Reseña: Black Mirror Temporada 4

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A pesar de haber sido muy esperada (como toda temporada de Black Mirror), esta cuarta tanda de episodios fue para muchos la más floja hasta el momento. Para tratar de hacer un balance final, es menester hacer un repaso de lo que dejaron estos nuevos seis episodios de la aclamada serie de Charlie Brooker.

USS Callister

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Robert Daly, el creador de Infinity (un universo virtual innegablemente inspirado en Star Trek), dirige en este mundo a su tripulación soñada, pero en la vida real es un genio rencoroso que utiliza su propia creación como forma de catarsis y escape de la realidad. En Infinity, las copias digitales de los personajes se pueden obtenerse a partir del ADN de personas reales, para generar un avatar con el físico y la conciencia de esa persona dentro del juego. Así, Robert se otorga a sí mismo poderes ilimitados en este universo y, a pesar de ser despreciado en la vida real, se siente un dios en su mundo ficticio, donde puede cumplir todas sus fantasías atormentado a los avatares que creó de sus compañeros de trabajo, que desprecia a costa de sus voluntades y sentimientos. En medio de toda esta situación, una nueva compañera de trabajo de Robert se incorpora a Infinity y tratará de romper su paraíso virtual hedonista. Con un final bastante fiel a lo que nos tiene acostumbrado la serie y una interpretación de Jesse Plemons que nos hace odiar al antagonista (como debe ser), el episodio propone temas como la invisible maldad oculta detrás del genio, como un mundo ficcional que es capaz de mostrar quién es uno realmente y que el sueño de unos puede ser la pesadilla de otros.

Arkangel (la sección de este episodio contiene spoilers)

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El segundo episodio cuenta la historia de una madre sobreprotectora que instala un sistema de vigilancia en el cuerpo de su hija para controlarla, así es como empieza a ver cosas y aspectos de su vida privada que una madre tal vez no debería conocer. Esta premisa, tan simple como genial, se lleva delante de manera magistral, escalando progresivamente y ahondando en varios temas. Muestra cómo nos acostumbramos de a poco a las situaciones adversas en un proceso que dura prácticamente toda nuestra vida, por ello es que afrontarse a todo eso de golpe resulta en una experiencia chocante y de la que es difícil salir debido al gran cambio repentino que representa.

También se puede ver una dependencia de la madre por la tecnología tras desactivar el sistema de vigilancia, ya que no puede estar tranquila con la incertidumbre por más que su hija ya sea adulta, de esta forma la falta de confianza termina generando desconfianza. Podemos notar las consecuencias de la prohibición y censura extremas que sufre la hija en su vida social, porque así como hay cosas de las que es mejor no enterarse, hacerlo puede llevar a conclusiones o ideas equivocadas, como cuando la madre ve que su hija prueba cocaína y arma en su cabeza una situación peor que la real, porque la imaginación y curiosidad sobre lo que creemos que hace mal a veces es peor que la realidad. Y encima, en su intento por ayudarla, la protagonista le trae más problemas a su hija, la madre muestra una involución, ya que al final del episodio, irónicamente, el aparato que en su momento servía para que la madre encuentre a su hija, al final hace que la pierda, dejándola además incapaz de encontrarla por su propia cuenta, contrario a lo que se veía al comienzo del episodio.

Todo esto, hace que Arkangel sea hasta el momento (en opinión de este redactor) uno de los episodios más fuertes temáticamente de toda la serie.

Crocodile

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Sin dudas, este es el punto flojo de la cuarta temporada. Introduciendo un aparato que permite visionar los recuerdos de la gente, el episodio cuenta la historia de una mujer que trata de mantener en secreto el asesinato accidental que cometió. Mientras, una investigadora de seguros se acerca cada vez más a descubrir la culpabilidad de la protagonista que empieza a descender en una espiral de asesinatos. El resultado final es un policial aceptable, pero con una historia que ya se ha visto antes mejor contada y con personajes que generaban al menos un mínimo de empatía, cosa que este tropiezo de la serie no logra. Al margen de que el invento de este episodio resulta más bien como una facilidad o muleta para la articulación del guion que como un elemento realmente explotado. Contrario a lo que suelen mostrar los capítulos de Black Mirror, al invento que se presenta en este episodio no se le da un mal uso que hable del riesgo de esa tecnología o lo que esta pueda despertar en los usuarios, ni resulta aleccionador para nadie. Probablemente por este motivo es que este Crocodile se siente como uno de los episodios menos Black Mirror hasta la fecha.

