Godless: El nuevo western es el viejo western

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Les hecho la culpa a ustedes, los lectores, por no haberme avisado. Resulta que Godless, western en formato miniserie que estrenó Netflix en 2017, tiene algunos de mis momentos audiovisuales del año. No los jodo: es cosa seria.

Mentira: la culpa es mía. Si una de las películas del 2017 fue Logan, y todos los que nos dedicamos a esto repetíamos “Logan es un western”, ¿cómo no se nos ocurrió ver que el guionista de Logan preparaba otro western?

Conozcamos entonces a Scott Frank. Dirigió y escribió los 7 capítulos de Godless. Y ya les dije que escribió Logan. Pero además, para los conocedores, les comento que es el responsable del guion del mejor capítulo de la mítica miniserie de HBO, Fallen Angels: Dead-End for Delia (el de Gary Oldman). Posteriormente, co-escribió Malice (Daños corporales) con Aaron Sorkin. Luego hizo Get Shorty (El nombre del juego), adaptando la novela de Elmore Leonard. Escribió Minority Report para Spielberg y The Interpreter para Sydney Pollack. Finalmente, guionó Marley y yo y Wolverine: Inmortal.

Scott Frank es uno de los mejores guionistas americanos trabajando hoy en día. Y yo no tenía idea que Netflix le había dado rienda suelta para que hiciera lo que quisiera. Y Frank se debe haber dicho: quiero hacer un western de los de antes.

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Sin Dios, ni Estado

En 1880, en el territorio de Nuevo México, Estados Unidos, anda suelta una banda de forajidos, encabezada por Frank Griffin (Jeff Daniels). A su habitual tropelía de robos, violaciones y asesinatos, el malo de Griffin le sumó un detalle inquietante y desconcertante: liquidó entero, incluidos niños, al pueblo de Creed. Ocurrió algo fuera de lo normal. Griffin está rastreando a alguien. El Marshall John Cook (Sam Waterston) está tras sus pasos. Va a buscar al Ejército para cazarlo y colgarlo de un árbol, a Griffin y a sus 30 acompañantes. La batalla es a todo o nada.

A varias leguas de allí, en el pueblo minero de La Belle, las viudas tratan de sobrevivir en el salvaje oeste. Un accidente en la mina de plata se cobró la vida de 83 trabajadores, sus maridos. Bill McNue (Scott McNairy), el sheriff de La Belle, es despreciado por las mujeres del pueblo. Lo consideran un cobarde. Solo lo respetan su hermana Mary Agnes (Merrit Wever), una pistolera de elite, y el ayudante (“el Deputy”) Whitey (Thomas Brodie-Sangster).

El sheriff, que se borra de su trabajo más de la cuenta, está enamorado de Alice Fletcher (Michelle Dockery), una viuda que vive en su hacienda en las afueras del pueblo, junto a su hijo y su suegra, quienes pertenecen a una tribu de nativos de la zona.

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Una lluviosa madrugada, llega a la hacienda un extraño malherido. Su nombre es Roy Goode (Jack O´Connell). Evidentemente, alguien muy peligroso está tras él. El resto se lo imaginan ustedes.

Como los westerns se estrenan de manera espaciada, cada vez que aparece uno se genera una suerte de estudio sobre el tema que incluye la palabra “relectura”, a pesar de que se usa casi siempre, aunque el director filme un western recontra clásico.

Es sabido pero vale la pena mencionarlo que el western debe cumplir con ciertas características. El oeste de Estados Unidos no existió más que como punto cardinal, lo que sí existió fue una zona que no estaba institucionalizada. Los llamados “territorios” como se nombraba a los estados antes de serlo. Aquí también existieron, claro, los llamábamos “territorios nacionales”. Sigamos con el western como género. En la idea del americano, la ausencia del Estado, de la institución, significa que hay un caos. Si hay caos, la vuelta al orden por fuera del paraguas protector del gobierno solo es posible a través de individuos valientes que, solos o asociados, se sacrifican en pos de una burguesía con vocación pionera. Sobre eso son, usualmente, los westerns. Una vuelta al orden en base a la voluntad y el sacrificio por parte de un valiente.

Los personajes icónicos (el sheriff, el pistolero, el forajido, el rastreador, el indio místico) se extrapolan y posibilitan la identificación del género en ambientes extraños. Es así que tenemos westerns en todos lados, incluido el espacio, como son Atmósfera cero (Outland, 1981, Peter Hyams) o la serie Firefly (2002, Joss Whedon), y por supuesto, y mucho más común, es el western en tiempos modernos. Es usual ver ciertas películas que no se pueden definir como policiales, ni de acción y que, de repente, definimos de manera cuasi mágica como western. Reitero aquí: el western es una situación típica con personajes icónicos. Es tan importante el paisaje como la estructura.

