HATE REVIEW: Trece Horas

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Hay directores de cine, autores, que a lo largo del tiempo y con la producción casi anual de películas, terminan alternando buenas y malas. Uno de los mas renombrados en este subibaja constante es Ridley Scott. Si entramos en el perfil de IMDB del capo detrás de “Alien” y “Blade Runner”, podemos ver que desde el 2000 en adelante filmó casi una película por año. Ni hablar de las que produjo. De esas quince películas, podemos decir que excelentes son un par. Muy buenas otro par. El resto es entre bueno, mediocre y malo.

Esto viene a cuento de otra cosa. Scott, filma mucho. Y no todas las películas que hace son buenas. Pero jamás se le puede criticar la técnica. A nivel estrictamente fílmico, son prácticamente todas ellas impecables (capaz “The Counselor” es medio un despioje).

Acá es donde hay que empezar a hacer ecuaciones.

 

¿En que momento a Michael Bay dejó de importarle su reputación, los espectadores y en definitiva, el cine, para que todas sus películas sean un desastre en todo aspecto?

 

No lo sabemos. Pero “Trece Horas” no solo no es la excepción. Es un papelón en toda regla.

 

PELICULA: Trece Horas

PRODUCTOR: 3 Arts Entertainment

AÑO: 2016

 

Escándalo en Libia

A mi se me ocurre que un fin de semana, Bay, acostado con su esposa en su cama ultra dictator size, en su millonaria mansión, estaba boludeando en Netflix, y encontró “Homeland”. “Vamos a ver que onda esto, dicen que es buena”. Para el final de la cuarta temporada estaba maravillado. En su mente se engendraba una idea. En bata, tomando un milkshake, fue a la puerta de su casa tras escuchar el timbre. El correo. Blu-rays de cortesía. “Zero Dark Thirty”, “Sicario”, “American Sniper” (seguramente, no mandan correos tan temáticos las productoras, pero jueguen conmigo).

Habiendo terminado de bingear “Homeland” y ya habiendo llamado a todos sus productores amigos, dispuestos una vez más a abrir sus billeteras por el noble americano, con el teléfono en el hombro, pone American Sniper. Está en espera cuando empieza la acción. Extasiado, deja que el tubo se le deslice por el hombro. “THIS-IS-AWESOME”.

Su esposa ya esta dormida, la mesa de luz rebosa de milkshakes y apple-pies, y Bay ya ha visto todas las películas. No puede dejar de pensar en tiros, explosiones, y secuestros. El insomnio de la emoción hace que prenda su Xbox One. Entre los blu-rays tambien estaba el Battlefield 4 y Call of Duty Ghost, GOTY Edition. Al mediodia, la luz solar alumbra sus ojeras por los caros ventanales. Michael Bay alucina.

¡Ding Dong!

El periódico golpea la puerta. El paper-boy arranca con su bicicleta.

Bay suelta el control y abre la puerta. Con una taza de café lee los titulares:

“Hablan los sobrevivientes de Benghazi”.

Y abajo:

“Hillary Clinton lidera las encuestas para las primarias de Ohio”.

Bay llora por los patriotas. Imagina una bandera americana siendo baleada por terroristas insurgentes libios.

Llama al primer productor que le dijo que ponía 25 millones para su próxima película y le dice: “Diganle a Krasinski que empiece a hacer abdominales”.

Bay ya tiene una idea de plot en la cabeza. La crisis de la embajada y la CIA en Benghazi, Libia. Pero esta vez quiere hacerlo bien. Viene sufriendo duras –e injustas según él- críticas por sus últimas doce películas. El genera entretenimiento y lo recompensan con malas críticas. Pero a la vez, sus cintas llenan los cines a reventar. Vende miles de millones de entradas. Y por eso los productores le dejan bolsas llenas de dólares frente a su puerta.

Le pide a un mensajero que le traiga alguna novela sobre el tema.

El mensajero, dispuesto a una buena propina, busca en Google sobre el tema. Encuentra uno de un periodista bostoniano: “Trece Horas: El relato interno de lo que verdaderamente ocurrió en Benghazi”.

Media hora después llega a la casa del director, que lo recibe todavía en bata y comiendo un balde de KFC.

Bay comienza a leer el libro y lo deja por la mitad:

“Le falta diálogo”.

Tiros y explosiones

Agarren todo lo malo de “Homeland” (que es poco). Todo lo que detestaron de “Zero Dark Thirty”, “American Sniper”, “The Hurt Locker” y “Black Hawk Down”.

A todo eso, súmenle miles de tomas en slow-motion, frases y diálogos horribles que de ninguna manera sucedieron en la vida real (lo dicen los protagonistas reales), una edición espantosa conjurada por algún editor de videojuegos en cocaina, y el septeto de personajes principales mas plano del cine, y consiguen “Trece Horas”.

Esta película, este argumento, podía terminar siendo un peliculón digno de ganar premios. En manos de Michael Bay es una película que da vergüenza ajena minuto a minuto.

Arranca con una explicación de la situación, porque Bay entiende que su público, el gordo cervecero yankee, esta a un golpe del retraso mental, y necesita explicarle fácil qué pasó y qué va a pasar.

Después de la explicación con placas, pasamos a una voz en off y a la imagen del ex soldado Jack Silva (Krasinski, que quiere echar a perder su carrera) que ahora es algo asi como un contratista de seguridad/mercenario/loquesea. Esto nunca queda claro en realidad. Silva esta asistiendo por llamado de su amigo (BRO BRO BRO BROOOO) Tyrone Woods interpretado por el siempre cara de malo James Badge Dale (es uno de los malos de Iron Man 3).

La situación no es clara para nada. Benghazi, después de que EEUU ayudó a los insurgentes a terminar con el régimen de Gadafi, es un polvorín. La seguridad está a cargo de “17 de febrero”, los insurgentes libios amigos de EEUU, y el grupo de elite GRS hace seguridad a la CIA que está escondida en un refugio recopilando información a cargo del personaje idiota de siempre de Bay, el jefe de sección Bob (David Costabile, Gale Boeticcher en “Breaking Bad”).

Rapidamente, la situación se va al carajo cuando llega el embajador americano a Libia. El resto es historia. Los soldados aguantan un tiroteo de trece horas en el refugio de la CIA hasta que llegan los refuerzos.

Bay, que claramente, estaba jugando al Battlefield, eligió contar la batalla dividiendo a los enemigos en oleadas. Primera oleada, segunda oleada, tercera oleada y asi.

Un espanto sin cohesión interna, editado por el hombre manos de tijera, inentendible, doloroso a la vista, actuado horriblemente por unos actores a los que les hacen decir frases sacadas del libro de peores frases de Bruce Willis.

La película está a dos pasos de:

  • Le tiraste con un helicoptero.

-Es que se me acabaron las balas.

 

ASÍ DE MALA ES.

 

Conclusión

No se les ocurra tirar la plata en esta porquería inenarrable de mensaje confuso (¿Es pro guerra? ¿Es pacifista? ¿Está criticando la posición de EEUU?). Sería ideal que el sindicato de directores le saque la licencia a este ladrón infame que es Michael Bay y que todos los actores que pasaron por sus garras sean derivados a una granja de rehabilitación. De desastres como “Trece Horas” no se vuelve jamás.

 

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