Hang the DJ

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Indiscutiblemente, por su fuerte apuesta al aspecto romántico, este episodio viene a funcionar como el San Junipero de esta temporada. Un gran punto a favor para que Hang the DJ funcione tan bien es el encanto de la pareja protagonista, es entrañable, no solo por la buena química, sino por la construcción progresiva que hace de su relación. Llegando al tercer acto, uno no puede más que desear verlos juntos.

En este mundo se presenta un sistema que se encarga de formar parejas calculando y programando cada detalle de una salida, todo planeado para que los usuarios no tengan que decidir por sí mismos y alimentar la base de datos sobre la compatibilidad para cada persona, básicamente un extremo de las redes sociales que relacionan y recomiendan según lo que su base de datos dicta. Pero lo interesante es que a pesar de que el episodio critica el sistema inflexible que propone, también encuentra algunos puntos para rescatar y paralelismos con las formas más tradicionales de encontrar pareja, como el hecho de que en definitiva son necesarias varias salidas para conocerse mejor y saber elegir al otro (como si fuera una cuestión de prueba y error que es necesario atravesar), como las actitudes amorales que tienden a limitar el tiempo juntos o incluso condenar a la pareja, y el fantasma de la inseguridad, que nos hace preguntarnos si la relación frente a la que guardamos expectativas va a durar o no. Aunque una de sus conclusiones finales es que pensar o intentar calcular sobre relaciones humanas no sirve, no tiene sentido, sobre todo si no está presente la chispa de esa atracción inexplicable o irracional. Si el sentimiento fundamental está ausente, no hay invento que valga.

Metalhead

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Un clásico mundo post-apocalíptico en el que los humanos viven juntando recursos a escondidas a causa de una amenaza que ronda sus tierras, en este caso unos perros robot asesinos que pueden estar dispersos y escondidos en casi cualquier lado. Esta premisa, sumada a lo indefensos y aterrados que se encuentran los protagonistas ante el enemigo, transforma al episodio en un slasher. Si bien acierta en su incursión al terror o al suspenso, creando un ambiente desolador y un antagonista que se siente (y en definitiva, literalmente es) una máquina de matar imparable, probablemente por ese cambio de género es que este sea otro de los episodios polémicos de esta temporada, ya que se siente bastante alejado de lo que asociamos con Black Mirror. Es un buen slasher que logra generar una tensión genuina, pero que se siente algo fuera de lugar al estar presentado dentro del marco de la serie, similar en algún punto como comentamos antes con Crocodile. Al margen de un final que apela a lo emocional que, si bien le da una capa extra a la sociedad y el mundo que se nos presenta, termina volviendo algo inverosímil el motor de la búsqueda que movió a los personajes durante todo el episodio.

Black Museum

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El episodio que cierra esta temporada, contiene varias historias nuevas, y a su vez toca otras ya vistas previamente en la serie. La trama que coordina los relatos de Black Museum es la de una joven que descubre en plena autopista un museo que contiene objetos criminológicos auténticos. El primer hilo que se desprende del museo está vinculado a un experimento precursor de la tecnología, vista en San Junipero, y deriva en la historia de un doctor que usa un casco para sentir el dolor de sus pacientes y así diagnosticarlos. El problema surge cuando el protagonista empieza a volverse adicto al dolor, haciendo que su cerebro se acostumbre a este y que cada vez tenga que levantar más la vara para saciarse, hasta llevarlo al extremo. Una analogía clara de prácticamente cualquier adicción.

La segunda historia involucra el extraer la conciencia de una persona y colocarla dentro de la mente de otra. Lleva al plano literal la figuración de tener a alguien metido en la cabeza, para mostrar así las complicaciones que esta idea trae y la importancia del distanciamiento y la privacidad personal en una pareja.

Al margen del cierre que se le da a la línea del museo, los dos micro-relatos del episodio funcionan y se sienten muy a tono porque presentan la clásica filosofía de Black Mirror sobre una tecnología contraproducente que, además, tiene un correlato con situaciones que podrían darse en nuestra cotidianeidad.

En suma, esta cuarta temporada presenta irregularidades, con episodios que van de lo flojo a lo excelente, que en algunos casos pueden no coincidir con lo que uno espera ver en Black Mirror, pero que no dejan de funcionar en sí mismos. E incluso en sus desaciertos, brinda una calidad más que aceptable (y en, algunos casos, muy superior) que la que ofrecen las demás series de hoy en día.

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