Zootopia 2: receta conocida y efectiva

Las secuelas siempre llegan con la carga pesada de no arruinar el legado de su antecesora. Zootopia fue, en su momento, una película de animación fresca, entretenida, lúcida y políticamente astuta: una buddy movie divertida con mucha alegoría social. Con Zootopia 2, la pregunta no es si era necesaria una secuela, sino si esta podía justificar su existencia. Y, spoiler alert: lo hace.
Recordemos que Zootopia (zoo, animales; utopía, lugar perfecto) es un sistema de ecosistemas donde conviven mamíferos urbanizados, tanto carnívoros como herbívoros. Una representación social para hablar de diversidad, estereotipos, racismo, prejuicio e inclusión.
En la primera película conocimos a Judy Hopps, una coneja de campo que desafía los prejuicios para convertirse en la primera policía de su especie. Sin embargo, en la gran ciudad es relegada a tareas menores hasta que se obsesiona con un caso de animales desaparecidos que nadie atiende. Debe unir fuerzas con Nick Wilde, un zorro estafador, para descubrir que los depredadores se están volviendo salvajes, poniendo en peligro el equilibrio social de Zootopia. Detrás de la conspiración está la asistente del alcalde, la aparentemente inocente oveja Bellwether, cuyo plan es desplazar a los depredadores del poder y consolidar su agenda. Esta es la introducción de Zootopia 2, un resumen narrado en off por Judy y, hay que decirlo, bastante necesario teniendo en cuenta que pasaron casi diez años desde la primera entrega.

La nueva historia nos ubica una semana después de que la coneja y el zorro hayan salvado la ciudad. Judy y Nick se meten en un caso sin permiso que termina en un verdadero caos, por lo que son relegados y obligados a ir a terapia de pareja. Pero Judy se topa con una conspiración. Sí, muy parecido a lo que ya vimos.
¿Por qué no vimos reptiles y animales marinos en la primera? Esa pregunta se responde de manera directa en la trama. La poderosa familia Lynxley busca el diario de un antepasado, ni más ni menos que el fundador del sistema de ecosistemas que permitió Zootopia. Sin embargo, la serpiente Gary De’Snake roba el diario y, en el intento por detenerlo, Judy y Nick son señalados como cómplices y fugitivos. Resulta que, en realidad, Gary quiere demostrar que su abuela fue la verdadera fundadora, quien fue engañada y traicionada por los Lynxley. No solo eso: también la culparon de un asesinato, razón por la cual todos los reptiles, en especial las serpientes, se vieron desplazados y discriminados.

Lo que en un principio pareció el olvido de una especie animal, en esta entrega se convirtió en la trama. Ser reptil significa caer en el prejuicio: no importa lo que hagan, para la sociedad son criminales, peligrosos, porque son distintos, tienen sus costumbres, su cultura, y desde un inicio fueron señalados como seres malvados por el “hombre blanco” (bueno, un lince, es lo mismo metafóricamente). Y, para una producción de Disney, hablar de esto es bastante jugado, más en tiempos de Trump y persecuciones del ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas), que nos remiten al apartheid sudafricano y a los nacionalismos fascistas totalitarios de la Europa del siglo XX, y que se están reproduciendo en muchos países. Es decir, señalar culpable de todos los males al inmigrante y al pobre, prejuzgarlos por su origen como una figura delictiva y negativa. Zootopia, sin querer queriendo (supongo), nos habla de esto con una alegoría filosa e inteligente.
Visualmente es una locura y se disfruta al máximo, en especial, el pueblo acuático de reptiles y animales marinos. Claro que en esta nueva entrega vuelve a haber un abanico importante de personajes secundarios y de relleno (entre cameos como el de Michael J. Fox, quien, de hecho, dice la frase de Biff Tannen: “¿Qué mirás, imbécil?”).

Obviamente, no faltan las referencias a la cultura pop y cinéfila para los adultos: como un oso polar con una lata de lo que parece Coca-Cola, el Burning Man (Burning Mammal en la peli), el buscador de internet Zoogle, dos hipopótamos que chocan en homenaje al juego de mesa Hippos Glotones, y parodias de El silencio de los inocentes (Jonathan Demme, 1991) y El resplandor (Stanley Kubrick, 1980), entre tantas otras que seguro se me escaparon.
La receta es simple: relegación laboral + toparse con una conspiración que afecta la cohesión social + aliado inesperado + aventuras y chistes + referencias pop y cinéfilas + aliado que resulta ser malo + descubren la verdad y salvan la ciudad.
Zootopia 2 sigue el mismo patrón que su antecesora y, a pesar de poder volverse predecible, es muy entretenida. Funciona. Y eso es lo importante. ¿Funcionará con una tercera?



