Solo para sus ojos: los espías en la historia (del cine)

*Artículos publicados originalmente en los números 10, 11, 12 y 13 de la Revista 24 Cuadros

Cuando se hace referencia al cine de espías, es casi imposible que no aparezca en nuestra mente la imagen del agente secreto británico que ostenta el número 007, pero el género ha tenido montones de exponentes que, pese a no ser tan conocidos, han dejado su huella en el celuloide.

El primer espía

Es uno de los grandes anónimos de la historia del cine, tanto que ni siquiera se recuerda el nombre del actor que lo interpreta. En un cortometraje fechado entre 1900 y 1902 (tan incierto es el origen de nuestro héroe), propiedad de la American Mutoscope & Biograph Co. y de apenas 32 segundos de duración, podemos apreciar al primer espía de la historia del cine. Es una lástima que su gloria sea tan efímera, dado que el film, al llamarse Ejecución de un espía nos muestra como tan notable personaje es fusilado por las fuerzas del ejército enemigo. Con tan poco material expuesto, es obvio que no puede hablarse de cine de género, pero debemos recordar que, aunque sea por el título del cortometraje, este personaje tiene el honor de haber sido el primero.

Sentando las bases: la dupla Lang – von Harbou

Para comenzar a hablar del género en sí mismo debemos avanzar hasta el año 1928, época en que el director austro-húngaro Fritz Lang dirige la película SPIONE (Fritz Lang, 1928), cuyo título traducido al castellano significa ESPÍA. Surgida de la pluma de su entonces esposa Thea von Harbou, este filme sienta las bases de lo que será el género en un futuro no muy lejano.

A pesar de esta afirmación, esta cinta es tal vez la menos conocida por el público actual y la más criticada de toda la filmografía de Lang por los estudiosos, justamente porque a muchos críticos les parece muy superficial; fue el mismo director quien en respuesta a los ataques que se le hicieron en su época dijo: “En este film solo hay sensación pura”. La película presenta un ritmo y transmite una serie de emociones al espectador que más de una película moderna debería envidiar. La primera secuencia es memorable, y presenta toda una serie de elementos que luego serán usados hasta el hartazgo por otros directores que incursionaron en el género convirtiéndolos, de esta forma, en clichés. Luego de una leyenda que reza “En el mundo ocurren hechos extraños”, unas manos anónimas, enfundadas en guantes de látex, roban unos documentos secretos de dentro de una caja fuerte; el ladrón escapa triunfante arriba de una moto, unas antenas de radio transmiten la noticia; mientras viaja en su automóvil, el Ministro de Comercio es asesinado y otros documentos son sustraídos, al mismo tiempo la prensa se pregunta qué es lo que hace el gobierno, los funcionarios se ven superados por la situación, un informante a punto de revelar la identidad del cerebro encargado de planear los atentados es eliminado un segundo antes de lograr su cometido. Toda esta secuencia está realizada con tomas cortas, de mucho movimiento interno, montaje preciso y vertiginoso, y está acompañada de una música que aumenta y potencia el frenesí de la imagen.

Los padres de un estilo

Si bien no puedo certificarlo, es imposible no suponer que los guionistas de las películas de James Bond no hayan visto este film. Es notable cómo sin saberlo Thea von Harbou y Fritz Lang desarrollaron en este guión, casi paso a paso, la fórmula responsable del éxito que obtendría el agente 007 treinta y cuatro años después, y se convirtieron en los padres de un estilo para contar este tipo de historias que se impuso sobre todo en la década del 60. Terminada la secuencia inicial, harán su aparición en escena el héroe por parte de las fuerzas del orden y el villano por parte de las fuerzas del mal; sin duda alguna los referentes tanto de James Bond y de Erntz Stavro Blofeld en particular, como de todos los agentes secretos y enemigos del orden de las películas de espías en general.

