RAPSODIA VIOLENTA – Logan, una oda al dolor

“Nadie sabe que sucedió la noche en que cayeron los héroes. Sólo sabemos que desaparecieron, que triunfó el mal y que, desde entonces, los chicos malos han tenido la última palabra. El misterio más grande de todos es qué le pasó a Wolverine. Algunos dicen que lo lastimaron como jamás nadie había sido lastimado. Otros, que sólo se cansó de tanto luchar y se retiró para vivir una vida plena. Sea como sea, no ha levantado la voz ni ha sacado las garras en casi 50 años. Sus viejos amigos apenas lo reconocerían ahora.”

Con estas palabras comienza el comic Old man Logan (El viejo Logan, 2010), un What if o versión alternativa del Universo Marvel y sus personajes fuera de toda continuidad mainstream, una especie de carta blanca que le permite a los guionista romper y destripar todo sin miedo y ni culpa. Ese “Nadie sabe que sucedió la noche en que cayeron los héroes” viene a reemplazar el clásico “había una vez” de los cuentos infantiles, para narrar una fábula cruda, violenta y adrenalítica. Old man logan –OML a partir de ahora- es una historia de redención, palabra clave para esta etapa de Wolverine de la que estamos hablando.

Antes de continuar con el análisis de la última película del mutante más popular de Marvel, deshagámonos de un mito: Logan no está basada OML. Sería mucho más honesto decir que el guión de Logan toma prestados uno o dos aspectos y situaciones iniciales del comic, y con eso construye una trama distinta y original.

Es cierto que mientras se rodaba Logan y comenzaban a circular los rumores –acrecentados por los sucesivos teasers y trailers- se decía que “la película está basada en el comic Old man Logan”, y hasta cierto punto parecía cierto…hasta el día del estreno de la película, momento en el que se pudieron ver las enormes diferencias entre el comic de Mark Millar y Steve McNiven y la película de James Mangold. En OML el protagonista es un pacifista que vive como un granjero con su familia y se niega a sacar las garras para lastimar a nadie. La película de Mangold, en cambio, comienza de manera brutal mostrando a un Logan al que algunos pandilleros le hacen pasar un mal rato a los golpes, hasta que el mutante pierde los estribos y los destripa sin piedad. Pequeña diferencia: un Logan se niega de manera rotunda a usar las garras hasta promediado la mitad del comic, el otro las desenfunda con furia asesina a los 3 minutos de haber empezado la película.

El derrotero que siguen ambas historias no podría ser más distinto: en el comic es un viejo (y ciego) Clint Barton A.K.A Hawkeye quien convence al otrora X-Men de atravesar todo un estado oficiando de su chofer –por razones obvias- para entregar un misterioso paquete. En este sentido OML es una road movie distópica, un western post-apocalíptico lleno de antiguos héroes derrotados y venidos a menos y nuevos villanos conocidos. Logan se transforma en una road movie a partir del primer punto de giro, y no hay héroes conocidos ni villanos venidos a menos, más allá de un anciano Charles Xavier o Caliban, personaje que se intuye desconocido para la gran mayoría de espectadores no-comiqueros.

Por lo tanto, asegurar que Logan está “basada” en OML, es cuanto menos una exageración.

Logan es la tercera de una trilogía que tiene como protagonista al mutante de las garras de adamantium -iniciada con la fallida X-Men origins: Wolverine (2009, Gavin Hood) y la aceptable The Wolverine (2013) también dirigida por Mangold-, y posiblemente se trate de la mejor de todas las películas de la historia cinematográfica de la Marvel. El hecho de que se trate de un What if, un posible futuro alternativo que no rompe ni desarma la -ya de por sí desastrosa- continuidad de la franquicia cinematográfica marvelita, es con seguridad un factor determinante a la hora de analizar el por qué esta película es una obra maestra. Tampoco pecaremos de inocencia extrema pensando que los guionistas (Michael Green, David James Kelly y el propio Mangold) tuvieron libertad total a la hora de escribir el argumento, pero está claro que quitar de la ecuación el problema de la continuidad –y la autonomía para romper a los protagonistas a su gusto- benefició la escritura del guión y enriqueció la creación de los puntos de giro, las peripecias y la evolución de los personajes Estamos ante la película de Marvel más violenta de todas las producidas hasta el día de hoy, y también la más arriesgada en cuanto al clímax y el destino de sus protagonistas.

ATENCIÓN, A PARTIR DE ESTE PARRAFO COMIENZAN LOS SPOILERS

 

Logan es un drama doloroso, un relato triste y oscuro. Si OML es un neo-western con superhéroes –el homenaje a Los imperdonables de Clint Eastwood se aprecia desde las primeras viñetas-, Logan es un drama con olor a western salvaje. Es una película clásica, sin pretensiones de originalidad o innovación, pero todo está tan bien narrado –desde el guión hasta la dirección- que poco importa; lo que ofrece Mangold es un tour de force ultra-violento, con el dolor y la redención como motores principales.

