Descansar en paz: un retrato crudo de la desesperación de los 90

Descansar en paz se estrenó en Netflix durante el mes de marzo con una propuesta pertinente para el momento actual que se vive en nuestro país. Producida por un destacado equipo encabezado por Federico Posternak, Ricardo Darín, Chino Darín y Ezequiel Crupnicoff, esta película cuenta con un elenco de primera y una trama que no deja indiferente a nadie y que incluso te rompe en mil pedazos, a pesar de ser algo predecible.

Dirigida por Sebastián Borensztein, conocido por su trabajo en películas como La odisea de los Giles y Un cuento chino, Descansar en paz se basa en la novela homónima de Martín Baintrub. Con un guion coescrito por Borensztein y Marcos Osorio Vidal, la historia nos sumerge en un thriller psicológico que explora el drama familiar, la moralidad y las consecuencias de las decisiones desesperadas de una clase media aspiracional que busca evitar a toda costa resignar su bienestar económico.

Protagonizada por Joaquín Furriel, Griselda Siciliani y Gabriel «Puma» Goity, la historia sigue a Sergio Dayán, interpretado por Furriel, un empresario y padre de familia que se encuentra atrapado en un sinfín de deudas y amenazas de parte del prestamista Hugo Brenner (Goity), que lo sumergen en un estado de locura y depresión. Ante la presión abrumadora, Sergio toma una decisión radical que cambiaría su vida por completo y para siempre: simular su propia muerte después de haber estado presente en el atentado terrorista contra la AMIA en 1994, con la esperanza de que su familia pueda cobrar su seguro de vida y, así, salir adelante sin sufrir cambios, al menos en el aspecto económico, según cree Sergio.

A partir de este acto descabellado, continúa un relato tenso, duro y emocionante, que se desarrolla en dos líneas narrativas paralelas. Por un lado, vemos cómo Estela, interpretada por Siciliani, y sus hijos enfrentan la supuesta pérdida de Sergio, mientras que por otro lado seguimos los pasos del protagonista, quien se ve obligado a exiliarse en Paraguay y a reconstruir su vida bajo una identidad falsa que lo obliga, en mayor parte, a vivir en soledad.

Borensztein construye una historia llena de giros inesperados y momentos de alta intensidad emocional que se fusionan con momentos de paz que buscan, justamente, transmitir cómo el protagonista logra descansar en paz luego de este radical cambio. A partir de todo esto, el director logra que el espectador se enganche y no pueda dejar de mirar la película desde su inicio. No solo aborda temas como la crisis económica a raíz de las políticas neoliberales del gobierno de Carlos Menem y la desesperación financiera, sino que también plantea preguntas profundas sobre la moralidad, el sacrificio, lo que está bien o está mal y cuánto está dispuesto a perder una persona con tal de seguir perteneciendo a una clase social privilegiada.

Las actuaciones sorprenden gratamente, destacando la química entre Furriel y Siciliani, quienes transmiten de manera convincente el dolor y la angustia de sus personajes. Por un lado, Siciliani se erige en su papel como una mujer que logra empoderarse y sacar adelante a su familia a pesar del desgarrador dolor que transmite en su mirada a partir de este hecho supuestamente fatídico. Por su parte, el «Puma» Goity también destaca como el despiadado usurero Hugo Brenner que, a raíz de su culpa por creer haber ocasionado la supuesta muerte de Sergio, busca redimirse acercándose a la familia de él. De esta forma, su presencia le aporta suspenso a la historia. Además, despierta los profundos deseos de venganza del protagonista, quien deberá enfrentarse a su pasado para lograrlo. Es en este punto donde la trama comienza a incorporar elementos propios del thriller psicológico.

A pesar de que Descansar en paz no está exenta de algunos deslices en su narrativa y de volverse algo predecible al llegar al final, en líneas generales es una película impactante y relevante que dejará una marca en el espectador. Con su mezcla de drama familiar, thriller psicológico y reflexión moral, es una obra para no dejar de apreciar, ya que nos invita a reflexionar sobre los sacrificios que uno estaría dispuesto a realizar por amor, incluso si eso conlleva a actuar de una forma considerablemente inmoral.