¿Conoces Carcosa? – Sobre True Detective, la filosofía y el horror cósmico

“El futuro del cine está en las series de televisión” es una de las frases más repetidas de los últimos tiempos. Posiblemente sea una afirmación un poco desmedida, pero eso no significa que está demasiado alejada de la realidad. Hollywood parece quedarse sin ideas y apuesta por reciclar lo viejo sin arriesgarse en lo más mínimo. Mientras series como Breaking Bad, GoT o Mad Men están al mismo nivel que los mejores productos de la industria en cuanto a aspectos técnicos, por otro lado demuestran estar un paso más allá que la mayoría de las producciones que ofrece Hollywood cuando se trata de llevar a la pantalla pequeña un guion original con una narrativa arriesgada, climas ultra densos y actuaciones sobresalientes.

La sombra de Twin Peaks, aquella obra maestra de David Lynch la cual junto a X Files cambiaron nuestra forma de mirar series, se alarga hasta nuestros días. A pesar de que actualmente contamos con varias series de alta calidad emitidas al mismo tiempo, el inicio de Twin Peaks sigue siendo fuente de inspiración para los policiales actuales: The Killing comienza en el momento exacto en que una detective encuentra el cadáver de una joven asesinada, la nueva serie producida por Shyamalan llamada Wayward Pines, trata sobre la extraña desaparición de un agente del FBI en un pequeño pueblo donde todo se vuelve cada vez más insólito y misterioso.

Lo que nos lleva directamente al inicio de True detective: (una vez más) una joven es encontrada asesinada en un pueblito sureño del estado de Louisiana y todo parece indicar que fue víctima de algún culto practicante ritos satánicos. Los detectives Martin Hart (Woody Harrelson) y Rust Cohle (Matthew McConaughey) son los encargados de resolver el caso. La simbología satánica/pagana, lo extraño del asunto y el pequeño pueblo donde ocurre, remiten directamente a la serie de Lynch, donde otra vez se hace carne la frase “pueblo chico, infierno grande”. Lo que se narra en True detective es una historia oscura y densa en la que rednecks ignorantes, puritanos y cristianos moralistas conviven con pedófilos, asesinos, adoradores de cultos extraños y en algunos casos es la misma persona quien encarna ambos papeles. Verdugos y víctimas cohabitan como vecinos. Las víctimas se transforman en victimarios, en un lugar donde la ignorancia, la misoginia y la vergüenza llevan a los habitantes a hacer la vista gorda y esconder la basura bajo la alfombra.

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La trama está estructurada en dos relatos paralelos, dos líneas de tiempo que se van alternado para hacer viajar al espectador al pasado y presente mediante flashbacks y raccontos. Por un lado se narra la historia ubicada en el año 1995, momento en que ocurre el asesinato y los detectives comienzan a trabajar juntos, y por el otro, el espacio/tiempo del presente diegético ubicado en el año 2012, período en que ambos detectives son interrogados por policías que investigan nuevos asesinatos con una aparente conexión con el caso del año ´95. En este tipo de narración fragmentada en dos líneas de tiempo paralelas y un par de detectives obsesionados con un asesino enigmático es donde se puede ver claramente la influencia de Zodiac (2007) de David Fincher. La línea temporal predominante en los primeros capítulos es el pasado que cuentan en esas entrevistas Martin Hart y Rust Cohle. Durante la investigación descubren que la víctima era una prostituta, lo que los lleva a buscar en carreteras y dentro del submundo criminal en el que se cruzan con neonazis, traficantes, psicópatas, ocultistas, hombres poderosos y religiones extrañas, todo bajo un cielo grisáceo y abrumador que parece aplastar el espíritu a las personas con su densidad. Los datos recogidos conectan el descubrimiento del cadáver de la prostituta desnuda, rodeada de símbolos extraños y con cuernos de animal coronándola,  con el asesinato de una niña ocurrido unos años antes, llevándolos a la conclusión de que se enfrentan a un asesino en serie que practica ritos vudú, muy típicos de las zonas pantanosas del sur de los Estados Unidos.

Sin embargo, lo que hace realmente interesante a la serie no es precisamente su costado de policial con incógnita, sino sus referencias a la psicología Jungiana y la filosofía Nietzscheana, su acercamiento al género gótico sureño mezclado con una especie de neo noir metafísico, las sutiles referencias a las teorías del filósofo del terror Thomas Ligotti, y el horror cósmico de Lovecraft. Pizzolatto toma la mitología iniciada por Ambrose Bierce y la incluye hábilmente en su relato. A finales del siglo XIX, Bierce publica un cuento titulado Un habitante de Carcosa, en el que narra una extraña historia sobre un espíritu perdido en “las ruinas de la antigua ciudad de Carcosa”, donde se topa con su propia tumba en un antiquísimo cementerio. Finalmente no enteramos que la historia le está siendo transmitida a un médium a través del espíritu de un tal Hoseib Alar Robardin. Quien retoma unos años después la narración de Bierce es Robert W. Chambers, escritor que comienza a darle forma a la mitología en su libro de cuentos titulado El rey de amarillo. Allí se describe al monarca del horror como una deidad maldita, vestida con andrajos amarillos, el hijo de Hastur que habita en Carcosa y ante quien se arrodillará la humanidad bajo el cielo de estrellas negras. Por último, es H. P Lovecraft quien vuelve a la mitología comenzada por Bierce y continuada por Chambers. No solo como un homenaje desde la simbología, el horror cósmico y la similitud entre el libro que contiene la obra de teatro maldita de El rey de amarillo y el Necronomicón, pieza fundamental de la mitología lovecraftiana, sino también a partir de las referencias directas a obras antecesoras: en el relato El que susurra en la oscuridad (perteneciente al ciclo de Los mitos de Cthulhu) el protagonista recibe una extraña carta en la cual se menciona El lago de Hali (parte de la geografía de Carcosa) y se habla del signo amarillo.