La trama es sencilla y sin muchas vueltas: Logan es un hombre mayor que trabaja como chofer y tiene a su cuidado a un anciano Charles Xavier (Patrick Stewart) que sufre de cierta enfermedad mental degenerativa que lo hace perder el control de sus poderes, lo que lo convierte en un arma de destrucción masiva viviente. En este futuro donde la mayoría de los mutantes se han extinguido, Logan vive junto al albino vampiresco Caliban (Stephen Merchan), uno de los últimos homo superior vivos, con el poder de rastrear a otros mutantes. Ambos cuidad de Xavier manteniéndolo drogado y encerrado en un domo por su propia seguridad y la de todo el planeta. Cuando una mujer y una niña especial llamada Laura le piden su ayuda y un grupo de paramilitares de la compañía Transigen liderados por Donald Pierce (Boyd Holbrook) comienza a darle caza buscando llevarse a Laura, Logan, Xavier y la niña escapan y es a partir de ese momento cuando comienza la verdadera aventura. Cabe destacar que Pierce es un villano de poco peso, un posthumano que no parece estar a la altura ni de Logan ni de Laura, pero los conflictos internos de los personajes y la aparición de un nuevo némesis implacable suplantan la carencia de poder, locura y megalomanía que cabría esperan en el villano de una película que tiene como protagonista a Wolverine.

Un de las maneras más sencillas de entender hasta qué punto Logan es un relato clásico la encontraremos tomando como  marco referencial para su análisis el viaje del héroe o monomito –una especie de patrón narrativo que se encuentra en la gran mayoría de las fábulas, leyenda populares y relatos épicos de la historia de la humanidad- descripto por el mitólogo Joseph Campbell en su imprescindible ensayo El héroe de las mil caras (1949)  veremos que el guión de la película se ajusta a cada uno de los primeros 9 pasos del viaje/aventura:

  1. Mundo ordinario. La vida cotidiana del héroe antes de la aventura: Logan trabaja como chofer.
  2. La llamada de la aventura. Al héroe se le presenta un problema, desafío o aventura: una mujer y una niña le piden ayuda.
  3. Reticencia del héroe o rechazo de la llamada. El héroe rechaza el desafío o aventura, principalmente por miedo al cambio, y se repetirá con insistencia hasta que este lo acepte: Logan se niega a ayudar a la mujer y a la niña que insisten en su pedido.
  4. Encuentro con el mentor o ayuda sobrenatural. El héroe encuentra un mentor que lo hace aceptar la llamada y lo informa y entrena para su aventura o desafío: Logan es convencido por su mentor el profesor Charles Xavier.
  5. Cruce del primer umbral. El héroe abandona el mundo ordinario para entrar en el mundo mágico de la aventura: Logan, Xavier y la niña (llamada Laura) se escapan de sus perseguidores entrando a la aventura y transformando el viaje en road movie.
  6. Pruebas, aliados y enemigos. El héroe se enfrenta a pruebas, encuentra aliados y confronta enemigos, de forma que aprende las reglas del mundo especial y se hace más fuerte: Laura, Logan y Xavier encuentran aliados como la familia de campesinos que le dan asilo y enemigos como el clon de Wolverine.
  7. Aproximación. El héroe tiene éxito durante las pruebas y se aproxima a la guarida del enemigo: Logan y Laura llegan a destino después de varias batallas y mucha sangre. Hasta allí los persigue el enemigo para exterminar a uno y capturar al otro.
  8. La odisea o prueba definitiva. La crisis más grande de la aventura, de vida o muerte: La batalla final entre Laura, Logan y los niños dotados y los enemigos que les dan caza.
  9. Recompensa o premio. El héroe se ha enfrentado a la muerte, se sobrepone a su miedo y ahora gana una recompensa: Logan se enfrenta a la muerte, se sobrepone a su miedo en la batalla contra su clon pero a pesar de no poder escapar a la muerte, gana su recompensa: sentir amor por una hija. Logan fallece feliz.

Hasta aquí los guionistas siguieron al pie de la letra los postulados del monomito, y esta es otra de las razones por las que el relato funciona tan bien: el camino del héroe es un esquema que entretiene y entusiasma al lector/espectador desde hace miles de años, y por lo visto aún sigue funcionando de manera impecable. Los últimos tres pasos son los que Logan nunca dará, por la misma razón que hace que el final de esta película –y el cierre de la trilogía- sea perfecto.

Mangold finalmente nos da un caramelo que muchos fans estábamos esperando. El Wolverine de Logan es el que siempre quisimos ver en pantalla grande: un animal salvaje, un guerrero sin control, un samurái desatado e impiadoso. El viejo Logan ha perdido las mañas pero no el instinto, y así como es capaz de matar a un ejército de enemigos de las formas más dañinas que se puedan imaginar, también es capaz de dar su vida por quienes ama. Wolverine es un personaje con matices, un hombre de acción, el antihéroe perfecto.

