Reseña: “Nobody Speak”

nobody speak

El muy desparejo documental busca evidenciar el acoso que el periodismo está sufriendo bajo la presidencia de Trump. Si esto les suena similar, es porque ya lo vivimos en este país durante el gobierno anterior. No el supuesto acoso, sino el status de intocable que tiene el periodismo.

Hulk Hogan contra Gawker

El documental se divide en dos episodios claros. El primero es sobre el juicio que Terry Hulk Hogan Bollea le gana a Gawker.com, una web de chimentos con fama de asesinar a figuras del espectáculo.

Durante los testimonios de los involucrados nos queda claro algo: el documental no está intentando ser objetivo ni sutil. Y está muy bien que hayan tomado esa decisión editorial. La neutralidad fingida hubiera sido insólita en este caso.

Para los desinformados: el caso de Hulk Hogan contra Gawker nace de la publicación de un video sexual del implicado con la mujer de uno de sus amigos…, mientras el amigo presenciaba la escena. Todo filmado en secreto y sin conocimiento del perjudicado. El abogado del luchador envía una Orden de Desistir al medio con amenaza de demanda. Gawker no baja el video. Van a juicio. Los abogados de Gawker esgrimen que la obligación de bajar el video de la web viola la Primera Enmienda: la Libertad de Expresión.

El documental acierta en representar claramente los estadios del juicio. En ningún momento nadie sensato –por más repulsión que cause la figura de Hulk Hogan– puede estar a favor de Gawker. Bajo ninguna clase de ideología puede explicarse que un video sexual sea de dominio público. Sin embargo, los abogados del sitio van por ese enfoque. Y pierden. Y por una cuestión legal poco clara, el seguro ya no los cubre y el importe de la demanda se lo come el medio, el dueño del medio y el periodista que publica el video (que fue autorizado por Gawker para hacerlo). El importe de la demanda supera los 110 millones de dólares.

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Hay una vuelta de tuerca que el documental quiere puntualizar. Cuando un medio pierde es porque un millonario poderoso así lo quiso. Detrás de la demanda de Hulk Hogan hay un multimillonario de Silicon Valley pagando las facturas legales. Es tan ridícula esa sección, que da vergüenza. Cuando el CEO de Gawker dice “los abogados nos están costando 10 millones de dólares”, evidencia exactamente lo que repudia. El dueño de la billetera más grande es quien va a ganar el juicio. Pero en este caso, esa persona es Peter Thiel, que es representante de la alt-right y todo lo peor de la política, vengándose de Gawker por sacarlo del closet. De vuelta: con toda la repulsión que puede causar Thiel (y a mí en lo personal), no era prerrogativa de Gawker anunciar que el millonario es gay.

El dueño de Gawker, también gay, explica que en realidad la nota donde exponen a Thiel habla de la homofobia de Silicon Valley, razón por la cual Thiel se quedaba en el closet.

¿Notan una tendencia?

El documental muestra el detrás de escena. Aparentemente, Hulk habría filtrado el video sexual para promocionar su alicaído reality show, pero se habría arrepentido cuando se supo que había otro video sexual en el cual el luchador de wrestling usaba términos racistas y homofóbicos. También revela que Peter Thiel sin duda alguna lo que quiere es acallar a Gawker.com por el continuo interés en sus negocios.

Como periodistas, es lamentable que intenten probar eso metiéndose en la vida privada de las personas. Medios que publican lo que se les antoja, sin ninguna clase de respeto por las personas, responden con la libertad de expresión cuando alguien más poderoso protesta. Como si ya no pertenecieran a un medio igual de poderoso que está jugando para sus propios intereses.

Las Vegas Review Journal versus Sheldon Adelson

Esta parte del documental es más simpática porque, siendo francos, Gawker es un sitio horroroso y Las Vegas Review Journal es solo un periódico. Lamentablemente, le dan muchísimo menos tiempo de metraje. Es probable que lo que tienen para bancar la hipótesis sea muy flojo de papeles.

Las Vegas Review Journal es comprado y los periodistas, por alguna razón, se ponen paranoicos. Literalmente es así. Ni el documental ni las personas entrevistadas explicitan por qué se ponen tan nerviosos ante la compra. Lo que podemos asumir es que tienen miedo de ser despedidos. Pero, de vuelta, no queda claro en ningún momento. Tras una investigación, deciden publicar en sus mismas páginas que han descubierto quién los compró: el multimillonario texano Sheldon Adelson, del cual uno de los periodistas estrella del periódico ha hablado negativamente en un libro. Este tiene una hija enferma de cáncer. El multimillonario le ha ofrecido pagar todo el tratamiento con la condición de que no hable mal de él y sus negocios. El periodista, demostrando una ética que le gustaría tener a Ricardo Roa, Van der Kooy y otros tantos, rechaza el ofrecimiento. No ofrece una prueba de esta denuncia. Pero le creemos.

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Los periodistas denuncian que intentan controlar lo que se publica y no muestran absolutamente ninguna prueba. Sobre el final del segmento, uno de los cronistas explica que los que investigaron el caso ya no trabajan en el periódico. ¿Renunciaron? ¿Los despidieron? Quién sabe.

El montaje final antes de los créditos es hilarante. Woodward, Bernstein, Mondale y una ristra de periodistas prestigiosos y la alarma. Trump en el poder, sus ataques al periodismo, su violencia verbal, sus demandas. Todo atenta contra la libertad de expresión. Y hay que detenerlo.

Ojalá encuentren algún video de Trump en pelotas. Es una manera de empezar.

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