Send Help: la supervivencia del más apto

En Send Help (estrenada en Argentina bajo el título de ¡Ayuda!) Sam Raimi muestra los dientes. Se pregunta qué pasaría si, en vez de enviar a una isla perdida en el océano al bueno de Tom Hanks, mandara a un hombre y una mujer entre los que subyace un antagonismo de clase. Peor aún: el cineasta aprieta el nudo al proponer que el hombre sea un muchacho arrogante, pintón, nacido en cuna de oro, flamante heredero de un imperio empresarial, y que la mujer sea una empleada ambiciosa, muy hábil para los números, aunque menospreciada por su dificultad para desenvolverse de acuerdo con los códigos sociales corporativos. El resultado no es —como quizá podría esperarse— una comedia romántica, sino una historia oscura, cómica y violenta en la que resuenan ecos de Robinson Crusoe, American Psycho y Lord of the Flies.
En el inicio de la película, Raimi recrea con brochazos breves y efectivos el darwinismo social que impera en el microcosmos del management. En el ámbito de una compañía inmensa y exitosa, los chantas y escaladores componen una cohorte de chupamedias en torno a Bradley Preston (Dylan O’Brien), el reciente sucesor al cargo ejecutivo por línea de sangre. En ese mismo territorio, Linda Liddle (Rachel McAdams) trabaja como burro y aguarda durante años el ascenso a la vicepresidencia que el padre de Bradley le había prometido. El joven sucesor, sin embargo, opta por ungir a Donovan Murphy (Xavier Samuel), un Funko Pop de Patrick Bateman que supo ser su compañero de estudios. Esta designación le cae a Linda como un baldazo de agua fría. No obstante, a modo de consuelo, Bradley propone a Linda que lo acompañe en un viaje de negocios a Bangkok. Durante el vuelo, Bradley y su banda de chupamedias se burlan de un video que Linda había enviado a Survivor, un reality show en el que un grupo de personas deben sobrevivir apartados de la civilización en condiciones extremas. En medio del bullying, ocurre el accidente que arrastra a Linda y Bradley a una isla desierta.

Luego del accidente, la historia aborda la supervivencia de Linda y Bradley en territorio inhóspito. Suele ser común la imagen del individuo que, apartado de la sociedad, se muestra en su total desnudez. Lo interesante de Send Help es que Raimi elige para su exhibición de atrocidades dos estereotipos: el joven CEO que hereda su posición por mera portación de apellido y la empleada que se revienta el lomo porque cree que de ese modo conseguirá un lugar en la aristocracia corporativa. A la hora de cooperar, afloran las diferencias de clase que existen entre ambos. Bradley tiene las manos suaves, sin callos. Linda, en cambio, se ha curtido en el arte de la supervivencia. Así, la dinámica del amo y el esclavo que regimentaba las relaciones sociales en la oficina, en la isla acaban subvertidas. Por cierto, esta subversión de la jerarquía no puede ocurrir sin que medie la crueldad, el odio y el derramamiento de sangre. Por este lado, corren las cuotas de espanto y de gore que derrocha la película.
En otro aspecto, Send Help señala el retorno de Sam Raimi al terror de los espacios claustrofóbicos. La isla perdida en el océano funciona con la misma eficacia que la cabaña aislada en el bosque de Evil Dead. La desconfianza creciente, las continuas disputas y los combates cuerpo a cuerpo que se producen entre Linda y Bradley recuperan buena parte del gore y la comedia física pasada de rosca y de sangre que es el signo característico de su obra más emblemática.

Dylan O’Brien sigue creciendo como actor y en esta oportunidad demuestra su jerarquía elaborando una parodia de Jordan Belfort. Sin embargo, Rachel McAdams se roba la película con la composición de una figura la vez querible y detestable, que fusiona la carita de Cenicienta con las tripas de la Annie Wilkes de Misery. Si hubiera justicia en este mundo, Rachel McAdams se llevaría un Óscar por este personaje.
En conclusión, si gustan de la obra de Sam Raimi, perderse Send Help implicaría un sacrilegio. Si siguen la carrera de Rachel McAdams, verla convertirse en una Bette Davis de vocecita dulce constituye un lujo. Y si les gusta ver sufrir a yuppies, de seguro encontrarán en Send Help varias escenas que les reportarán enorme placer y diversión. Eat the rich!