El protagonista conocido bajo el número secreto de agente 326, tendrá a su disposición los primeros artefactos secretos o gadgets de la historia del cine; y su antagonista, llamado Haghi, será el líder de una organización cuyo fin es sembrar el terror para enriquecerse hasta límites insospechados. Ambos personajes serán además los primeros en ostentar las características que años después desarrollarán sus descendientes. El smoking, las armas, la sensualidad, el sentido del deber, la astucia y el arrojo, serán el esqueleto principal del agente 326; mientras que una guarida gigantesca, el acceso a grandes cantidades de dinero, las ansias de poder, la traición, la megalomanía y una serie interminable de esbirros leales englobarán a Haghi. Durante el desarrollo del filme, jugarán al gato y al ratón para lograr vencer a su oponente.

Entre tanto vértigo también hay lugar para el romance, donde la femme fatale, Sonya Baranilkowa, secuaz de Haghi, caerá bajo los encantos de 326 y se cambiará de bando, por amor, ayudando a derrotar a su antiguo jefe.

Este filme de Lang, a pesar de ser uno de los menos conocidos, si tenemos en cuenta otros como Metrópolis (Fritz Lang, 1927), La Mujer en la Luna (Fritz Lang, 1929) o el Dr. Mabuse (Fritz Lang, 1922), indudablemente ha marcado un camino dentro la historia del cine tanto como aquellos, sentando las bases de un género que hizo y seguirá haciendo las delicias de los espectadores.

El peligro tiene cara de mujer

En los años 1935 y 1936 el director Alfred Hitchcock dirige dos filmes que continúan sentando las bases de este género e introducen conceptos que a lo largo de los años posteriores terminarán convirtiéndose en clichés. Me refiero a Los 39 escalones y El agente secreto respectivamente.

Los 39 escalones comienza en un teatro de variedades en Londres, donde el espectáculo del momento es el Sr. Memoria, un hombre que puede aprender alrededor de cincuenta cosas por día y no olvidarlas nunca más. El show en cuestión se trata de que el público realice preguntas al artista y este responda sin ningún problema sorprendiendo a todos. Una banda musical toca una tonada pegadiza y el memorioso hace su aparición luego de ser presentado por el animador. En medio de burlas y faltas de respeto al artista, el protagonista del film, Richard Hannay, hará un par de preguntas que serán respondidas sin problemas. Un par de disparos al aire logran romper el clima de comicidad reinante y todos los presentes huyen del teatro. En medio de la estampida, una mujer que luego se presentará como Annabella Smith, solicitará ayuda a Richard que, al igual que un caballero andante, la llevará a la seguridad de su hogar. A partir de este encuentro “casual” el protagonista se verá implicado en una trama de espionaje convirtiéndose en uno de los elementos narrativos que el género utilizará hasta el cansancio, el de “héroe por la fuerza”, es decir, si quiere sobrevivir no le queda más opción que luchar contra las fuerzas que alteran el orden y tratar de restablecerlo. Annabella, oficiando de informadora para el público de la película, introduce otro concepto que se popularizará dentro del género, me refiero al McGuffin.

Me permito abrir un paréntesis en el análisis para explicar el significado de este término. Según el autor Ken Mogg, en su libro The Alfred Hitchcock Story (Ediciones UK, 1999) el concepto de McGuffin fue creado por Angus MacPhail, guionista y amigo del propio Hitchcock, y luego fue popularizado por éste. En una entrevista realizada por Francois Truffaut en 1966, el director responde a la pregunta ¿qué es un McGuffin? de la siguiente manera: “Es probable que se trate de un nombre escocés, tomado de una historia de dos hombres que viajan en un tren. El primero pregunta: ¿Qué es esa valija que lleva en el portaequipajes allí arriba? A lo que el otro responde: Es un McGuffin. El primero insiste: ¿Y qué cosa es un McGuffin? El segundo contesta: Es un aparato para atrapar leones en las Tierras Altas de Escocia. – Pero no hay leones en las Tierras Altas de Escocia. – Entonces ese paquete no es un McGuffin. – Como puede usted ver, McGuffin no es nada de nada.” Con esta historia cómica, Hitchcock nos habla de un elemento que no es nada en particular, pero que sirve para generar suspenso en el espectador y llevar la trama hacia adelante. “En el policial pueden ser las joyas robadas, y en el cine de espías los documentos secretos” remata el director. Cierro paréntesis.

