Matar o morir: matarme y morirme, gracias

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Matar o morir es el básico título español de Peppermint, película que tiene como protagonista a Jennifer Garner en el papel de Riley North, madre y esposa que pierde a su familia en manos del mafioso Diego García (Juan Pablo Raba). Cinco años después del terrible suceso, y luego de prepararse incansablemente, buscará a los asesinos de su marido y su hija pequeña para cobrar venganza.

Si bien el complemento aclaratorio al título de esta nota es un poco exagerado, hace hincapié en lo poco tolerable que resultó esta película, siendo entre inverosímil y molesta, pasando por lo estúpida de algunas secuencias.

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El director no es otro que Pierre Morel, autor de la sobria Taken (2008) con Liam Neeson, y que dio lugar a otras películas del género soy-un-tipo-duro-y-le-rompo-la-cabeza-a-quien-quiero como John Wick (2014) o The Equalizer (2014). Acá, básicamente hace un film de acción y venganza cambiando al hombre por una mujer, tratando tal vez de subirse a una ola de empoderamiento femenino de la que se cae sin siquiera subirse a la tabla de surf. No hay en el personaje de Garner característica destacable que la diferencie de un hombre más allá del hecho de ser mujer, lo que la vuelve un monigote mal delineado, haciendo todo aquello que haría un hombre pero, por supuesto, siendo mujer. Caracterizar a las heroínas de acción como supermachos las vuelve efímeras. Incluso, hacia el final, Garner se atreve a una línea de diálogo tan ridícula que nos llena de vergüenza ajena: “pegas como niña”, le dice al jefe mafioso.

Otro elemento para destacar son algunas situaciones inverosímiles del relato en donde, con intención de realzar el drama, caen en extremos innecesarios. El ejemplo más destacable se ve cuando usan una pistola taser para calmar a North luego de enterarse de que su caso no irá a juicio por falta de pruebas. Pasó Pato Bullrich y dijo que se fueron un poco al carajo.

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Después está el cliché de los latinos con la cara tatuada que son los más malditos malos malosos del planeta, aprobados para ser eliminados por uno de los policías protagonistas que dice: “esa es la diferencia entre nosotros y ellos” (aludiendo a la dificultad de lidiar con el asesinato de una niña). Y, para cerrar, podríamos hacer alusión a la pésima ejecución de las escenas de acción y más aún las secuencias de disparos, donde no hay ningún tipo de tensión, ni siquiera la normal que encontramos en películas del género.

En síntesis, Peppermint es el intento de una película de acción distinta que termina siendo igual a cualquiera, y que presenta debilidades en muchos aspectos que no es necesario destacar porque tampoco nos vamos a dedicar a pegarle a todo lo que se nos ponga enfrente así como así. Es entretenida y mirable dentro del género, pero lamentablemente no es disfrutable ni tolerable.

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