Ocurre algo cuanto menos curioso con esta película: cuando uno se sienta en la sala oscura frente a la pantalla gigante, se hace presente una especie de magia que no se suele dar con la mayoría de las películas de acción. Los films de este género abundan en golpes, tajos, explosiones, disparos y muerte. Como espectadores estamos inmunizados ante todo esto; vivimos saturados de violencia explícita, bombardeados por los noticieros, las redes sociales, el cine, la televisión y los comics. Nos encontramos insensibles ante tanto dolor y sufrimiento ajeno, y más aún si sabemos que lo que vemos es una ficción. Pero puedo apostar los diez dedos con los que estoy escribiendo esta nota que una aplastante mayoría de los espectadores sintió dolor ante cada golpe, corte y disparo que sufrido por Logan en esta película. Y esto no es algo casual. Más bien se trata de una empatía construida desde la realización a partir de las motivaciones, la evolución y las decisiones de los personajes principales.

Retomemos la primera escena para ejemplificar: Logan recibe una paliza por parte de un grupo de vatos locos, y esos serán los únicos golpes que como espectadores no sentiremos en carne propia. ¿Por qué? Sencillo: aún no tuvimos tiempo –ni motivos- para empatizar con el protagonista.

Sin embargo cuando profundicemos en su historia, su pasado, su drama y, lo más importante de todo, sus acciones, no podremos evitar sentir un dolor profundo ante cada golpe recibido por el mutante. Ver a un tipo hosco, un asesino nato, un antihéroe solitario apiadándose de una niña que no conoce, ayudando a un anciano Charles Xavier a ir al baño o alzándolo para llevarlo a la cama cual niño indefenso, saber que de alguna manera ahora es padre y tiene un profundo dolor interno, genera empatía de manera inevitable, o para decirlo en otras palabras, nos hace querer al personaje y sufrir con cada paliza que recibe.

Y como decía al principio de este texto, la redención y el dolor son los principales motores que hacen avanzar al protagonista y junto con él al relato.  Logan quiere morir pero no puede hacerlo sino hasta que Xavier muera primero. No lo puede –ni quiere- matar, por lo tanto está esperando que el anciano fallezca por causas naturales. Logan lleva siempre consigo una bala de adamantium, pero no puede suicidarse ni dejar que lo maten porque ahora, y hasta su deceso, Charles Xavier está a su cargo.

El hombre que educó a cientos de mutantes, el profesor que alguna vez supo ser la voz de la razón, ahora padece una enfermedad que lo convierte en el ser más peligroso del mundo, solo controlado por el encierro y los remedios -la ironía de las inyecciones: Xavier las usas para no enloquecer y acabar con todos los seres humanos y Logan usa las inyecciones para enloquecer y matar a todo el que se cruce en su camino-, al cuidado de Caliban y su alumno devenido en enfermero. Logan lleva el peso de la muerte de su mentor y el peso de la supervivencia de toda la humanidad sobre sus espaldas. Un peso que solo un ser como Wolverine puede soportar sin enloquecer. Pero este logan está viejo, derrotado, roto.  No tiene motivaciones ni ganas de luchar por el bien –sea lo que sea “el bien” en este futuro distópico para los mutantes- y solo sigue adelante por instinto, esperando a una parca que nunca llega.

Es por este motivo que tras la muerte de Xavier Logan obtiene el pase libre psicológico para acabar con su sufrimiento de manera rápida y eficaz, quitándose de encima el peso del mundo que le oprimía el pecho y le quitaba el aire, asegurándole una muerte lenta y llena de sufrimiento.

Pero a esta altura de los acontecimientos las reglas del juego han cambiado: hay nuevas motivaciones, aparecieron otros jugadores, y ahora Logan tiene una misión diferente: ayudar a Laura a escapar de los mercenarios de Transigen junto a sus jóvenes amigos. Logan pudo haber obviado su nueva misión quitándose la vida tras el deceso de Xavier, y esa hubiese sido una muerte triste, amarga. La redención, sin embargo, le ofrece un final doloroso pero feliz, un breve instante que parece valer más que todo lo vivido hasta el momento de su último aliento. Esta no es una redención cualquiera, es una redención crística: Logan sacrifica su cuerpo para salvar a los nuevos mutantes, expiando sus pecados y los de su especie. Logan, el redentor, muere clavado en un madero, cual Jesús de adamantium. Nace un nuevo Mesías cinematográfico, y así como para los cristianos la muerte de Jesús representa un antes y un después que partió la historia, abrió nuevos camino y trajo nuevos tiempos, el Logan de James Mangold es el Año Cero de Marvel en el séptimo arte. Va a ser difícil superar esta película. Veremos cómo continua la mitología marvelita.

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