Anabella revelará al espectador, a través de una conversación con Richard, que trabaja como agente encubierta del gobierno inglés y se topó con dos agentes extranjeros en el teatro; para no ser eliminada, hizo esos disparos que asustaron a todos y le permitieron escapar. Aquí se está sembrando un hecho muy importante que será relegado al olvido dentro de la trama de suspenso, pero que quedará en el inconsciente del espectador y se recuperará hacia el final del film: ¿qué hacían esos dos agentes enemigos en el teatro? El McGuffin en cuestión está compuesto de dos elementos mencionados por Annabella en su charla, los 39 escalones y “unos planos relativos a la defensa aérea de Inglaterra”. También sabremos por boca de la mujer que el líder de los agentes enemigos tiene una particularidad que lo hace reconocible, le falta una falange del dedo meñique, y será el encargado de sacar los documentos del país. No habrá más explicaciones debido a dos razones internas de la trama: no quiere implicar más a Richard y será asesinada de una puñalada en la espalda antes de poder contar más. Aparte del ya explicado con anterioridad, en esta secuencia aparecen otros componentes narrativos que serán reutilizados por el género: los líderes de las fuerzas que alteran el orden siempre tienen alguna deformidad física que los hace reconocibles y la muerte prematura del mensajero. A partir de este punto, Richard se verá inmerso en una vorágine donde deberá demostrar que no asesinó a Anabella y vencer a los espías enemigos. Perseguido por las autoridades locales y por los agentes de la potencia extranjera, Richard se las arreglará para llevar a cabo esas dos tareas. En medio de esta peripecia, aparecerá otro concepto que será utilizado dentro del género, para garantizar su seguridad Richard secuestrará a una mujer, Pamela, que logrará escapar en primera instancia y denunciarlo a las supuestas autoridades, que no son otra cosa que los agentes enemigos encubiertos; luego de descubrir su error ayudará al protagonista en su huida y terminarán enamorándose. Durante el escape, Richard silbará una tonada pegajosa, que no es otra que la tocada por la banda del teatro de variedades, eso le dará la pista final. Perseguido por la policía, nuestro héroe y su compañera regresarán al teatro a interpelar al Sr. Memoria, quien al verse descubierto con la pregunta “¿qué son los 39 escalones?” será eliminado por el líder de los agentes enemigos. Los 39 escalones es una organización de espías que se dedica a robar documentos secretos y pasarlos a una potencia extranjera. La policía, que ingresó al teatro en busca del fugitivo, dará cuenta de los espías y el orden será restablecido. En esta secuencia se responde la pregunta hecha con anterioridad ¿qué hacían esos dos agentes enemigos en el teatro?, pasaban la información al Sr. Memoria que la aprendía en pocos minutos y la sacaba del país gracias a su don, depositando sus conocimientos a los gobiernos extranjeros.

A pesar del tiempo transcurrido, la película se mantiene vigente gracias al correcto uso de los elementos narrativos que dan vida al género, junto a una sólida estructura cíclica que cierra el film en el mismo lugar donde había empezado de una manera natural y bien justificada.

