Reseña: Deepwater Horizon (Horizonte Profundo)

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La primera pregunta pertinente sería ¿para qué diablos fuiste a ver Deepwater Horizon? Es decir, no es ni siquiera un tanque. Los que ya tenemos treinta y largos llamamos a estas películas “onda Hallmark”, haciendo referencia al viejo canal de cable que pasaba telefilmes, usualmente inspirados en historias reales. Hallmark era una compañía que se dedicaba a hacer tarjetas de cumpleaños, bautismos, casamientos, etc, así que todo su material tenía tintes aleccionadores y buena onda new age.

La cosa es que el multisalas que me queda bien, uno de los más grandes del país ya que cuenta con 16 cines, adoptó la política de proyectar solo tanques y solo en castellano, y si es posible en 4D, un molesto y oneroso sistema donde hay que ponerse anteojos, te tiran viento y agua en la cara, se mueven las butacas y un enano hace striptease.

Por atractiva que pueda resultar la oferta, mi estilo es clásico. Soy chapado a la antigua. Quiero ver en idioma original. Me encantan las dos dimensiones. Y el enano lo pago aparte, si pinta la ocasión.

Entonces, de lo poco que tenía el cine para ofrecerme, elegí Deepwater Horizon, sin saber que la dirigía Peter Berg, lo que hubiera ocasionado una duda.

Veamos, Peter Berg es uno de esos directores que tienen dos caras. Es un texano (por adopción) amante del fútbol americano a niveles insoportables, lo que lo llevó a estar al frente de la correcta serie Friday Night Lights, involucrarse en Ballers – en HBO con The Rock – y en la miniserie documental State of Play. Además, es una suerte de representante fílmico del estado de Texas, que por alguna razón, presumo impositiva, lleva a muchos rodajes a la zona, e interviene en todos como productor anqué director. Ejemplo: The Leftovers, temporada 2.

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Berg no es un energúmeno. Friday Night Lights es buena, en gran parte por ese figurón que es Kyle Chandler. Sus primeras películas “grandes” son Hancock, en la que Will Smith interpretaba a un superhéroe con problemas de conducta, y que revisitaba el rol de héroes o vigilantes de manera fresca, y The kingdom, en la que una unidad del FBI iba a investigar un atentado en Arabia Saudita.

Luego, por alguna razón que se me escapa, trató de emular a Michael Bay en Battleship (Batalla Naval), una de las peores películas que he visto en mi vida. Deleznable, burda y patriotera, como si fuera un producto de Bayhem.

Debo reconocer que con Deepwater Horizon temí lo peor. Pero mis expectativas bajas le jugaron a favor. No es tan mala. Veamos.

La tragedia de Deepwater Horizon es uno de los peores desastres ecológico-petroleros de la historia. Pasó en el 2010 y, tal como la crisis financiera del 2008, evidenció que la falta de regulaciones y controles es calamitosa.

“Marky Mark” Whalberg es Mike Williams, el electricista en Jefe de una plataforma de exploración submarina, al servicio de British Petroleum. Estas plataformas no tienen pilares, sino que son barcos con forma de plataforma, con motores que regulan su posición con respecto a la cañería. Sirven para hacer el conducto que extrae petróleo y luego moverse.  Su Jefe es Mr. Jimmy, el Gerente de Operaciones, interpretado por un muy contenido Kurt Russell. Ambos vuelven a la plataforma, en helicóptero, luego de unos días de descanso.

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Al llegar se encuentran con que el equipo que prueba la seguridad de las operaciones, encabezado por el mismísimo director de la película, se está retirando, sin realizar ciertas pruebas que se consideran básicas. Todos le dicen a Mr. Jimmy que se van por orden de Vidrine. Como si esto fuera poco, cerca de la plataforma hay un barco que se ocupa de levantar el lodo de la perforación, lo que indica que las operaciones finales están por comenzar, sin las precauciones del caso.

Berg sabe que tiene una película chica entre manos, y toma una decisión inteligente: hacer un relato sobre el trabajo. Sobre este trabajo en particular, que es riesgoso, pero sobre el trabajo en general. Estamos acostumbrados a ver películas en organizaciones piramidales: policías, hampa, ejército, gobierno, etc. Una película sobre el trabajo tiene que tener en cuenta que en la dinámica laboral, no siempre las cosas son tan claras. Hay una organización aparente y una organización real.

Mr. Jimmy es respetado por todos los operarios, es el Jefe duro, franco y justo. Pero no es la única autoridad. Es el Gerente de Operaciones, pero sus operaciones están alquiladas. No está muy claro, como suele suceder, si el famoso Vidrine – acompañado por Kaluza – están encima de él, al lado de él, o qué diablos.

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Otra buena decisión de Berg es castear a John Malkovich como el mencionado Vidrine. A Kurt Russell lo contrapesa una figura relevante. Vidrine y Kaluza son los hombres de la petrolera, British Petroleum, sobre la plataforma. Sus fines son obvios y ellos lo evidencian: “Estamos atrasados. La culpa es de ustedes. Hay que empezar a bombear petróleo ya”. Vidrine no es el villano obvio, aunque la película no permite mucho despliegue en los personajes. Malkovich le encuentra el tono, en sus escenas. Es amenazante sin sonar peligroso, como suele ocurrir con muchos gerentes de empresas grandes.

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Como es sabido, sino sería la película más pavota de la historia, todo sale mal. Hay un accidente terrible y el relato cambia el foco desde el realismo laboral, al cine catástrofe. Pero es un cine catástrofe de alguna manera pequeño. La puesta es una plataforma en el medio del océano. No me malinterpreten tampoco,  las explosiones son enormes – algo aprendió Berg de Miguel Bahía – pero no es un maremoto que se va a comer Nueva York.

La escala humana al asunto se la da el personaje de Mark Whalberg. Vemos a su familia, su esposa es la eternamente linda Kate Hudson (hija de Kurt Russell), y a su simpática hija, lo que nos permite la escena didáctica de la película. Escuchamos las charlas familiares. Su relación con los compañeros, su ética laboral, que es el basamento de la película: “la esperanza no es una buena estrategia”. Es uno de los personajes heroicos del relato, ya que salva a muchos de sus compañeros, pero no es el único. Su protagonismo es ejemplificador. La clase trabajadora sabe que la jerarquía capitalista juega a los dados y ellos pagan los platos rotos.

Y es aquí donde Berg tira una pirueta interesante: el famoso Vidrine presiona, pero es Mr. Jimmy, el Jefe de los operarios el que termina decidiendo. Lo evidencia en el respeto que tienen los trabajadores por su líder. “No voy a hacer nada sin la bendición de Mr. Jimmy” dice el Capataz Perforador a Vidrine. Y Mr. Jimmy bendice.  Lección: no nos deben que preocupar tanto los ataques externos como las claudicaciones internas. O algo así, dijo Jauretche.

De cualquier manera, no es una película que cuestione al capitalismo; la dirige el Texano Berg. Pero para ser justos, se podría hacer una película parecida con Chernobyl. Lo importante es que la sumatoria de truenos siempre anuncian una tormenta. Y si te jugas la vida, ponete piloto.

Posdata: ¿Cuánto ganan los trabajadores petroleros? No importa, es poco.

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