Come See Me in the Good Light: que empiece el show

En una de las primeras escenas de Come See Me in the Good Light lx poetx Andrea Gibson, diagnosticadx con un cáncer de ovarios incurable, muestra un audio de WhatsApp en el que bromea con sus amigxs. Les cuenta que su novia le va a meter un dedo tan adentro que le va a acomodar todo. Con esta escena, en la que todxs terminan riendo alrededor de una mesa, el realizador Ryan White presenta el tono y la forma que la película intenta desarrollar.
Andrea Gibson tiene 47 años cuando recibe la noticia de su enfermedad, le quedan dos años como mucho. Cuando ese plazo se cumple es que comienza el documental. Andrea comienza a vivir a través de lo que llama “el ciclo de las tres semanas”. Cada 21 días deberá realizarse una serie de estudios y tratamientos oncológicos que le van a permitir confirmar si su sistema inmunológico continúa apto o no para mantenerlx con vida.

Mezclando testimonios y archivos, Andrea narra su historia, la de una persona solitaria que creció en Maine sin saber cuál era su lugar en el mundo. A fines de los 90 se muda a Denver y va por primera vez a un evento de micrófono abierto en un bar donde se anima a leer los poemas que venía escribiendo desde hacía años, reflexiones y testimonios sobre su viaje interno en busca de su identidad. Le sale bien, la persona tímida que alguna vez fue habla con comodidad en el escenario y sin esperarlo se convierte en un fenómeno. Son los tiempos de explosión de la poesía slam, esa perfo verborrágica que mezcla poesía y stand up. De repente se transforma en una estrella, sus fans llenan teatros para escuchar lo que tiene para decir. En un festival conoce a Megan, unx poetx torturadx con traumas sobre su cuerpo y un historial de trastornos alimenticios. No van a separarse nunca más.
Andrea está rodeadx de su familia elegida, su pareja, exnovios y amigxs. Los efectos secundarios del tratamiento de los 21 días pueden quitarle la voz y es ahí donde reside un miedo casi más grande que el que le tiene a la muerte. La comediante Tig Notaro la contacta para cumplirle su mayor deseo, poder hacer un último show antes de morir. Con un teatro lleno, como en sus mejores tiempos, Andrea expone con humor esas últimas palabras que van a quedar registradas para la posteridad en el documental.

La cercanía con la muerte produce cambios inevitables y acá Andrea reflexiona sobre su propia identidad de género, durante mucho tiempo sintió la necesidad de definirse en una y de elegir sus pronombres para sentir que existía. Desde que tuvo el diagnóstico esa parte suya desaparece, siente que ya no tiene género. Lo mismo le pasa a Megan que durante años intentó escribir sus memorias contando su lucha con su propio cuerpo. Ahora todo pierde sentido y compartir cada momento juntxs se transforma en una urgencia.
Ganadora del premio del público en el Festival de Sundance y nominada a mejor documental en los Óscar, Come See Me in the Good Light intenta no caer en los tópicos inevitables que atraviesan una historia sobre una persona con una enfermedad terminal, y casi lo logra. Tal vez falte un poco de poesía en la forma, pero no hay crudeza, solo el retrato de alguien con ganas de vivir y la necesidad de narrar y registrar una historia de vida queer, sobre todo en los tiempos que corren.



