EL CINE QUE NO VIMOS #4

Una columna dedicada a redescubrir esas películas que con el paso del tiempo fueron quedando debajo del radar, y también aquellas menospreciadas al momento de su estreno, pero que hoy nos toca revalorizar por diferentes motivos.

Este cuarto capítulo incluye un agradecimiento a Javier Diz, mi consejero cinéfilo de confianza, y responsable de haberme hecho entrar al mundo del realizador Bill Forsyth. Un viaje de ida que recomiendo mucho. También aprovecho el espacio para recordarles a todos que Richard Franklin hizo una secuela más que divertida de Psicosis, y que la actuación de Barbara Hershey en The Entity merece más reconocimiento del que tiene. Por ahí anda también el mítico Jack Hill con un clásico indiscutido de las denominadas midnight movies, y la ópera prima del gran Peter Lorre durante su regreso a Alemania.

The Entity

Año: 1982 Dirección: Sidney J. Furie Producción: Harold Schneider Guion: Frank De Felitta País: Estados Unidos Duración: 125 minutos

Barbara Hershey interpreta a una madre soltera que, de manera inesperada, empieza a ser atacada y abusada sexualmente por parte de una entidad fantasmal en reiteradas ocasiones. Está basada en un famoso caso real de una mujer que aseguraba ser víctima de un acosador invisible, y que luego se convirtió en objeto de estudio para los investigadores paranormales. La puesta en escena que conforman los planos del director Sidney J. Furie y la música de Charles Bernstein la convierten en un exponente atípico dentro del género, aunque también es destacable el tratamiento del personaje respecto al conflicto psicológico que atraviesa (por momentos se siente más como un drama feminista). Se nota grosso modo que fue una fuente de inspiración para la obra de James Wan.

The Lost One

Año: 1951 Dirección: Peter Lorre Producción: Arnold Pressburger Guion: Peter Lorre, Benno Vigny, Axel Eggebrecht, Helmut Käutner País: Alemania Occidental Duración: 98 minutos

Peter Lorre incursiona, por primera y única vez, como director y guionista en este relato posguerra, estructurado según la fórmula del noir (ese protagonista que relata los sucesos que lo arrastraron hasta el presente), y con ciertos ecos del expresionismo alemán. La historia sigue a un médico que trabaja en un campo de refugiados y que, después de un tiempo, se reencuentra con un colega nazi, quien despierta en él sus secretos más turbios. El rostro abatido de Lorre hace avanzar una trama densa sobre la culpa y la impunidad. Al momento de su estreno tuvo que enfrentar la indiferencia de un público que buscaba alejarse de cualquier historia vinculada al nazismo, por lo que fue condenada al olvido, hasta que con los años pudo gozar de un mayor reconocimiento.

Comfort and Joy

Año: 1984 Dirección: Bill Forsyth Producción: Davina Belling, Clive Parsons Guion: Bill Forsyth País: Escocia Duración: 106 minutos

Las películas de Bill Forsyth son prácticamente impredecibles. Su trayecto narrativo se desenvuelve a contramano de los mecanismos que podemos reconocer en una producción de lo más convencional, definiendo a este escocés como responsable de algunos de los trabajos más originales que podamos apreciar. En este caso, un conductor radial que es abandonado por su pareja comienza a sentirse deprimido y desmotivado, hasta que de manera accidental se encuentra envuelto en una batalla de mafiosos por controlar la distribución de helados en Glasgow. Una de las principales virtudes de Forsyth se encuentra en la capacidad creativa para convertir esta premisa delirante en una propuesta atractiva. La comedia absurda y el drama introspectivo convergen de principio a fin con un criterio sólido.

Spider Baby: or, the Maddest Story Ever Told

Año: 1967 Dirección: Jack Hill Producción: Paul Monka, Gil Lasky Guion: Jack Hill País: Estados Unidos Duración: 80 minutos

Jack Hill (definido por Quentin Tarantino como el Howard Hawks del exploitation film) deja una marca indeleble en la escuela del bajo presupuesto (la misma que comandaba Roger Corman) con este particular engendro que encuentra su punto justo entre lo retorcido de Gordon Lewis y lo campy de Ed Wood. El legendario Lon Chaney Jr. personifica al cuidador de unos hermanos con tendencias homicidas que quedaron huérfanos y viven aislados en una casona de las afueras. Pero cuando unos familiares lejanos los visitan para adueñarse de la propiedad, comienzan a sucederse una serie de situaciones que revelan la verdadera naturaleza de sus habitantes. Un título bisagra para el terror americano, dado que conecta con el panorama salvaje que se avecinaba de la mano de Wes Craven y Tobe Hooper.

Psycho II

Año: 1983 Dirección: Richard Franklin Producción: Hilton A. Green, Bernard Schwartz Guion: Tom Holland País: Estados Unidos Duración: 113 minutos

Contra todo pronóstico, la secuela del clásico de Alfred Hitchcock resulta ser una experiencia sumamente ingeniosa. Esta continuación nos presenta a un Norman Bates rehabilitado (la excelente actuación de Anthony Perkins consigue que el espectador empatice con el personaje durante toda la película) que, tras abandonar su hospedaje en el manicomio, decide regresar a su mansión para comenzar una nueva vida. El australiano Richard Franklin se pone a tono con los tiempos del slasher (en especial, la técnica trillada de mostrar los crímenes desde la perspectiva del asesino), pero montando una sucesión de sospechas que van retorciendo la narrativa, para finalmente revelarnos unos giros argumentales que modifican toda la historia original. Infravalorada como pocas.