 

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Ahora ¿Cómo se conecta esto con True Detective? Básicamente porque conforme avanzan los capítulos ya no solo se insinúa la presencia del Rey Amarillo y la oscura Carcosa, sino que directamente se los integra como parte fundamental del relato. Pongamos algunos ejemplos claros: las estructuras circulares se hacen presente en cada capítulo, desde los símbolos grabados a cuchillo en la piel de las víctimas, pasando por la bandada de pájaros volando en forma circular que ve Rust en una de sus alucinaciones, las espirales que dibuja la hija pequeña de Hart, el circulo que tiene tatuado Errol Childress en la espalda, o la vorágine espiralada que un Rust entre la vida y la muerte observa en Carcosa. Volviendo al cuento El que susurra en la oscuridad de Lovecraft, allí encontraremos que se habla de una grabación de los susurros a los que alude el título, y se menciona la morada de un antiguo dios que es descripta como  “una vorágine en el espacio”, exactamente lo que ve Rust en esa epifanía moribunda. ¿Acaso fue la espiral de Hastur/Azathoth lo que presenció Rust al final del camino? Asimismo, Pizzolatto hace referencia franca a la mitología de Chambers, tomando y reproduciendo pasajes del libro en distintos capítulos de la serie. Además de reproducir un texto tomado del cuento El signo amarillo (un metatexto que forma parte de “El canto de Casilda en El rey amarillo, Acto 1 Escena 2”, y a su vez es parte de ese otro texto de ficción que es libro de Chambers, para también formar parte de otra ficción llamada True Detective) hay diálogos que remiten claramente a los cuentos antes mencionados: cuando Marti Y Rust por fin detienen al primer sospechoso de los crímenes, un tal Reggie Ledoux, este comienza a lanzar una serie de frases que parecen incoherentes y febriles, pero que más adelante cobraran un significado preciso. “Las estrellas negras ascienden. Sé lo que va a pasar ahora. Te vi en mi sueño. Ahora estas en Carcosa conmigo.”

El asesino que buscan en el año 2012, es descripto como un ser deformado, con cara de spaghetti, dibujado con una especie de fideos que le cuelgan del rostro, como si fuesen tentáculos. El gran dios de la mitología lovecraftiana, el inmortal Cthulhu, es representado como un ser escamoso con cabeza de pulpo y un rostro lleno de tentáculos.

Cuando finalmente se enfrentan al verdadero asesino dentro de las profundidades de Carcosa, primero puede verse claramente al final del camino un muñeco moldeado con ramas y vestido con andrajos amarillos, y cuando el verdugo sorprende a un Cohle perturbado por la visión de nebulosas espiraladas en el cielo, este le dice “quítate la máscara”. Para quien nunca leyó el cuento La máscara, del libro El rey de amarillo, posiblemente la frase no tenga mucho sentido, pero el hecho de que ese cuento comience con un breve fragmento de la obra de teatro en la que el personaje Camilla dice “Señor, debería quitarse la máscara…en verdad ya es hora. Todos nos hemos despojado de los disfraces salvo vos”, resignifica todo. La escena en la que Martín y Rust tienen esa charla promediando los minutos finales del último capítulo en la que hablan sobre las estrellas negras, están haciendo referencia directa al final del cuento En la corte del dragón, del mismo libro de Chambers.

Finalmente, como última referencia (da la sensación de que si uno quisiera podría seguirlas buscando indefinidamente), tenemos a un personaje que hace referencia directa a la mitología litería del trío Bierce-Chambers-Lovecraft, cuando pregunta le pregunta sin más rodeo a uno de los detectives “¿Conoces Carcosa?”.

Todo esto no hace más que acrecentar la mística que se teje alrededor de la serie. Y si además le sumamos que Ambrose Bierce, el creador de la mítica –y mística- Carcosa desapareció en México en circunstancias misteriosas y que muchas personas creen en la existencia real del Necronomicón por lo que se toman bastante en serio tanto la mitología de Lovecraft como la de Chambers, estamos ante una serie que ya es de culto y seguramente va a ser estudiada y revisitada durante largo tiempo.