Identidad desconocida

El agente secreto es un filme mucho menos complejo que el anterior, que sin apartarse del género está trabajado en tono de comedia. La película transcurre durante la Primera Guerra Mundial, y los protagonistas serán enviados a Suiza para eliminar a un agente alemán. Durante la peripecia de la película, puede apreciarse que los agentes ingleses son algo ingenuos, equivocan sus pesquisas e incluso eliminan a un inocente creyéndolo el espía enemigo; estos personajes encaminan sus actos más por casualidades que causalidades, pero finalmente lograrán su cometido. Lo interesante del filme son los elementos narrativos que introduce en el género; el primero es la falsa muerte del protagonista. Edgar Brodie, un conocido novelista y soldado inglés, ha muerto; sus amigos y camaradas lo velan y despiden sus restos; inmediatamente después se ve que el cajón está vacío. Brodie dejará de ser quien es para asumir una nueva identidad; Richard Ashenden, el segundo es el nombre del Jefe del Servicio Secreto Británico, manteniéndose siempre en el anonimato será conocido nada más que por la letra “R”. El tercero es la relación amorosa con su partenaire femenina Elsa Carrington, que más allá del enamoramiento de turno, llevará al protagonista a renunciar al Servicio Secreto para contraer matrimonio, si el lector ha leído la novela o visto la nueva versión de Casino Royale, sabrá de qué estoy hablando. Otro concepto que introduce está a cargo del compañero de Ashenden, apodado El General, representa al agente secreto mujeriego e inescrupuloso que no siente remordimientos al momento de quitar una vida con tal de lograr su cometido.

Un último elemento no menos importante que los anteriores es el encuentro final con el agente enemigo a bordo de un tren, utilizado hasta el cansancio por los distintos autores del género. Esta película, a pesar de ser más simple y directa que la anterior, tampoco deja de sorprender al espectador por la cantidad de conceptos que introduce en el género casi treinta años antes de su apogeo.

Marcando el camino

En mayo de 1963 se estrenaba en Estados Unidos la primera película del agente secreto 007, basada en la de novela de Ian Flemming, bajo el escueto título de Dr. No (Terence Youg, 1962). Dado el relativo éxito del film, recaudó seis veces su costo, los productores pensaron en adaptar a la pantalla grande otra historia del mismo personaje, fue así que un año después se estrenaba From Russia with Love (Terence Young, 1963), con un costo del doble que su antecesora, y ganando cinco veces esa cifra. Fue por ese motivo que para la navidad de 1964 llegó a la pantalla grande Goldfinger (Guy Hamilton, 1964), la tercera película del que sería el agente secreto por excelencia de toda la historia del cine; costando tres veces más que Dr. No, recaudó solamente en Estados Unidos ocho veces más que la cifra invertida; mientras que con las exposiciones efectuadas alrededor del mundo se recaudó casi cuarenta y dos veces lo gastado en su realización. A partir del éxito de esta película surgió el siguiente efecto: James Bond había venido para quedarse, y todos los estudios cinematográficos decidieron explotar el género. Fue así que montones de agentes secretos vieron la luz, pero al no tener la magia y el carisma de Bond, pronto cayeron en las tinieblas.

Ayúdanos, Flint, eres nuestra única esperanza

Derek Flint, interpretado por James Coburn, es un agente secreto que se ha retirado de la vida alocada para dedicarse al cultivo del cuerpo y de la mente. Solo la alteración del bien común y el peligro para toda la humanidad lo harán volver al servicio activo a lo largo de dos entregas, Our man Flint (Daniel Mann, 1966) y In like Flint (Gordon Douglas, 1967).

Cabe destacar que se hicieron tantos esfuerzos por dejar en claro que este agente secreto era mucho mejor que James Bond, una especie de 007 en superlativo, que terminó resultando casi una parodia del mismo. A pesar de ello, dejó su marca en la historia del género y a la fecha sus películas han alcanzado el rango de cine de culto, siendo muy codiciadas por los aficionados.

Flint Vs. Bond

  1. Si a Bond no se le resistía ninguna mujer, Flint no solo las conquistaba, sino que además las llevaba a vivir con él, teniendo en su casa un harén particular, eso sí, siempre tratándolas con respeto, consideración y dejando que se realicen como personas alcanzando tanto una apariencia hermosa como el éxito profesional.
  2. Si Bond luchaba contra un enemigo de distinta nacionalidad en cada película, Flint debía enfrentarlos a todos juntos en una sola entrega.
  3. Si Bond era el agente estrella del Servicio Secreto Británico, Flint era el requerido por todas las Naciones del Mundo, siendo reclutado por Z.O.W.I.E (Zonal Organization of World Intelligence Espionage), algo así como Organización Zonal de Inteligencia y Espionaje Mundial.
  4. Si Bond sabía judo, Flint dominaba todas las artes marciales existentes, además de técnicas de concentración y relajación.
  5. Si Bond usaba toda clase de instrumentos fantásticos proporcionados por Q, Flint no sólo rechazará todos ellos, sino que portará solamente un encendedor de su autoría, con 82 usos; 83 si se tiene en cuenta encender cigarros.
  6. Si Bond era un hombre instruido en diversos temas, Flint lo sabe casi todo sobre casi todo, prácticamente no hay conocimiento que se le escape.
  7. Por último, si bien Bond sacaba de quicio a sus jefes, encabezados por M, siempre estuvo bajo sus órdenes. Flint no solo hará lo mismo con los suyos, sino que además estará enteramente a cargo de la misión.

