28 años después: Evolución y Templo de Huesos, resumen de la saga

28 años después trae la continuación de una saga que revitalizó el cine de zombis en los albores del nuevo siglo, con la misma dupla en los hilos creativos: Danny Boyle en la dirección y Alex Garland en el guion.

Nos dicen todo en su título. Pasaron 28 años desde que el virus de la ira se desató en Gran Bretaña y los infectados evolucionaron en nuevas subespecies.

Breve repaso de la saga Exterminio

¿Es imprescindible haber visto las películas anteriores? No necesariamente, pero por las dudas vamos a hacer un repaso para refrescar la memoria sobre 28… bueno, Exterminio, por como la conocimos en Latinoamérica.

En 28 días después (2002), un grupo de activistas contra el maltrato animal irrumpe en un laboratorio que experimenta con chimpancés con un extraño virus que puede transmitirse al ser humano: el de la ira.

Claro que la operación sale mal (si no, no habría película): un chimpancé muerde a una persona, transformándola en un iracundo zombi, y el virus de la ira se expande en cuestión de horas, lo que hace caer en pocos días toda Gran Bretaña. Veintiocho días después, Jim (Cillian Murphy, el papel con el que dio el salto a la fama) despierta solo en un hospital, sin entender nada de tanta desolación y menos aún que personas de ojos rojos lo persiguen con intenciones violentas. Solo queda huir (esto fue un año antes de que comiencen los cómics de The Walking Dead: ¿homenaje o robo? ¿Recuerdan cómo arranca la serie con Rick Grimes?).

Después, lo mismo de siempre del subgénero: escapar, encontrar aliados y la esperanza de llegar a un lugar “seguro” para reconstruir a la humanidad, donde descubrimos que los peores monstruos siempre son las personas.

Aunque los llamemos zombis, en este universo se los refiere como infectados. No son solo comedores de cerebros: muerden, pero también atacan con furia, destrozan a sus víctimas. Y el solo estar en contacto con la sangre de un infectado es motivo de contagio y deshumanización.

28 semanas después (2007) contó con un equipo de guionistas y un director, todos oriundos de España, que dieron la talla con una atractiva secuela.

El virus de la ira fue contenido en Gran Bretaña y, bajo la supervisión del Ejército de Estados Unidos, se mantiene a los sobrevivientes en una ciudad en cuarentena. Obvio que todo se va al carajo y, en los créditos finales, vemos que el virus llegó a Francia.

Lo lógico era que siguiera 28 meses después, y Alex Garland llegó a hacer un primer borrador de guion que sedujo a Danny Boyle, pero que con el tiempo quedó en la memoria de una computadora. Hasta que…

28 años después, el inicio de una trilogía

Garland dejó de lado la idea de los “28 meses después” e imaginó qué sucedería 28 años después.

No niega lo sucedido en 28 semanas después: el virus de la ira llegó a la Europa continental y pudo ser contenido, pero dando por perdido el Reino de Gran Bretaña y dejando a los seres humanos sobrevivientes por su cuenta. Es decir, la inevitable analogía con el Brexit que cada dos por tres meten en las películas con producción británica.

Spike (Alfie Williams) cumplió 12 años y su padre, Jamie (Aaron Taylor-Johnson), debe llevarlo a cazar y matar a un infectado como un rito de iniciación como hombre, guerrero, y por sobre todo, de supervivencia.

Viven en una comunidad cerrada y marcial ubicada en una isla escocesa. Los medios de producción y organización son medievales, basados en la caza, la madera como combustible y la fabricación de flechas, arcos y lanzas para garantizar la supervivencia. Todos reciben entrenamiento militar para defender sus tierras y sobrevivir en el exterior en caso de necesidad.

El tema es que Isla (Jodie Comer), madre de Alfie, sufre una grave enfermedad que la disocia de la realidad. En una sociedad sin profesionales de la salud, todos dan por sentado que sufrirá y se apagará lentamente. Pero Alfie no: como todo hijo, quiere salvarla y hará lo imposible. Sabe que en la tierra de los infectados existe un doctor, al que todos consideran loco y que suponen ya no vive. A él no le importa, e inicia el viaje con su madre hacia lo más inhóspito y peligroso.

Podemos pensar en la primera media hora de película, sustentada en la relación padre-hijo, como una excusa para darnos a conocer este nuevo mundo. El hijo debe continuar con un legado, cumplir ciertas exigencias para ser un miembro destacado de la sociedad. No hay amor palpable en palabras y abrazos, solo el amor duro, el que se transmite con la mirada y la aceptación.

Sin embargo, todos necesitamos de ese otro amor, y más a la edad de Alfie. Ese amor que solo puede dar una madre. Es por eso por lo que Alfie marcha sin el beneplácito del padre y a escondidas, aun sabiendo que su propia vida corre peligro. Hay que salvar a mamá y solo el doctor tiene los conocimientos del pasado.

Explorando la relación padre-hijo, descubrimos que los infectados evolucionaron (y sí, está en el título). Se mueven como manadas y hay nuevas subespecies, como los slow-lows y los alfas.

Los primeros son gorditos que reptan y chupan. Sirven para el impacto visual o algún jumpscare, pero son más inútiles que político fuera de campaña. Sin embargo, los alfas, con sus gritos, lideran las manadas de infectados: son extremadamente violentos, gigantes de más de dos metros y pijudos. Uno en particular destaca, o al menos el único alfa que vemos, y que llevará el nombre de Sansón.

A partir de los peligros de la tierra de los infectados es que se ahonda en la relación hijo-madre. Porque no se trata solo de monstruos: también hay humanos, y nada mejor que el amor de un hijo por su madre para expresarlo.

