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Laberinto de Espejos #6: Los «colados» de la historia, de la angustia de Zelig a la suerte de Forrest

¿Vieron esa sensación de mirar una foto vieja de un evento histórico y pensar: «qué loco sería haber estado allí»?

Hoy en el laberinto vamos a hablar de dos personajes que no solo estuvieron, sino que se codearon con presidentes y leyendas, aunque por razones muy distintas.

El rescate: Zelig (1983)

Empezamos con una de las genialidades más absolutas de Woody Allen: Zelig. En una época cuando no existían el Photoshop ni los efectos digitales modernos, Allen logró algo que todavía hoy te deja con la boca abierta. Para crear al «hombre camaleón», un tipo que de tanto querer encajar y ser aceptado terminaba transformándose físicamente en quien tenía al lado, se apoyó en el ojo maestro del director de fotografía Gordon Willis (el mismo de El Padrino). Usando cámaras viejas, rayando el celuloide, imitando lentes de los años 20 y mezclando a actores con material de archivo real, logró una pieza de orfebrería artesanal insuperable.

La película es un «falso documental» pionero. Pero detrás de la magia técnica, hay una angustia existencial tremenda: Zelig es el símbolo de la pérdida de identidad. Se pierde a sí mismo para que los demás lo quieran. Es una sátira ácida sobre la necesidad de pertenecer a la masa.

El reflejo: Forrest Gump (1994) y la revolución digital

Damos un salto de diez años y el espejo nos devuelve una imagen mucho más colorida y épica: Forrest Gump. Acá Robert Zemeckis tomó el concepto de «colar» al protagonista en la historia, pero lo hizo empujado por la revolución digital y el uso masivo del chroma key, y mete a Tom Hanks dándole la mano a Kennedy o hablando con John Lennon. Esa manipulación digital marcó un antes y un después en cómo el cine mainstream reescribía la memoria oficial de Estados Unidos.

Acá el espejo se deforma de manera interesante. Mientras Zelig es un hombre que sufre por no tener personalidad, Forrest es un tipo con una personalidad inquebrantable que atraviesa la historia norteamericana casi sin darse cuenta. Zelig cambia para que el mundo lo acepte; Forrest cambia el mundo simplemente siendo él mismo, con su inocencia a prueba de balas.

Truco vs. alma

Si las ponemos frente a frente, las diferencias son fascinantes:

  • La técnica: En Zelig, el truco es artesanal, una labor de orfebrería fílmica para emular una reliquia encontrada en un altillo. En Forrest Gump, el truco es un despliegue de efectos visuales de vanguardia que buscaba deslumbrar y decir: «miren lo que podemos hacer ahora».
  • El porqué: Zelig está en los eventos históricos porque es un síntoma de una sociedad enferma que busca líderes y espejos donde reflejarse. Forrest está ahí por puro azar, como una pluma que vuela y aterriza en los momentos clave, dándonos una versión nostálgica y amable del pasado.

¿Qué nos dice este laberinto hoy?

Ver estas dos películas juntas es preguntarnos cómo nos paramos nosotros frente a la historia y frente al espejo actual. ¿Somos camaleones como Zelig, tratando de mimetizarnos desesperadamente con el algoritmo del feed, la híper-performance digital y las modas efímeras para no quedar afuera del sistema? ¿O somos un poco más como Forrest, caminando con nuestra propia lógica, aunque el mundo alrededor esté prendido fuego?

Si quieren ver cómo el cine puede «mentir» de forma artesanal para decirnos una verdad incómoda sobre la alienación, busquen Zelig. Y si quieren ver cómo esa misma tecnología se convierte en una fábula emocionante sobre el destino, vuelvan a Forrest Gump.

Al final, todos somos un poco «colados» en nuestra propia época, intentando descifrar qué clase de reflejo queremos devolverle al mundo.

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