Aunque luego de ver esta comparación entre ambos agentes, cualquier aficionado al género, que no conozca a Derek Flint, lo desestimará por completo; la primera película tuvo una buena acogida entre el público y cumple con el objetivo propuesto. Si en un principio se pensó que algún agente secreto podría llegar a hacerle sombra a James Bond, sin duda alguna ese fue Derek Flint. Lamentablemente la segunda película no alcanzó los objetivos esperados y Flint pasó a ser historia. En el año 1976 se intentó rescatar al personaje con una serie de televisión, siendo elegido para el papel principal el actor Ray Danton, pero solamente se llegó a hacer el piloto Dead on target quedando definitivamente sellada la carrera de este agente secreto.

Pero no todo fue en vano, de Our Man Flint puede rescatarse que los realizadores de 007 tomarían dos ideas para futuras entregas; la pistola de oro de Scaramanga en The Man with the Golden Gun (Guy Hamilton, 1974) estaba compuesta por distintos elementos, entre ellos un encendedor de oro muy parecido al que utilizara Flint; y el plan de destrucción del mundo y creación de una nueva humanidad llevado a cabo por la organización Galaxy servirá de inspiración a Hugo Drax el villano de Moonraker (Lewis Gilbert, 1979), película que solamente conserva el nombre de la novela de Ian Flemming, siendo sus argumentos totalmente distintos.

Bulldog Drummond resguarda su inversión

Con un perfil más bajo que el anterior, este personaje también marcó su paso por el género. Mucho antes de que Bond naciera, el capitán Bulldog Drummond ya impartía justicia, creado por el novelista Herman Cyril McNeile en 1920, fue llevado varias veces a la pantalla grande, pero fue recién en la década del 60 que se lo aggiornó al estilo Bond en sus dos entregas, Deadlier than the male (Ralph Thomas,1967) y Some girls do (Ralph Thomas, 1969).

La influencia bondiana no se hace esperar y desde los primeros segundos de ambos filmes, nos damos cuenta de que más que intentar desbancar a 007, lo que se quiso hacer fue imitar una fórmula de éxito para lograr un producto que cumpliera con las expectativas de los estudios, es decir, recuperar con creces el dinero invertido. Si tenemos en cuenta que se hicieron intentos desesperados por diferenciar a Flint de Bond; en este caso se hizo todo lo contrario, siendo la única diferencia entre uno y otro que Drummond es un agente de seguros, el resto son todas similitudes. Tanto la música, como la estructura de los filmes nos remiten a Bond; hasta el actor elegido para el papel principal, Richard Johnson, tiene un leve aire a Sean Connery. Si no supiéramos que estamos viendo una historia de otro personaje, que investiga casos de fraudes millonarios a una aseguradora, podríamos afirmar que se trata del mismísimo 007. Tal vez fue por ese motivo que hoy en día no tengamos más aventuras de Bulldog Drummond, para ver una copia es mejor quedarse con el original. A pesar de ello, la primera entrega es un film sublime que atrapa al espectador desde principio a fin. Lo destacable es que si bien hay un megalómano de turno, cuya finalidad es enriquecerse por medio del fraude y del crimen, son las mujeres, sus secuaces, quienes llevan adelante la trama del film, siendo todos los personajes masculinos apenas unos engranajes dentro de la historia. Deadlier than the male, cuya traducción literal es Más letales que los hombres está encabezada por dos bellezas de la época, Elke Sommer y Sylva Koscina, dos mujeres que no dudarán en eliminar a quien se ponga frente a sus objetivos.

