Castle Rock: Stevie King greatest crossover

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Castle Rock es muchas cosas a la vez. Y, como suele suceder en estos casos, es muy poco de cada una de ellas.

Si ya en la publicidad se pone de manifiesto que la serie está basada en el universo Stephen King, ¿es válido esperar más que guiños? Es una pregunta que deberán contestar mejores mentes que la mía. Pero cuestiono la validez de la idea. Habría que ver a qué se llama hoy por hoy “creación de universo”. Hay un universo Star Wars, un universo Marvel, uno de DC, uno de Game of Thrones, uno de Tolkien, uno de Alien (y Depredador), de Harry Potter, de Rápido y Furioso y hasta de Lego.

O bien hay un autor único, un cerebro maestro que tejió ese universo, como suele suceder con las sagas de fantasía, o una sucesión de guionistas, o escritores, que llevan una suerte de libro maestro, como en el cómic. Las plumas se van reemplazando y, movidos por una fiebre cuasi tolkienística, se genera una necesidad de coherencia interna (obsesión verdadera de JRRT): todo pasado es reconocido como diegético. Todo suceso tuvo lugar en esa línea espacio-temporal. Esta idea tiene, a su vez, dos instancias superiores. La primera sería el multiverso, en el cual no todos los pasados conviven bajo la misma línea espacio-temporal, pero en algún punto confluyen movidos por un personaje o evento catalizador que entonces convierte las líneas paralelas en convergentes (y, por ende, y por matemática, revierte el precepto de “paralelo” primigenio), y la segunda idea superadora sería Doctor Who, en el cual el concepto de “universo” empalidece frente a la obra audiovisual más compleja que ha producido la cultura popular. Lo que sucedió antes sin explicación se convierte en un plantado en el futuro que otro escritor a su vez dejará plantado para otro momento. La obsesión por la coherencia interna de Doctor Who ha desvelado a batallones de guionistas; algunos han salido más airosos que otros del embrollo, pero siempre es hermoso verlos en la pelea.

Piensen esto: el Doctor tiene miles de años. Una decena de encarnaciones y se enfrenta con enemigos recurrentes y se encuentra con amigos recurrentes en distintos tiempos. A su vez, sus encarnaciones se cruzan con viejas encarnaciones y, a veces, como una suerte de giro a la Kieslowski, entra en acción en lugares en los que una encarnación anterior o posterior ya está operando. Y todo esto debe entrar en la diégesis. Siempre, pero siempre, en el Universo.

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Stephen King se encargó de plantar su propio universo en miles de conexiones secretas en su obra. Novela a novela se comentan sucesos de otras obras. A veces, incluso, se repiten personajes secundarios. Su geografía y lugares también se reiteran. No solo Castle Rock, sino Derry y Jerusalem´s Lot, así como la prisión de Shawshank y el asilo Juniper Hill.

Pero, y aquí viene un temilla interesante, el enorme King es tan prolífico que se encargó de hilar este universo en esa obra fastuosa llamada La Torre Oscura, serie de libros (ocho en sucesión, más uno en ese mundo), que se encarga de enlazar gran parte de los sucesos y, atención, incluye a King en el mismo universo como escritor de las novelas de La Torre Oscura. Más “meta” no se consigue. In your face Charlie Kaufman.

Técnicamente, en el multiverso de Stephen King, la serie Castle Rock toma lugar en lo que es conocido como “Mainstream Universe”, donde ocurren aproximadamente el 70% de sus novelas. Por afuera de este, y entre las más conocidas, podemos decir que se encuentran Apocalipsis, La historia de Lisey, y Cell. Dos de ellas son postapocalípticas y la otra sucede en un mundo de sueño.

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Yo sé lo que estás pensando, vos, sí, vos, que estás leyendo esto. Hago una lista probable:

  1. ¿Dónde está mi reseña?
  2. ¿De qué carajos estás hablando?
  3. ¿Es el redactor de esta nota un auténtico estúpido?

Tengo respuesta para todo. Voy a empezar por la 3: Sí. Luego, vayamos a la 2: estoy hablando de coherencia interna justamente. La creación de universos depende absolutamente de su coherencia interna. King la tiene. Tolkien la tuvo y George Martin hace un culto ella. Uno no puede decir alegremente que algo “está en el universo de tal cosa” y luego ver qué hace. Estamos en la era de los universos expandidos. Marvel, incluso, parece pagarles a los guionistas para que no sean vagos y todo confluya armoniosamente. Esto no es tan habitual; convengamos que Fox se pegó un tiro en el pie con los X-Men y ya nadie parece entender nada de nada en ese universo ¿Cuándo está ocurriendo esto? ¿Cyclope no estaba muerto? ¿Hay dos líneas alternas?

Pues bien. Aquí la respuesta 1.

Castle Rock, la reseña que les debía, debe comenzar, como es usual, con una breve descripción de los eventos. Todo empieza con un flashback. Hace 27 años (guiño guiño) el sheriff Alan Pangborn (más guiño guiño) encuentra al niño Henry Deaver, quien se perdió 10 días atrás en el bosque, junto a su padre. Hoy, Henry Deaver (André Holland) es un abogado especializado en casos de sentenciados a muerte. Es decir, es esa rara clase de abogado que le escapa al dinero y a la felicidad como Edesur al buen servicio.