Los hermanos Coen filmaron en los últimos años dos westerns que fueron tomados como referencia para los que vinieron después. Ensayemos una suerte de relación parental entre películas. A partir de No Country for Old Men (2007), se desarrolla un linaje de westerns urbanos y actuales, en el que podemos mencionar Hell or Highwater (2016, David Mackenzie), Wind River (2017, Taylor Sheridan), Young Ones (2014, Jake Paltrow), Frontera (2014, Michael Berry), A Night in Old México (2013, Emilio Aragón). En todos ellos conviven los elementos usuales mencionados. Tenemos forajidos y sheriffs. Persecución a campo traviesa y el intento de restaurar el orden en una sociedad que, ya no por inexistencia de un Estado organizado, sino por su ausencia, intenta lograr el equilibrio a partir de acciones individuales.

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El otro western parental de los Coen es True Grit (2010, remake del film homónimo de 1969). True Grit está ambientada en Arkansas en 1878, y por supuesto que se ve como un western clásico. Aunque, y aquí está el truco, nadie habla como si estuviera en un western clásico. No es un asunto de entonación ni de lenguaje propiamente dicho. Es una actitud frente a los diálogos. Los Coen, siendo ellos como siempre fueron, escriben diálogos chispeantes. Sin jamás declararlo, se percibe un aire divertido, de comedia.

Esta autoconciencia hizo escuela y es especialmente efectiva en los westerns que deben verse como tales y tienen todos los elementos, pero que se les agrega este detalle, que puede confundirse con relectura, aunque en lo personal yo no creo que sea para tanto. Decía entonces que hijo de True Grit es la violenta –y profundamente divertida– Bone Tomahawk (2015, S. Craig Zahler), tal como Slow West (2015, John Maclean). Y, qué diablos, hay que decirlo, The Hateful Eight (2015, Quentin Tarantino), que pertenece a este camino.

El sheriff desolado de No Country for Old Men, interpretado en aquella por Tommy Lee Jones, será replicado por Jeff Bridges en Come Hell or High Water. Los forajidos y los psicópatas tendrán tratamiento similar.

¿Cómo se vinculan todos estos párrafos con Godless?

Buena pregunta, espero tener respuesta. Godless es hijo de la línea Coen, por las dos vertientes. Sobrevuela un tono socarrón en muchas de las situaciones, como hicieron en True Grit, y al mismo tiempo tenemos la dureza, la violencia y el nihilismo de No Country for Old Men, encarnado particularmente en el excelente villano que interpreta Jeff Daniels.

Ampliando: Daniels está acostumbrado a interpretar personajes que son, y lo saben, más inteligentes que todos los demás que lo acompañan. Lo hizo en The Newsroom, lo hizo en The Martian y en Steve Jobs. También lo hace en The Looming Tower. Tiene un tono pedante casi insoportable. Si le sumamos a esa actitud que le sale natural, el filo diabólico de Frank Griffin, tenemos una creación interesante. Griffin tiene aristas de genocida, especialmente el misticismo y el fanatismo. El tipo es una plaga bíblica. No queda nada a su camino.

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Del otro lado, sus antagonistas son muchos. John Cook, un marshall en la línea Tommy Lee Jones/Jeff Bridges, interpretado por ese actor monumento a la dignidad que es Sam Waterston. Digo monumento a la dignidad porque cuando se necesita un personaje maduro, digno, profesional, algo golpeado por la vida (y el alcohol), Waterston, como lo son los mencionados Tommy Lee Jones, Jeff Bridges o Sam Elliott, son obligatorios. De este selecto club partió hace poco hacia mejor vida Sam Shepard. Cualquiera de los cinco es intercambiable en estos roles. En breve, Kevin Costner entrará en la selecta casta.

Scott McNairy, quien interpreta al otro sheriff, es un actor omnipresente en el cine y las series norteamericanas de esta época. Desde Halt and Catch Fire (2014-2017 – serie), pasando por Fargo (2014 a la fecha – serie), Argo (2012, Ben Affleck) y Batman v Superman (2016, Zack Snyder). Por lo usual sus personajes son bastante nerviosos, y casi nunca es el protagonista. Aquí sorprende con su sheriff despreciado aunque profundamente comprometido y humano.

En el pueblo, la hermana del sheriff, Mary Agnes, es el motor del lugar. Merrit Wever, a quien vimos en The Walking Dead, le saca lustre al rol. Pistolera ejemplar, tenaz negociadora, apasionada amante y dedicada tía. Es el corazón del pueblo. Su identidad hecha carne. Así como ocurre con Michelle Dockery, interpretando a la viuda Fletcher. Dockery es Lady Mary en Downton Abbey. Está diseñada genéticamente, al parecer, para liderar lugares. Su relación con su suegra y su historia personal serán un agregado especial a la historia.

Palabras finales

Casi 1700 palabras para una reseña es una barbaridad. Se ve que me gustó Godless. Bueno, la verdad es que sí, pero no es que sea excelente. Es que pertenece a un momento determinado, cuando es sumamente pertinente. Un western ambientado en una zona sin ley parece hablar del mundo de hoy. Particulares palabras debo dedicarle a que, en su pertinencia, Godless es un western cuasi feminista. Las mujeres de La Belle luchan por un trato igualitario en un ambiente poco propicio.

Si llegan al séptimo capítulo, y virtual último acto, verán el mejor shootout de la historia de los westerns. Antes de eso, de cualquier manera, les esperan momentos que pertenecen, por mérito propio, a lo mejor que dio un género, de por sí, lleno de gloria.

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