El cambio de formato

Diez años antes del estreno de Dr. No (1963) el éxito de las novelas del agente sector James Bond era un hecho. Este motivo llevó a los directivos de la Beaverbrook Newspapers, editores del periódico londinense Daily Express a contactarse con su creador, Ian Flemming, para proponerle el cambio de formato de sus novelas a tiras cómicas, que serían publicadas en la sección literaria del diario. Al principio Flemming se negó, dado que temía que sus historias se degradaran. Las negociaciones continuaron hasta que el director del Daily Express, Edward Pickering, le prometió a Flemming el derecho exclusivo de aceptar o rechazar cualquier trabajo; fue así que en el año 1957 con textos de Anthony Hearne y dibujos de John McLusky, aparecía el primer cambio de formato de la novela Casino Royale (1953).

No es solo otra cara bonita

Los directivos de la Beaverbrook Newspapers quedaron tan conformes con los resultados obtenidos por la publicación diaria de las tiras cómicas de James Bond, que en el año 1962 encargaron a Peter O´Donell la creación de un personaje que sirviera de contrapunto a 007 para publicarlo en otro de sus dirarios: el Evening Standard. Fue así que, con dibujos de Jim Holdaway, nació Modesty Blaise, mujer aventurera, atractiva e inteligente, que luego de llegar a las altas cimas de la delincuencia internacional da un giro a su vida y pasa a trabajar para el Servicio Secreto de su Majestad. Este personaje fue creado para competir y vencer dentro de un mundo destinado a los hombres. El éxito de las tiras cómicas no se hizo esperar, compitiendo cabeza a cabeza con las de su par masculino. Dos años más tarde, tal era el éxito alcanzado por el personaje que su autor escribiría una primera novela cuyo título era simplemente el nombre de la protagonista; a este primer libro le seguirían doce más.

Historia de un personaje

A fines de la Segunda Guerra Mundial, una niña de doce años escapa de un campo de concentración en Grecia y comienza la lucha por la sobre vivencia. Vaga sola por un tiempo, haciendo pequeños trabajos e incluso robando comida. Durante una estadía en un campo de refugiados defiende a un viejo, que había sido profesor antes de la guerra, y comienza una relación similar a la de un padre con su hija. Fue este hombre quien la bautizó Modesty. Al morir el viejo, Modesty elige como apellido Blaise, el mismo que usara el maestro del mago Merlín. Llega a la ciudad de Tánger donde comienza a trabajar en una banda de delincuentes dirigida por un hombre llamado Louche. Al morir éste, la mujer se hace cargo de la banda, tomando como mano derecha a Willie Garvin; juntos llevan su accionar hasta límites insospechados, logrando acumular una inmensa fortuna. Deciden retirarse de la vida fuera de la ley, repartiendo la red criminal entre los distintos jefes bajo su mando. Es así como Modesty se dedica a la vida tranquila, mientras que Willie Garvin abre un pub en las orillas del Támesis. Pero hay alguien que no desea que se desperdicien las aptitudes de ambas personas; Sir Gerald Tarrant, alto funcionario de la Inteligencia Británica, les propone trabajar para el Servicio Secreto de Su Majestad en misiones que comprometen la seguridad nacional. Tanto Modesty como Willie, hartos de una vida rutinaria, aceptan y pasan a engrosar las filas de los agentes secretos británicos.