Y la propia película lo pone de manifiesto cuando presencian el alumbramiento de una infectada, y monstruos y humanos dejan sus diferencias para traer una nueva vida a este mundo. No sé qué flashearon con esto, salvo que sea algo que tome relevancia en las siguientes películas.

Otro punto fuerte es el doctor Kelson, a quien busca desesperadamente Alfie para curar a su madre. Este doctor es interpretado magistralmente por Ralph Fiennes y no es difícil que recuerde al general Kurtz de Apocalypse Now.

En su supuesta locura hay lógica: intenta comprender el nuevo mundo, sus nuevas especies. Es un alma desconsolada y deja las mejores reflexiones y la frase que da sentido al viaje de Alfie y a lo que sigue (memento mori, memento vivere, es decir, recuerda que morimos, recuerda que vivimos).

Para finalizar, no quería dejar de lado el poema “Botas” (“Boots”, en inglés), de 1915, escrito por Rudyard Kipling (El libro de la selva), que describe el terror, la ansiedad, la agonía y el estrés psicológico de la guerra. Entre líneas, muestra que el terror está dentro, mientras enfrentan el peligro visible, el externo. ¿Por qué lo remarco? Porque es lo que se recitó durante el tráiler y que en la película se utiliza en un montaje que mezcla escenas de guerras medievales, de las cruzadas y la Primera Guerra Mundial. Si tengo que elegir entre ver la peli o el tráiler, me quedo con este último. Solo lo quería decir.

Me guardo la escena inicial y la final, quizás las mejores de toda la película, pero que abren el panorama para explorar todo este nuevo universo. La única duda es si va a virar hacia un lado más fantástico y bizarro. Solo es cuestión de esperar, pero les adelanto algo: una pandilla que toma el look de Jimmy Savile (para conocer más de este personaje, buscar cualquier video de YouTube o el documental de Netflix Jimmy Savile: una historia de terror británica). Seguro algo retorcido se traen entre manos, y digo… está bien.

28 años después: Templo de Huesos

Garland ofrece un lado más político (Ex Machina, Civil War, Warfare) y Boyle uno más comercial. Entre los dos ya demostraron ser una dupla más que interesante y, para mí, esta vez volvieron a dar la talla.

28 años después: Evolución es el inicio de una trilogía cuya continuación se estrenó en los primeros días de 2026 y que lleva el subtítulo El templo de huesos: la obra del doctor Kelson como un homenaje a todos los caídos e infectados por igual, una demostración de que todos fueron personas y la muerte los igualó.

En esta nueva entrega, Boyle deja la dirección en manos de Nia DaCosta (Candyman, The Marvels) y arranca exactamente donde habíamos quedado, con Alfie que se encuentra con la banda liderada por Jimmy Crystal (Jack O’Connell), un carismático mesías del caos.

Por un lado, Alfie debe adaptarse a la locura de la banda de “Jimmy y los dedos” con el único fin de sobrevivir, mientras que, por otro, el doctor Ian Kelson intenta comprender y entablar una relación con el alfa de los infectados, Sansón, con el fin de encontrar de una vez por todas la bendita cura. Obviamente, estas dos líneas narrativas colisionarán en el tercer acto para dar cierre a la película.

El tema es claro: la naturaleza del mal. De hecho, los infectados-zombis tienen muy pocas apariciones y un peso casi nulo en la trama, con excepción del alfa Sansón.

Jimmy Crystal se cree el salvador del nuevo mundo e impone sus creencias por medio de la religión satanista. Dice escuchar al Señor Oscuro, al que llama el Viejo Nick. Es un niño roto que creció hasta convertirse en un tirano. ¿Y qué pasa cuando el poder recae en las personas equivocadas?

La banda de “Jimmy y los dedos” son seguidores y un reflejo de la locura que corre por el mundo hoy en día, con los locos al mando del manicomio. En tiempos de crisis y en la desolación es fácil seguir a un loco: no queda otra, y es lo que le pasa a Alfie. No es como ellos, quiere huir a toda costa; mientras tanto, debe seguirlos, pasar desapercibido lo mejor posible.

Por el lado del doctor Kelson tenemos a la ciencia como respuesta a la tiranía. Es la que da luz a la oscuridad dogmática de la religión. Aunque deba rebajarse y actuar como monje-chamán oscuro (por cierto, espectacular secuencia con The Number of the Beast de Iron Maiden) para que su trabajo no se vea destruido por Jimmy Crystal.

Y es que, si Jimmy es la representación de la naturaleza del mal, Alfie es la sociedad. Primero, testigo silencioso: no se mete, no combate, calla para subsistir. Pero es cuestión de tiempo para convertirse en uno más de los malos, en ser aquello que aborrece y teme. Necesita que alguien interceda para rescatarlo y enseñarle el camino. Ese alguien es el doctor Kelson. Y esta es su película. A continuación, puede haber un pequeño spoiler; leer a consideración.

El doctor Kelson intenta comprender al virus para poder revertirlo. Por eso pasa tiempo con Sansón y llega a descubrir que aún se puede salvar lo que alguna vez fue.

No voy a decir cómo lo logra, pero lo logra. Sansón, poco a poco, despierta de lo que Kelson llama un virus de psicosis. Los infectados son psicóticos. Y la psicosis se puede tratar, lo sabemos todos.

Y si antes dije que Alfie es la sociedad que necesita a un Kelson que intervenga para rescate y guía, ahora me animo a hacer una pregunta: ¿y si Sansón no es la representación de una sociedad adormecida que necesita de un doctor Kelson?

A pesar de que me pareció mejor que la primera parte de esta trilogía final, no estuvo muy acompañada en la taquilla, por lo que la última película, que daría cierre a esta saga y que significaba la vuelta de Cillian Murphy como Jim, está en stand by. Esperemos que recapaciten los que ponen guita y confíen una última vez en Garland y Boyle.