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Otro de los puntos altos de esta serie es el impresionante trabajo actoral de Harrelson y McConaughey. Ambos componen personajes fuertes, con matices, atractivos desde distintos puntos de vista, con personalidades extremas y opuestas. Hart (Harrelson) es el hombre básico, un padre de familia al que le gusta la cerveza, el futbol y engañar a su (hermosa) mujer con secretarias pechugonas y prostitutas adolescentes. Rust es un existencialista amargado, un alma nietzscheana, un intelectual depresivo y borracho. Antisocial, asceta y alucinado, Rust Cohle satura de soliloquios filosóficos a su compañero, quien termina pidiéndole que se calle porque lo deprime, pero principalmente porque no lo comprende y tampoco tiene interés en hacerlo. Marty tiene una vida perfecta pero está insatisfecho con ella, aunque no sabe bien por qué. Rust es un adicto al trabajo a quien le gusta coquetear con la muerte y se obsesiona con los casos. Ambos están en una búsqueda más profunda que la que se muestra en la superficie. Sí, quieren atrapar al asesino con toda su alma, pero también están buscando su identidad y piden por redención.

 

Y para eso se embarcan en un viaje conradiano al corazón de la tinieblas que llaman Carcosa, un descenso no solo a las profundidades de los pantanos de Lousiana y de los peores secretos de un pueblo, sino también hacía el lado oscuro del alma humana. Si la frase de Nietzsche “Quien con monstruos lucha, cuide de convertirse a su vez en monstruo” parece resonar como una advertencia en el inconsciente tanto de protagonistas como espectadores, la sentencia “cuando miras largamente al abismo, el abismo te devuelve la mirada” del mismo filósofo alemán cobra un brutal significado para uno de los detectives: Hart, un hombre simple que por lo visto nunca ha lidiado con situaciones tan oscuras, es quien sufre los efectos de esa mirada que le es devuelta cuando observa dentro de un contenedor y lo que ve lo lleva a volarle la cabeza a Reggie Ledoux, o cuando es castigado una vez más por atreverse a mirar fijamente al abismo y la mirada que este le devuelve lo alcanza en forma de imágenes de video que se tornan aún más perturbadoras porque nunca se muestran, quedando libradas a la imaginación del espectador.

“A todo individuo síguele una sombra, y cuanto menos se halle esta materializada en su vida consciente, tanto más oscura y densa será…constituye un obstáculo inconsciente que hace fracasar los empeños mejores intencionados. Con nosotros llevamos nuestro pasado, es decir al hombre primitivo inferior, con sus apetitos y emociones, y tan solo nos es dable librarnos de este peso mediante un esfuerzo enorme”, dice C. G. Jung en su libro Psicología y religión. La sombra simboliza el “otro aspecto”, el “oscuro hermano” del ser humano. Solo cuando Rust y Cohle se atreven a enfrentar a su sombra (sus peores defectos, su pasado oscuro) y aceptarla como parte de su ser, pueden afrontar a la maldad pura, el rey amarillo que mora en la profundidades de Carcosa, y así librarse del peso de su sombra.

A pesar de todo este delirio, True detective entrega un clímax con la mayoría de los componentes del policial clásico, un final feliz y una trama no del todo resuelta, pero casi. Podrían tomarse los elementos que hacen al psicoanálisis del mito clásico en el libro El héroe de las mil caras (J. Campbell) y veríamos que cada uno de ellos es aplicable a la estructura narrativa de esta serie. Al final, detrás de tanta mitología y referencias al horror cósmico, lo que queda es un final tradicional con un antagonista de lo más terrenal, lo que eleva los niveles de terror de la serie porque nos hace creer que este asesino psicópata tranquilamente podría ser nuestro vecino.

En una de sus tantas entrevistas, Nic Pizzolatto hace referencia a la famosa “teoría del iceberg” de Ernest Hemingway, y en True detective todo lo que se esconde bajo el iceberg, las teorías, las mitologías y referencias a la literatura de horror, el viaje psicológico y el enfrentamiento de los protagonistas con su propia sombra termina siendo lo más importante. El asesinato inicial (que al final es lo que menos importa) actúa como una especie de MacGuffin para que el espectador pueda disfrutar de un viaje intenso, oscuro, épico, en el que los protagonistas, después de descender a los infiernos en busca de su particular corazón de las tinieblas, regresan totalmente cambiados.

Resulta extraño que estas épocas en las que una serie por lo general pasa por varias manos, True detective haya sido ideada y guionizada por Nic Pizzolatto, y dirigida por un solo director, Cary Joji Fukunaga, lo que es, no solo una apuesta fuerte de parte de los productores, sino la posible respuesta al por qué en tan solo ocho capítulos se pudo lograr una serie de un nivel superlativo, la cual hoy en día ya es considerada de culto. La fotografía preciosista o el plano secuencia al final del cuarto capítulo, prodigio técnico que debería utilizarse como material de ejemplo en las escuelas de cine para enseñar cómo, cuándo y por qué motivo deben realizarse este tipo de planos, son la frutilla de este postre denso, sombrío, pero plenamente disfrutable.

 

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