Los sinsabores de una película

Hemos visto que luego del éxito obtenido por las primeras películas de James Bond, todos los estudios cinematográficos quisieron subirse al mismo tren y varios agentes secretos hicieron su aparición en la pantalla grande. Modesty Blaise no fue la excepción; para los productores cinematográficos, si un personaje pudo hacer frente a Bond en un formato como la tira diaria y salir airoso, entonces también podría lograrlo en el cine. A fines del año 1964, O’Donnell recibió una oferta de la British Lion Films para llevar su personaje al celuloide, con lo que escribió un guion cinematográfico. La empresa lo entregó al futuro director, Sidney Gilliat, quien lo consideró no apropiado y lo reescribió a su gusto. Fue entonces cuando los productores se deshicieron de Gilliat y encargaron una nueva re-re-escritura del guion a una autora italiana, dado que habían elegido como protagonista a la actriz italiana Mónica Vitti. Como el proyecto no avanzaba, la British Lion Films vendió los derechos a la 20th Century Fox que, como era de esperarse, decidió volver a re-re-re-escribir el guion para acomodarlo a su gusto, encargando esta tarea a Evan Jones, guionista de la película de terror The Damned (1963). Como usted debe suponer, estimado lector, a esta altura el guion final no tenía absolutamente nada que ver con la idea original de Peter O’Donnell. El creador de Modesty Blaise protestó e inició acciones legales contra la Fox, dado que el contrato estipulaba que “deben ser mantenidas las principales características de Modesty Blaise y Wille Garvin”; también es de suponer que los abogados de la productora cinematográfica tiraran por el piso cualquier intento de meter mano por parte de O’Donnell. El Evening Standard ofreció su ayuda al autor y sus abogados lograron que se pudieran eliminar un par de escenas, pero nada más. Finalmente el proyecto fue entregado al director Joseph Losey, quedando los papeles de Modesty y Willie en manos de la mencionada Mónica Vitti y del actor Terence Stamp.

El resultado final

El 4 de Julio de 1966 se estrena en los Estados Unidos el film que pretende desbancar definitivamente a James Bond, lleva por título el nombre del personaje principal, Modesty Blaise, los resultados fueron desastrosos. O’Donnell, frustrado, rechazó la invitación a la primera proyección y ni siquiera tuvo curiosidad de verlo hasta muchos años después que lo pasaron por televisión, por supuesto no le gustó. La película empieza con bastante altura, haciendo una correcta presentación del personaje principal, contraponiéndolo “contra el mejor agente secreto masculino”, en una clara alusión a James Bond, que muere en la primera secuencia; y allí terminan los aciertos de un guion que cae en el kitsch y el absurdo. Diálogos que no terminan de expresar bien una idea, actuaciones que resultan cómicas y poco convincentes, luces y colores psicodélicos, personajes mal definidos, cualquiera de los elementos narrativos que se quiera analizar está mal usado. Por otro lado la trama aburre y, como expresara antes, se aleja de la idea original de su creador. Ni siquiera la presencia de actores de la talla de Terence Stamp y Dirk Bogarde logra sostener una historia que no tiene ningún sentido. A pesar de todo esto, la película ha llegado a obtener el rango de film de culto y se tornó de visión obligatoria para los amantes del género, convirtiéndose en una figurita difícil entre los coleccionistas.

Otras apariciones

En el año 1982 se intentó reflotar al personaje con una serie para televisión pero, al igual que lo ocurrido con Derek Flint, no pasó del programa piloto.

En el año 2004 el personaje reaparece en la película My Name is Modesty: A Modesty Blaise Adventure del director Scott Spiegel y protagonizada por Alexandra Staden en el papel principal y un joven Nicolaj Coster-Waldau, el reconocido Jamie Lannister, en el papel de Miklos. Film mucho más acotado al personaje creado por O’Donnell, aunque aggiornado para los tiempos que corren, y que narra los comienzos de Modesty, desde pequeña hasta antes de encontrarse con Willie Garvin. A pesar de no ser tan conocida, esta película cumple con los objetivos propuestos y es una muy buena adaptación cinematográfica. El final abierto promete una continuación que, hasta el momento, nunca llegó.

