Reseña: Evil Genius

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En esta línea de documentales sobre crímenes, Evil Genius se destaca por su dureza. Casi antiética.

Venimos de una muy buena seguidilla de series documentales pensadas y armadas como thrillers. Tal vez empezó con la emisión original de The Staircase (2004-2017, Jean-Xavier de Lestrade), siguiendo por The Jinx (2015, Andrew Jarecki), Making a Murderer (2015, Laura Ricciardi / Moira Demos) y The keepers (2017, Ryan White), todos ellas excelentes, y erigiéndose sobre los hombros de películas gigantes como Paradise Lost (1996, Joe Berlinger / Bruce Sinofsky) y la fundacional The Thin Blue Line (1988-Errol Morris).

Ninguna de las mencionadas es tan polémica como la que motiva esta reseña.

Evil Genius cuenta la historia, en principio, de un complejo robo que incluye una conspiración, búsqueda del tesoro y el ocultamiento de un cadáver. En el año 2003, Brian Wells entró a un banco en Erie, Pennsylvania, con un “bastón escopeta” y un collar bomba al cuello, exigiendo 250.000 dólares. Wells era un tranquilo repartidor de pizzas de la zona que no parecía muy seguro de lo que hacía. Acorralado por la policía, minutos después de la salida del banco, intenta explicar que tiene un collar bomba al cuello. Los oficiales a cargo del operativo llaman al escuadrón antibombas, que llega demasiado tarde para salvar a Wells, que muere en la explosión. Todo esto es mostrado y reiterado. No hay respeto para Wells. Sus últimos minutos y su espantosa muerte se nos muestran sin decoro.

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Los directores, Barbara Shroeder y Trey Borzillieri, reflejan lo demostrado por la investigación policial: Wells es una víctima y no un perpetrador. Para eso nos someten a reconocer su horrorosa muerte. Para los espectadores, que enfrentemos el espanto, es el antídoto para que no podamos empatizar jamás con el ingenio diabólico de los acusados. Aquí, a una persona evidentemente de luces tenues, le ataron una bomba al cuello. Y la bomba explotó.

La mencionada investigación nos lleva a Marjorie Diehl-Armstrong, a su ¿novio? William Rothstein y a Keneth Barnes; los dos primeros, totalmente desquiciados y el tercero, un cocainómano. Marjorie Diehl-Armstrong sostuvo una extensa relación epistolar y telefónica con Trey Borzillieri, y la investigación sobre su vida ocupa una gran parte del documental. Al parecer, Diehl-Armstrong era una mujer igualmente brillante que perturbada y siniestra. Su eterno enamorado, Bill Rothstein, no se quedaba atrás.

En esta relación, que duró más de una década, Diehl-Armstrong sostuvo su inocencia a rajatabla. Borzillieri parece resentir esto y por ello todo empieza como empieza, tal como les relaté. La historia de Marjorie entrelaza, al menos, otros dos asesinatos y su prontuario de auténtica viuda negra.

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Evil Genius empieza con firmeza contando el caso. De sus cuatro episodios, los dos primeros son de una solidez envidiable. Luego, a partir del tercero, todo se vuelve brumoso. Borzillieri irrumpe como protagonista de su propio documental, a partir de la relación con Diehl-Armstrong, sin darnos demasiados indicios, narrando en primera persona sin contar cómo llegó allí o por qué entabló relación con la acusada. La compleja personalidad de Marjorie no llega nunca a desentrañarse.

El caso, considerado uno de los más complejos en la historia del FBI, no tuvo jamás una explicación plausible y satisfactoria, ya que nadie confesó lo que ocurrió realmente. El documental ensaya una, metiéndose de nuevo en terreno fangoso. La explicación de lo que ocurrió no puede ser una reconstrucción porque nadie lo sabe realmente. Es parte de una ficción. De la imaginación de los realizadores y algunos de los investigadores.

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Reseñar un docu-thriller no es faena fácil. Es susceptible de spoilers. Una palabra de más y los lectores se perderían la sorpresa, que desde este rincón del mundo tenemos ante los casos presentados que, si bien son de conocimiento masivo en EE. UU., aquí son novedades, afortunadamente, ya que tenemos bastante con los nuestros.

Evil Genius es el segundo documental que se presenta este año en Netflix por parte de la productora de los Hermanos Duplass. El otro es Wild Wild Country. Aunque me quedo con el impecable relato sobre OSHO de WWC, vale la pena, para quienes disfrutamos del documental, analizar cómo funciona Evil Genius: en su propia ley, está la trampa.

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