Reseña: Londres bajo fuego

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El eterno y terrible mensaje de una sociedad paranóica

En una época donde los gobiernos de ultra derecha pugnan por volver a tomar el control de Latinoamérica, y los Estados Unidos se preparan para un cambio presidencial, hace su aparición una película que pronuncia un mensaje claro, fuerte y directo sobre la supremacía norteamericana hacia el resto del mundo.

Londres bajo fuego (2016) es el tercer largometraje del director iraní, devenido en perrito faldero de Hollywood, Babak Najafi. A pesar de estar muy bien filmada, las escenas de acción tienen una espectacularidad notable, debido a la ideología profesada, en el mundo las críticas a esta película han sido casi todas negativas por unanimidad;  aunque también ha contado con el apoyo de medios de ultraderecha que tratan de defender lo indefendible tildándola de parodia del género. Y es que el mensaje que predica esta película es sencillamente terrible, para no andarnos con rodeos, los Estados Unidos han dejado de ser uno de los salvadores de la Libertad y la Democracia para convertirse en los únicos capaces de hacer frente a todo tipo de ataques contra el Sistema de Vida Occidental, y en propias palabras del protagonista a uno de los terroristas de turno “Ustedes no se dan cuenta de que no somos un solo hombre, y cuando pasen más de cien años todavía seguiremos aquí”. Con este seudo discurso se consolidan las intenciones norteamericanas de ejercer su hegemonía sobre todos los países del mundo.

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El argumento en cuestión plantea el intento de asesinato del Gobierno de los Estados Unidos a uno de los terroristas más buscados, Aamir Barkawi, al que previamente habíamos visto dando una enseñanza a su hijo, de cómo debe ser la venganza: total y absoluta, como si de estas líneas de diálogo simple y vacío dependiera la identificación negativa con el personaje. Como si esto sólo justificara el accionar del Gran País del Norte y de todos sus aliados. “Debido a un error involuntario de la inteligencia norteamericana”, bombardean un lugar donde hay muchos civiles, incluida la hija de Barkawi, falleciendo todos menos éste; por si no lo sabe, estimado lector, este tipo de bajas en la jerga militar se denomina daño colateral. Pasan dos años y muere el Primer Ministro Inglés, por lo que los mandatarios de los principales países del mundo deben salir de la seguridad de sus fronteras para migrar por tres días a Londres en señal de respeto por la muerte de su colega. En una secuencia bastante naif, vemos a los máximos gobernantes de algunas potencias mundiales dirigirse hacia el sitio donde tendrá lugar el sepelio, todos con poca guardia, menos el norteamericano que tiene a su disposición vehículos blindados, helicópteros y un dron que lo sigue a todas partes. Mención aparte merece el Primer Ministro italiano que aprovecha la ocasión para enredarse sentimentalmente con su secretaria, en una clara referencia a Berlusconi. Mientras vemos cómo se desarrolla el recorrido de todos los gobernantes, se activa el plan de venganza de Barkawi y apreciamos como cada uno de ellos va siendo eliminado, secretaria incluida, a la par que explotan varias bombas por toda la ciudad. Con posterioridad nos enteramos que el Primer Ministro Inglés también fue una víctima y que murió envenenado, como parte del maléfico plan de los terroristas. Como era de esperarse, el presidente de los Estados Unidos se salva por muy poco, pero pierde toda su custodia, menos al héroe de turno, que además es su mejor amigo, debiendo escapar por toda la ciudad para preservar su vida. El desarrollo de toda esta peripecia sirve además para demostrar lo que se viene percibiendo desde el comienzo de la película, que los únicos preparados para hacer frente a este tipo de amenaza masiva son los norteamericanos. Para hacerla corta, porque este film no merece muchas más líneas, luego de la batalla final donde el “presi” es rescatado definitivamente, desde la Casa Blanca descubren el verdadero sitio donde se oculta Barkawi y lo bombardean asegurándose de que esta vez no haya ningún, pero ningún civil cerca; no sea cosa de cometer el mismo error otra vez. A modo de epílogo, el vicepresidente de EE.UU. emite un discurso dirigido a todos los “amigos del mundo” donde justifica su accionar y critica a quienes dicen “que todo esto no habría pasado si los Estados Unidos se ocuparan de sus asuntos” porque lo peor que pueden hacer en un mundo lleno de peligros es no hacer nada, y ellos le deben a las generaciones venideras involucrarse en lo que pasa en el mundo, con la bendición de Dios como aval.

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Con esta nota no pretendo justificar las acciones del terrorismo, al que no adhiero en ninguna de sus formas, pero me indigna sobremanera como se simplifica, trivializa y se lleva a un nivel de entretenimiento vacío un problema tan complejo como el terrorismo mundial; y se aprovecha para emitir un mensaje que muestra a las claras las intenciones del gobierno de un pueblo paranoico, que ve potenciales enemigos en todos lados y que se considera con derecho a plantar su bandera en cada rincón de tierra de este planeta con el pretexto de salvaguardar la Libertad; paranoia que fuera tan bien representada y explicada en el documental de Michael Moore, Bowling for Columbine (2002).

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