En la actualidad se está llevando a cabo un cambio de mando en la prisión de Shawshank. Ha sido privatizada –esto suele suceder en USA, no es producto de la imaginación del Sr. King– y en el día de su retiro, el alcalde del precinto, Dale Lacy (Terry O´Quinn), se suicida de la manera más rebuscada posible.

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Haciendo un relevamiento para las nuevas autoridades de la prisión, el guardia cárcel Dennis Zalewski encuentra una jaula en oscuro rincón. En ella se encuentra encerrado un hombre pálido y alto, que no habla y no figura en ningún registro. Interpretado por Bill Skarsgård (guiño guiño), este personaje sin nombre inquieta desde su mera presencia.

Por supuesto, este hombre menciona dos palabras, nombre y apellido, más precisamente, y estos son: “Henry Deaver”. Todo el mundo entiende que está pidiendo un abogado, dada la profesión de Henry. Y esto ocasiona la vuelta al terruño de nuestro héroe. En este momento entonces, la serie entra en la fase policial, y si es así, debemos desempolvar la CCP (Clasificación Castaño de Policiales).

En ella, les decía que los policiales modernos cumplen alguna de éstas características:

  1. Policial de jefe nuevo
  2. Policial de genio incomprendido y trasladado
  3. Policial de retorno al pueblo
  4. Policial de asesino que vuelve
  5. Policial de bardo en la taquería
  6. Policial de condena injusta
  7. Policial de mente engañosa
  8. Policial “cold case” o de caso viejo
  9. Policial de búsqueda frenética

Digo entonces que los primeros capítulos de Castle Rock son de las categorías 3 y 7 de la CCP. Hay un enorme misterio, y la sugerencia, más bien explicita que ese misterio esconde un hecho sobrenatural. Henry vuelve, para encontrar a su madre Ruth (Sissy Spacek, guiño guiño), sufriendo los efectos del Alzheimer y noviando con un ya viejo y retirado Alan Pangborn, interpretado por el gran Scott Glenn.

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A su vez, en este retorno, encontrará a su ex vecina y amiga de la adolescencia, Molly Strand (Melanie Lynskey), quien tiene algún tipo de poder psíquico que mantiene a raya mediante una severa adicción a los opioides. La mejor amiga de Molly es Jackie Torrance, personaje subejecutado, como presupuesto provincial. No se sabe para qué está realmente, salvo para decir su apellido, que es Torrance. Y en una escena, contar la historia familiar, incluyendo los sucesos de un hotel de montaña, llamado Overlook (guiño guiño guiño). Por supuesto, algo pasará con Jackie. Pero no vamos a spoilear.

King tiene una tendencia a sacar la pelota de la cancha en el tercer acto de sus novelas. Aparece el giro lovecraftiano, el cambio de tono del terror al horror. El ser inexplicable, el mal por el mal en sí mismo. Raramente demoníaco, o religioso, más bien interdimensional. Castle Rock va por otro lado. No es fácil evaluarla, ya que no se sabe qué estructura seguirá. Amplío: se anuncia segunda temporada de Castle Rock pero no se explica si será una antología, como American Horror Story, o American Crime, es decir, mismo universo, otra historia; o si será una serie propiamente dicha. No puedo evaluar si estoy reseñando tres actos o solo el primero. Y eso es un problema.

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Si es solo el primer acto, está alargado. No obstante, tiene momentos brillantes y otros que se destacan por la estupidez de sus personajes. Si lo que estoy reseñando es una historia autoconclusiva, el tema se vuelve aún más complejo. No cerraron las líneas. Queda una tercera opción. Esta historia no es ni lo uno ni lo otro, pero con las líneas abiertas y estos mismos personajes como secundarios, vamos a seguir indagando los misterios sobrenaturales que se sugieren aquí. Es un relato que tiene mucho de los relatos de estos tiempos. Bebe de Lost, se parece a Dark, tiene su costado whoviano. Tengo una teoría propia que dice que toda la ciencia ficción moderna es hija de Doctor Who. Castle Rock, en su vertiente más cercana a este género (la Jaula de Faraday y los escuchadores, para los que la vieron), se aproxima a la serie inglesa.

Producida por J.J. Abrams pero llevada adelante por Sam Shaw (Manhattan / Masters of Sex) y por Dustin Thomason (Lie to Me / Manhattan), Castle Rock puede tener en Hulu muchas reinvenciones. Pueden ir por la senda que ya tomaron y profundizar esa trama o hacer algo completamente distinto en la segunda temporada y enlazar caminos en la tercera. Si algo tiene King es diversidad. Para esta creación de universos, light diríamos, basta con el mismo pueblo, dos o tres sucesos del pasado o el nombre de los edificios. Nada de eso importa, mientras sean capaces de escribir más capítulos como el séptimo, llamado “The Queen” y que tiene a Ruth como protagonista. Por una hora más de ese nivel, bien puedo mirar otra temporada.