Reseña: Jorge Acha, una eztetyka sudaka

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Jorge Acha, una eztetyka sudaka, reciente publicación, se encarga de abordar la obra y la personalidad de un artista de culto de la vuelta de la democracia Argentina. Artista plástico, pintor  y escritor, la carrera de Acha viró inevitablemente hacia el cine, donde realizó tres largometrajes y un puñado más de cortos, todos ellos devenidos en películas de culto del cine post-dictatorial.

A través de la Asociación Civil Jorge Luis Acha, su discípulo, Gustavo Bernstein, viene trabajando en el rescate y puesta en valor de la obra de un artista cuya obra fílmica no llegó a vivir el apogeo del cine independiente actual.

En el presente libro publicado por Ítaca, el lector encontrará una serie de ensayos y escritos recopilados por el mismo Bernstein que se encargan de desentrañar el sentido y la construcción del cine de Acha. Con mucho acierto, la publicación se  ocupa de otorgar una mirada amplia y extensa sobre la obra de Acha. Así, se desmenuzan sus largometrajes (Hábeas Corpus, Standard y Mburucuyá), se analiza su esquema de producción y se teoriza sobre su manera de pensar y entender la realización cinematográfica.

El libro sirve, en definitiva, tanto como una herramienta de descubrimiento como una posibilidad de profundizar en el conocimiento de un artista que se desarrolló en los márgenes de la producción audiovisual independiente nacional.

Tuvimos la suerte de dialogar con Gustavo Bernstein, quien nos compartió su visión sobre la finalidad de este compilado de ensayos.

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 ¿Cómo fue tu primer acercamiento a  Jorge Acha y su obra?

Conocí a Jorge Acha en 1984, a los 18 años de edad, mientras cursaba mi primer año de Arquitectura. Fui a su taller porque quería aprender a pintar las perspectivas. Un amigo –Ariel Kupfer, quien después interpretará a Humboldt en Mburucuyá– me mostró un limón pintado en acuarela. No sé por qué esa imagen me impactó. Ese círculo amarillo fue como un sol, un astro, un universo de luz que me convocaba. Ahí se me abrió un mundo. Con el tiempo, la relación de profesor-alumno en un taller de pintura devino en una relación maestro-discípulo en un sentido más griego o zen. Acha fue para mí un mentor, un padre intelectual. Quizás para muchos. Su taller funcionaba como una suerte de orfanato encubierto donde encausaba las zozobras ontológicas bajo el subterfugio de la divulgación de técnicas pictóricas. Y era también una factoría de ideas. Funcionaba como un ágora, un espacio de intercambio y debate donde circulaba gente de diversas disciplinas. Para mí fue como una suerte de edén existencial.

– El libro tiene una organización mediante la cual no sólo hay un recorrido biográfico de Acha, sino que además se teoriza sobre su obra en general, sobre él como artista y sus películas en particular ¿Cómo decidiste llevar a cabo la tarea de reunir y compilar a los diferentes autores?

En realidad mi tarea fue reunir y coordinar el trabajo que venían realizando esos varios autores en torno a la obra de Acha. Afortunadamente cada uno supo aportar un matiz y un recorte singular. No se repiten. Y brindan un mosaico muy luminoso, lleno de hallazgos.  Creo que el conjunto ofrece un corpus reflexivo bastante integral sobre su filmografía. Si alguno desea adentrarse en el cine de Acha, el libro puede ser una muy buena hoja de ruta. Y además redactada por guías muy lúcidos, ensayistas notables que saben transformar sus ideas en materia literaria.

En cuanto al móvil que gestó su factura se inscribe en un trabajo más amplio que venimos realizando desde la Asociación Civil Jorge Luis Acha para preservar y difundir su obra. Ya hemos relevado digitalmente gran parte de su pintura dispersa por museos nacionales y colecciones privadas. También hemos compilado y editado sus guiones inéditos: Escritos Póstumos vol. 1 y vol. 2 (tenemos el vol. 3 en preparación). Y hemos digitalizado sus films en HD, lo que fue un gran logro porque las únicas copias que quedaban se estaban deteriorando. Y recientemente realizamos el documental Thálassa, un autorretrato de Jorge Acha que intenta dar cuenta del temperamento del artista.

En lo personal, estoy abocado a esta tarea porque la estimo una obra valiosísima que ha permanecido oculta o que ha circulado de un modo clandestino. Y por una razón personal: es mi modo de seguir dialogando con él.

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– ¿Qué sentido creés que tiene en el contexto actual retomar y traer al presente la obra y la figura de Jorge Acha?

Una obra artística siempre va a ser actual cuando interroga y se interroga sobre los aspectos fundamentales de la condición humana. De otro modo es una mera artesanía. La actualidad de la obra de Acha reside en su capacidad para interpelar a la sociedad sobre el sentido de aquello que edifica. No es un cine narrativo sino una herramienta de reflexión. Es la obra de un pensador, es un cine ensayístico. La excusa puede ser un muchacho con un crucifijo intentando en vano colocarse una camiseta argentina (Nadie culpe a nadie), un hombre torturado en un centro clandestino de detención (Habeas corpus), un grupo de obreros llevando adelante una obra faraónica, insensata e inútil como el “Altar de la Patria” (Standard) o dos egregios científicos de la Ilustración europea diseccionado y/o profanando una cultura en medio de un vergel natural (Mburucuyá). Y así podría seguirse con cada film. En todos los casos, bajo búsquedas estéticas distintas, el eje es el mismo: Acha se interroga sobre la empresa humana y la interacción del hombre con el hombre.

– Tanto para aquellos que conocen la figura  de Acha como para aquellos que no saben quién es ¿Qué creés que puede encontrar el lector en este libro?

Este libro es la radiografía de un cineasta único que supo transformar la escasez de recursos en una potente herramienta expresiva. Indaga tanto en el repertorio de recursos plásticos y narrativos como en la entidad política y ontológica de sus films. Quien se decida a abordarlo va a dialogar con el universo poético de un artista genial.

 

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