Reseña: Everything Sucks

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Nota del editor: luego de esta reseña NETFLIX canceló la serie.

 

Hace alrededor de un mes, a la ya bastante stockeada grilla de Netflix, se sumó una nueva opción para los fanáticos de las series coming-of-age. Con una influencia clara de Freaks & Geeks, que nos mostró de lo que era capaz Judd Apatow, y por qué no, unos personajes principales muy parecidos a los de Stranger Things (una suerte de hermana mayor), Everything Sucks intenta algo bastante válido aunque no lo logre del todo.

Todo apesta

Bueno, más o menos. El nombre no concilia tanto con lo que realmente sucede en la serie. Parece una elección un tanto exagerada o que busca una relación con el tiempo que representa. Como Freaks & Geeks, está ambientada veinte años atrás. La serie de Apatow, del 99, se ambientaba a fines de los 70 y principios de los 80. No es casual que la creación de Ben York Jones y Michael Mohan –dos relativos desconocidos– se ubique en los 90 superiores, ya despidiendo el grunge (notablemente desaparecido en la terna musical) y dando la bienvenida al nü metal. Como Stranger Things, los protagonistas, al menos a la vista, son tres chicos y una chica, a los que se suma una segunda línea de adolescentes algo más grandes, y un par de padres. Digo al menos a la vista porque una de las principales críticas a la serie es la concentración que hace del argumento en cuatro personajes: Luke O’Neil y su madre Sherry, y Kate Messner y su padre Ken.

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En Boring, Oregon, Luke O’Neil, interpretado por Jahi Di’ Allo Winston, que en unos años va a romper todo si sigue así, empieza la secundaria junto con sus amigos McQuaid y Tyler (Rio Mangini y Quinn Liebling), y como el trío de nerdos que son, se anotan en el club de audiovisuales donde conocen a Kate (Peyton Kennedy, que la descose toda también), la hija del director de la escuela. Una piba desgarbada y alta, que de inmediato llena de mariposas la panza de Luke.

Dado que la historia pasa por otro lado, el noviazgo se materializa con una velocidad que envidiaría la segunda temporada de Jessica Jones.

Mientras el noviazgo inocente de la pareja de chicos se formula, entre los padres de ambos, soltera una, viudo el otro, se cocina un fuego más lento. Especial atención al trabajo de Patch Darragh, que tiene una cara construida para que uno se compadezca de él y que su rol como director de la escuela se aleja totalmente del de los cientos de directores de escuela que Hollywood nos brindó por décadas. Claudine Mboligikpelani Nako, que hace de Sherry, madre de Luke, le da un candor a su personaje que atrae de una manera singular. Por momentos, y de acuerdo con la edad que tenga el espectador, no es raro que nos atraiga más una historia que la otra, aunque el foco sean los chicos.

Por amor al arte

Los diez capítulos de la serie se reparten entre esos romances y la filmación de una película escolar cuya dirección recae en Luke, que es un Spielberg en potencia. Es en esos intersticios donde el volumen sentimental de Everything Sucks se espesa. El padre abandónico, el descubrimiento de la sexualidad, la maduración. Una sopa de emociones que, bien desarrollada, pega sin bajezas.

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Sin embargo, la segunda crítica, aunque parezca contradictoria, también sucede por estos lados. Everything Sucks concluye siendo muy irreal en algunos términos. Luke es demasiado maduro y muy ducho en las artes del cine para tener la edad que tiene, incluso siendo un superdotado. También Kate resulta muy centrada en lo emocional a pesar de algún quiebre. Los personajes de Emaline y Oliver (Sydney Sweeney y Elijah Stevenson), una suerte de estrellas escolares del club de teatro, aunque con roles simpáticos, no se conectan claramente con la idea previa que tenemos con este tipo de personajes. Mejoran en la segunda mitad de la serie no obstante. El resto de los personajes juveniles son bastante unidimensionales durante buena parte de los diez capítulos. McQuaid, el nerd insufrible con un palo en el culo; Tyler, el Dustin de la serie (hasta en el pelo y en la dentadura extraña), el nerdo cómico.

Everything Sucks se ubica en los 90 solo en el calendario. Sus personajes son mentalmente demasiado actuales y eso le juega en contra a la credibilidad. La música, los peinados, la vestimenta no terminan de darle el cariz de la década que buscan recrear.

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Conclusión

Los diez capítulos de menos de media hora vuelan. Everything Sucks es entretenida, seria por momentos, graciosa por otros (sin ser hilarante), emocionante casi a lo largo y ancho. Trata algún tema grave con la suficiente madurez como para sorprender y ese es de seguro su mayor error de esta primera temporada. Nadie es tan maduro a los quince años y nadie debería comprar eso tampoco.

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