Reseña: The OA, segunda temporada

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Habiendo visto, en su momento, la primera temporada de The OA, realicé una nota elogiosa para la Revista 24 Cuadros – Especial Series Volumen II – Número 32 / Año 11. Una temporada en que se contaba “una parte” de la vida de Prairie (OA): una joven ciega que llevaba años desaparecida y regresaba a casa con la vista intacta y un montón de secretos difíciles de desentrañar. Algunos de sus congéneres interpretaban esta reaparición como un milagro, mientras que otros individuos la creían un peligroso misterio del que había que precaverse.

Los intentos por averiguar en dónde había estado y qué le había pasado resultaban infructuosos, pero esto era sólo la punta del iceberg de una historia más intrincada.

¿Cuál era la “verdad” que preservaba OA (hasta contársela, más adelante, a los cinco elegidos: personas totalmente diferentes entre sí, pero que tenían en común, incluso con ella, sentirse fuera de lugar)?

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Esa “verdad” era que su desaparición no se había tratado de un simple rapto; que había algo divino en el asunto. Daba la impresión de que OA era portadora de una habilidad especial, un don para con los otros que ella elegía. Aunque Prairie tenía un solo objetivo: saber qué había sido de aquellas personas con las que había compartido su cautiverio y, sin proponerse ser una heroína, sentía enormes deseos de rescatarlas.

Como parte de esa búsqueda, OA le enseña a sus cinco elegidos, después de su regreso, una serie de movimientos que ha creado con sus antiguos compañeros, como una especie de rito que les permitiría “escapar”. Pero solo ella pudo huir de su antiguo estado de reclusión.

En esta nueva oportunidad, el grupo de sus “acólitos” utiliza estos movimientos, en una especie de coreografía, para enfrentar un momento desafiante en sus vidas. Resulta que, en su instituto de estudios, un alumno desquiciado entra en la cafetería, armado y disparando a quien se encuentra a su paso. Con esta maniobra de efectos hipnóticos, logran superar el hecho, pero Prairie no los acompaña en esa suerte. Advertida del peligro, por alguna especie de premonición, ha corrido intuitivamente hacia el lugar y ha terminado herida de muerte a causa de una bala perdida.

Y así terminó la primera temporada, con esa escena final que irrumpe con un hecho impactante que suspende el relato y deja a medias la trama, sacudiendo así la intriga en el espectador. En mi caso, el fin de la primera parte de la serie me dejó una sensación ambivalente.

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Por un lado, el enorme deseo de encontrarme con una segunda temporada, pero, por el otro, con enormes dudas respecto de aquello con lo que me iba a encontrar.

Qué me ofrecerían para superar la fascinación generada por la primera entrega y cómo le escaparían a la tentación de volver a caminar senderos conocidos que ya habían resultado exitosos y atractivos, por extraños e innovadores que hubieran sido. Caer en una reiteración de recursos, estrategias y situaciones le bajaría el precio a la serie e incluso a aquella sorprendente primera temporada.

Pero llegó la oportunidad de ver esa segunda entrega y la verdad es que fui gratamente sorprendido.

Con la aparición de un nuevo personaje, el detective privado Karim Washington, la segunda temporada nos reintroduce en el mundo de la serie y nos presenta una nueva dimensión en la que Prairie (OA) es una heredera rusa en buena posición (Nina Azarova), que comparte parcialmente su niñez de la otra dimensión, pero aquí no ha tenido el accidente que la dejó ciega. La otra novedad importante, en esta nueva dimensión, es la aparición de un extraño juego de móvil que embelesa a jóvenes adolescentes hacia una casa-puzle a los fines de resolver un peligroso dilema, pero guarda secretos que resultan un imán que atrae a los principales personajes, convirtiéndose en una especie de estrella con brillo propio en la trama de esta segunda parte.

Mientras tanto, en la primera dimensión, de la que OA se ha alejado, BBA, Angie y el resto de los chicos que la extrañan inician un viaje para intentar comprender la verdad sobre su historia y de los extraordinarios hechos que les había relatado sobre su reclutamiento.

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En este marco argumental, cada uno de los nuevos episodios resulta totalmente impredecible, formando parte de una temporada laberíntica, llena de nuevos acertijos y claves por dilucidar, con portales dimensionales activos, viajeras experimentadas que aparecen y desaparecen, robots que ejecutan la danza de los cinco movimientos en lugar de los humanos, y con un final extraordinario y original que nos dejará, en otra vuelta de esta atractiva rosca, con más preguntas que respuestas.

La serie mantiene elementos de géneros distintos, como la ciencia ficción, lo sobrenatural, y desarrolla temas que, a simple vista, no se podrían combinar con facilidad, pero que de una forma sorprendente la serie consigue entrelazar con buenos resultados.

Para aquellos que en su momento se engancharon intelectual y emocionalmente con la primera entrega y quedaron cautivados tanto con lo que cuenta como por lo que ha dejado en una zona de misterio, y que además intentaron involucrase y comprender (como les paso a los cinco elegidos) esa mezcla de hechos y acontecimientos increíbles vivenciados por Prairie y quedaron a la expectativa de cómo continuaba esa historia, la espera valió la pena. Quedaron atrás las ECM para dar lugar a la importancia de los sueños compartidos, nos encontramos con que OA, en su versión como Azarova, es una médium capaz de conectarse a una inteligencia primitiva y descubrimos que cada cuerpo alberga un mundo interior donde “florecen” las distintas dimensiones que ha explorado su conciencia.

Esta segunda temporada nos regresa con mayor impulso a esa lectura compleja de la realidad que nos viene ofreciendo OA, desde el vamos, con elementos religiosos, científicos y de múltiples universos, y personajes conocidos o por conocer, siempre interesantes.