Reseña: Cobweb

Cobweb, o No tengas miedo, es uno de los últimos estrenos internacionales de terror del año. Dirigida por Samuel Bodin, conocido por haber realizado la serie de Netflix Marianne (2019), aunque no destaca por ser demasiado original, sí que otorga una linda experiencia para quienes disfrutamos del terror tradicional sin demasiadas pretensiones.
Con una duración acotada que desarrolla una historia sencilla, Cobweb cuenta la historia de Peter, un niño criado en una familia poco convencional, con dos padres que crean un entorno bastante hostil para él, quien además tampoco encaja en su escuela con los demás niños de su edad. Ante esta situación de abandono y sensación de soledad, Peter comienza a tomar contacto con algo que se intenta comunicar con él por medio de las paredes de su cuarto. Esta situación que parece ser más producto de su imaginación exacerbada, de forma paulatina empieza a volverse más real, hasta rozar el absurdo.

Es bastante claro que durante toda la película se hace énfasis en la familia como un entorno que no necesariamente es seguro para los niños, aunque así quiera presentarse desde la lógica tradicional. Los padres que se introducen son el arquetipo de padres estrictos y conservadores que, aunque pretendan cumplir un rol de protección y cuidado, sus modos claramente cumplen el efecto contrario sobre Peter. Se puede decir que estos personajes están un poco sobreactuados, y sí, podrían haber sido representados de una forma más genuina, pero como la película se nos presenta desde la perspectiva del niño protagonista, esto puede haber condicionado a la representación volviéndola más exagerada y hasta grotesca para colocarnos en su punto de vista.
Hay veces en que no hay que pedirle un verosímil absoluto a las películas, sino que es mejor dejarse llevar por lo efectivo que resultan los giros y las revelaciones, por más imposibles o ridículas que sean. Es que no hay una búsqueda de realismo en Cobweb, sino más bien lo que se intenta es replicar las sensaciones que este niño experimenta ante unos padres a los que su rigidez no les permite notar sus necesidades infantiles.

Entonces, como mencionaba, si bien es cierto que algunas decisiones que toman los personajes no son de lo más creíbles y algunas situaciones y giros que toma la trama demandan una extrema gimnasia mental para darles sentido, lo más importante es el efecto que producen en el espectador y lo inesperado que resultan, más que sostener un verosímil. Creo que, si tuviera que señalar un problema, la película peca de tomarse demasiado en serio a diferencia de otros casos bastante recientes que también toman giros que podrían resultar ridículos, pero logran establecer un equilibrio entre el absurdo y el terror como Malignan (2021) o Barbarian (2022).
En fin, Cobweb cumple como una película de terror al ponernos en la desesperante situación de un niño aterrado por sus propios padres que acude a lo que sea con tal de escapar. Sin recurrir a sustos predecibles, es una linda muestra de que el género permite habar de muchas cosas que en otros tipos de temáticas más clásicas se restringen por la seriedad y realismo que exigen sus fórmulas.



