la influencia del realizador Lee Chang-dong pero nunca opacan la marca autoral de la directora Yoon Ga-eun.

Con un final que no provee respuestas fáciles a la resolución de los conflictos presentados, Nuestro mundo fue la película que más disfruté en esta edición por un amplio margen. Sin embargo, el festival en su totalidad supo tener un muy buen nivel, como lo tuvieron los dos años anteriores, y ya quiero que sea noviembre del año que viene para sumergirme de nuevo en este magnífico cine de Corea del Sur.

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