La era del gato: desde Letonia llega Flow

Los gatos van a dominar el mundo, se sabe. Desde los reels en donde muestran su personalidad que pasa del amor al desprecio en segundos, hasta los monoambientes compartidos con gente que los trata como hijos. Ahora llegó el turno de que conquisten la pantalla y los galardones.

En Flow nos enfrentamos a un mundo sin humanos. No hay demasiadas pistas sobre lo sucedido. ¿Fin del mundo? ¿Cataclismo natural? Un gato negro entra y sale de una casa vacía que parece haber estado recientemente habitada, se acomoda en la cama, mira desde las alturas. El agua empieza a crecer y el gato se une a un labrador, un carpincho, un lémur y un pájaro para sobrevivir a este enigma de la naturaleza.

Más cerca de Miyazaki que de Disney la película no recurre a la típica antropomorfización de las películas animadas. Acálos animales se mueven como animales y actúan y reaccionan como tales. Las peripecias que tienen que atravesar se ven interrumpidas por los impulsos propios de cada uno. El perro persigue una liebre, el gato le caza la cola al lémur y el carpincho se empacha de comer fruta hasta caer dormido.

El recuerdo más cercano de algo similar que tiene una generación entera puede ser Las aventuras de Chatrán, trágicamente famosa por haber asesinado a más de veinte gatos en el rodaje. La animación imita los movimientos de los animales de manera exacta y logra que cada espectador pueda ver reflejado a su propia mascota al verlos.

Dirigida por el animador Gints Zilbalodis sobre un guion escrito por él y por Matiss Kaza y ganadora al Globo de Oro como mejor película animada se convirtió en el primer film nominado al Óscar por su país, Letonia, en dos categorías: mejor película animada y mejor película internacional.

Si es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, Flow da en la tecla. A medida que avanza la trama, la película se transforma en una fábula que está más cerca de lo bíblico que de lo apocalíptico. Logra conmover sin decir nada, lleva a la reflexión sin explicar lo que sucede.

Si alguna vez en la pandemia se hablaba sobre cómo los delfines volvían a nadar por los canales de Venecia, acá podemos imaginar una historia desprendida de esa premisa en la que un par de animales intenta salvar el mundo en un arca de Noé estéril, y también intentan salvar las entregas de premios en una temporada sin mucha novedad.