Anything for Jackson: si los Coen hubieran dirigido terror

Años atrás recuerdo haber visto el tráiler de Anything for Jackson (Justin G. Dyck, 2020), pero entre una cosa y otra le perdí el rastro. Ya en 2025, cuando me topé con Bring Her Back (Danny y Michael Philippou, 2025), me quedó la impresión de que la película de los australianos era una edición definitiva (aunque no muy satisfactoria) de lo que había visto en aquel lejano avance.
La cuestión es que hace pocos días me volví a encontrar con Anything for Jackson entre las recomendaciones del youtuber Ghost Pirate Entertainment y me di cuenta de que se me habían entreverado dos películas. En mi defensa, debo señalar que confundirlas no resultó algo difícil, ya que ambas parten de premisas muy similares. Sin embargo, me parece que Anything for Jackson no solo resuelve su propuesta narrativa con mucho más ingenio que Bring Her Back, sino que además desarrolla con mayor cuidado el drama, al punto que coquetea con el humor negro sin renunciar a describir horrores que trascienden lo humano.

Anything for Jackson cuenta la historia de Audrey (Sheila McCarthy) y Henry (Julian Richings), una pareja de viejitos que no puede superar el dolor de haber perdido a Jackson, su nieto. Audrey y Henry son miembros de una iglesia satánica a la que asisten con regularidad. Allí entablan amistad con Ian (Josh Cruddas), quien les refiere la existencia de un antiguo palimpsesto que reúne rituales ancestrales de invocación. Luego de un arduo rastreo, la pareja adquiere un ejemplar de aquel libro maldito. Cuando descubren en ese texto una ceremonia que permitiría resucitar a su nieto fallecido, Audrey y Henry deciden raptar a Becker (Konstantina Mantelos), una mujer embarazada, a fin de convertir a su hijo en receptáculo del alma de Jackson.
En el centro de la historia de Audrey y Henry subyace el duelo por una pérdida irreparable. No obstante, movidos por la emoción más que por la sensatez, los ancianos secuestran a Becker, convencidos de que son capaces de devolver a Jackson al mundo de los vivos. En ese sentido, los abuelitos Audrey y Henry nos recuerdan a esos criminales ridículos escapados de Fargo (1996) de Joel y Ethan Coen. Este par de ancianos bonachones incurre en toda clase de delitos con tal de lograr su propósito. Sin embargo, lo que ambos tardan en notar es que su seguidilla de excesos desata una cadena de acontecimientos que trascienden el orden natural y a la que sus involucrados serán incapaces de poner límite.
De este modo, Anything for Jackson nos sitúa en la perspectiva de los protagonistas. Igual que Audrey y Henry, los espectadores entendemos poco y nada de lo que ocurre. Poco a poco nos hallamos inmersos en sucesos que superan lo razonable. Y es en este territorio donde Anything for Jackson brilla: la narración avanza in crescendo y nos pone los pelos de punta.

El terror, en cuanto emoción visceral, es una experiencia subjetiva. Suelo ver bastante cine de género, pero poco y nada de lo que veo consigue inquietarme. Buena parte de las veces, como en el caso de Weapons este año, el horror tiende más a azuzarme el intelecto que a crisparme las tripas. Anything for Jackson, en cambio, ha conseguido sacudirme hasta la médula. Me ha devuelto ese insoportable —aunque perversamente dulce— sentimiento de querer apartar la vista al mismo tiempo que uno se vuelve incapaz de despegar los ojos de la pantalla.
Pero la cosa no acaba allí. Anything for Jackson no solo demuestra que el mal se vale de los estúpidos para triunfar, sino que además confirma que aquello que el mal trae siempre es peor que lo que uno alcanza a vislumbrar. En los últimos tiempos, el mundo parece estar lleno de gente parecida a Audrey y Henry que se dedica a jugar con poderes que se hallan fuera de su control. Y así nos va gracias a estos enajenados: el mundo ha degenerado en un limbo donde tropezamos diariamente con demonios necrófagos y almas condenadas que no se cansan de repetir sus errores.
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