Reseña: Elio

La última película de Pixar, para muchos, es una más del montón dentro de un catálogo que fue perdiendo brillo —salvo excepciones como Coco, IntensaMente y Soul— desde que el estudio fue absorbido por Disney. Elio, lejos de ser una de las mejores o una de las peores, cumple, y lo hace porque utiliza una fórmula que ya vimos muchas veces en los films de la lamparita.

Elio es un niño de 11 años que, al quedarse huérfano, pasa a estar bajo el cuidado de su tía, la mayor Olga Solís, quien debe postergar su sueño de convertirse en astronauta para hacerse cargo de su sobrino. Sí, como en Lilo y Stitch (2002).

Elio y Olga viven en un departamento dentro de una base militar. Elio no tiene compañeros de su misma edad, no comparte demasiado con su tía y no exterioriza esa tristeza latente por la pérdida de sus padres y la soledad. Pero en el museo espacial conoce la historia de las sondas Voyager, lanzadas al espacio exterior en 1977 con la ilusión de hacer contacto con razas extraterrestres, mensaje grabado por el divulgador científico Carl Sagan.

En fin, Elio roba artefactos de la base para intentar comunicarse con seres del espacio exterior. Busca consuelo para su tristeza, ya que en la Tierra no lo encuentra, y cuando finalmente lo logra conoce a un consejo intergaláctico, el Communiverso, que lo toma como representante del planeta Tierra. Cuando son amenazados con ser destruidos por Lord Grigon, líder de una sociedad belicista, el consejo envía a Elio como negociador de la paz para demostrar su valía y la del planeta que representa, con la esperanza de ser admitidos formalmente en el consejo. Luego conoce a Glordon, hijo de Lord Grigon, quien acepta ser rehén para evitar la destrucción del Communiverso y porque, en el fondo, no desea ser un líder guerrero como su padre.

El choque entre mundos distintos ya lo hemos visto muchas veces, por ejemplo, en Monsters, Inc. (2001) y Toy Story (1995), por lo que Elio se vuelve predecible. Sin embargo, es una película entretenida y tierna, que desarrolla bien sus temas.

Elio habla de la tristeza, el valor propio y la búsqueda de una identidad personal. Elio perdió a sus padres, se siente una carga para su tía y se percibe diferente; por eso, con aquellos que también son distintos, logra encontrarse a sí mismo.

Por su parte, Glordon no quiere seguir los pasos de su padre. No le gusta la violencia ni la guerra, y desea romper con ese mandato impuesto. Quiere ser aceptado por sus pares por lo que es, y no por lo que se supone que deba ser.

El consejo intergaláctico funciona como una metáfora: en la diversidad de razas hay entendimiento, empatía y valor en las diferencias. Son esas diferencias las que construyen al sujeto, las que lo vuelven único.

Pasó bastante desapercibida y, aunque sea predecible, no es una mala película. Es entretenida y sensible, con un tercer acto muy sentimental que puede abusar de los golpes bajos para generar lágrimas, pero que, aun así, funciona.

Nominada a mejor película animada para los Óscar 2026, Elio trata sobre aceptarse a uno mismo, pero también sobre superar la tristeza abriéndose a los demás.