Como en la vida real

Como ha ocurrido con casi todos los géneros cinematográficos, luego de una época de apogeo, que podemos situar entre las décadas de los 60 hasta mediados de los 80; seguido de un período de decadencia que duró hasta fines de los 90, donde no se pueden citar filmes de relevancia, salvo la parodia creada y protagonizada por Mike Myers, Austin Powers (1997) y dirigida por Jay Roach; llega un período de revisionismo. La vida atractiva y aventurera de los espías, llena de emociones y glamour se convertirá poco a poco en una actividad carente de seducción.

Como filmes de transición podemos citar a la trilogía de Jason Bourne, personaje inventado por el novelista Robert Ludlum e interpretado en la pantalla grande por el actor Matt Damon. A lo largo de las tres entregas tituladas The Bourne Identity (2002) dirigida por Doug Liman, The Bourne Supremacy (2004) y The Bourne Ultimatum (2007) ambas del director Paul Greengrass, seguiremos de cerca los esfuerzos de un agente de la C.I.A por descubrir su identidad perdida durante una operación y abandonar definitivamente los Servicios Secretos, mientras es perseguido por ex-amigos y enemigos por igual. Estos tres filmes, aunque con una cuota de aventura preponderante en la trama, proponen una mirada que acerca al espectador cada vez más a la realidad del espionaje, que dista mucho de lo propuesto durante la época de auge.

THE BOURNE IDENTITY, Matt Damon, 2002, © Universal

La película que refleja esta nueva óptica de forma brillante es Tinker, Tailor, Soldier, Spy (2011) de Tomas Alfredson, basada en la novela homónima del maestro del género John le Carré; liderada por el talentosísimo Gary Oldman quien se pone en la piel del agente del M.I.6, George Smiley, al que le es encargado descubrir la identidad de un traidor que pasa información a la K.G.B. durante la Guerra Fría. Oldman estará secundado por los grandes actores John Hurt, Toby Jones, Colin Firth y Benedict Cumberbach entre otros. El film se asemeja más a una investigación policial donde el protagonista no puede confiar ni en su propia sombra; la adrenalina no aumenta gracias a una trama de aventura, sino que lo hace debido a un excelente manejo de la tensión y la intriga que crecen a medida que Smiley descubre una nueva pista. Finalmente el éxito esperado tiene sabor amargo y la recompensa no logra tapar todo el sufrimiento que se ha desplegado a lo largo del film.

En el año 2014 la televisión británica saca al aire una serie de documentales llamados The secret of…, uno de ellos está dedicado al Servicio Secreto de Su Majestad. El material está dividido en bloques bien definidos que muestran de forma precisa la gestación del más famoso de los servicios de inteligencia, el sector de Inteligencia Militar número 6 más conocido como M.I.6. Desde su creación en 1909, pasando por el accionar durante las dos guerras mundiales y la Guerra Fría, hasta la época actual. Este documental narrará al espectador que la vida de los agentes secretos dista mucho de ser como propuesta en los filmes de James Bond, personaje que, curiosamente, fue el que puso al M.I.6 en el ojo del mundo.

Para mediar entre lo real y lo ficticio, ese mismo año también se emitió la miniserie Fleming: the man who would be Bond (Douglas Rae, Sarah Curtis, 2014), una versión libre de la vida de Ian Fleming, el escritor que dio vida al agente secreto más famoso de todos los tiempos, interpretado por el actor Dominic Cooper. La miniserie comienza en Jamaica, lugar donde Fleming se asentó en la finca Goldeneye, luego de su vida como agente de inteligencia británico, para crear y escribir doce novelas y nueve relatos cortos de su personaje emblemático, James Bond; a modo de flashback y a lo largo de cuatro episodios podremos ver cómo el escritor fue reclutado, entrenado y enviado a diversas misiones durante la Segunda Guerra Mundial.

Conclusión

Realidad o ficción, glamoroso o insípido, luego del revisionismo el género de espionaje está pasando por una época de nuevo apogeo, excelentes filmes que dosifican la iconografía y el humor de la época del esplendor junto a la narrativa moderna, como Kingsman: The Secret Service (2014) y Kingsman: The Golden Circle (2017), ambas de Matthew Vaughn; y una nueva entrega de James Bond, prevista para los próximos años, dan fe de ello.

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