Bizarrofilia, de Ayi Turzi

Lo que no se dice de las frases hechas es que funcionan. “Un canto de amor al cine” está tan usada que Luis Pedro Toni la podía articular sin trabarse, y es válida para hablar de Bizarrofilia (Ayi Turzi – 2024) un documental que puede ser tanto un homenaje como una biblia, dependiendo del espectador.

Hubo un tiempo que fue hermoso y fui joven de verdad, y en ese tiempo hacía ebullición otro cine. Si bien Bizarrofilia es bastante específica desde su título de a que cine se refiere, estamos hablando también de una época que duró una década y media más o menos, desde finales de los años noventa hasta un poco más del 2010. Un país se prendió fuego y luego se reconstruyó; muchos realizadores y entusiastas andábamos en la misma: tratando de hacer el cine que nos gustaba, terror, ciencia ficción, acción y por supuesto, hubo un grupo que se decantó por el bizarro.

La gran selección de entrevistados que nos propone Ayi Turzi – entre los que se encuentran Dario Lavia, Eva Dans, Germán Magariños, Dani Zalenco, Tetsuo Lumiere, Matías Orta, Pablo Parés, Vic Cicuta o Hernán Panessi, entre muchos otros- nos definen el género, sobre todo en esta vertiente nacional y de época; ya sea adrede o sin querer, este bizarro debe abofetear al espectador. Es un cine subido de tono, en el cual el sexo y la violencia no son tabú. Es un cine adulto y para adultos, sin dudas. Un cine al que no le sienta bien la moralina de este 2024. Y, sobre todo, es un cine posible. Es un cine que se hace contra viento y marea, con escasos recursos, de espaldas a los festivales, salvo a los propios. Un cine que no mide el éxito como otros; triunfar es no ser abucheado en La noche de los cortos, o como decía el Negro Fontanarrosa, el éxito para estos directores es que les digan “como me cagué de risa con tu película”.

Todos los hitos y productoras son mencionados: tenemos a Farsa, a Sarna, a Gorevision, el Festival Rojo Sangre, Videoflims. De costado, hasta aparece el célebre fichín Nave, que de alguna manera tiene que ver con este movimiento y época. Siempre meticulosa, Ayi Turzi va hacia atrás y no se olvida de Charly, días de sangre (Carlos Galletini – 1990) o de Las guachas (Ricardo Perez Roulet – 1993) entre otras. Esto no nació de un repollo. El gen bizarro siempre estuvo ahí, y explotó con la TV de los años noventa.

Se podría decir que los directores que aparecen en esta película no fueron afectados por el paso del tiempo. Siguen en la misma, aun cuando el mundo cambió. Son románticos, aunque uno no piensa justamente en romance mientras mira Sadomaster Locura General (Germán Magariños – 2011), pero el romance con el cine no está hecho de una caja de bombones o un ramo de rosas. Como me enseñó hace muchos años un tal Marcelo Gil, ese amor es empujar un remís destartalado, cargado de equipos para filmar, en la subida del Puente Pueyrredón un viernes a las 2 de la mañana.

La generación que hizo esto fue la última del formato físico y la primera de internet, al mismo tiempo. Pero no terminó de resolver la dualidad y no pudo hacer el paso hacia la monetización. En un país con industria, la gran mayoría de estos equipos y directores hubieran hecho el paso hacia allí. No es tan extraño pensar en ¿Qué pasó ayer? (The Hangover –  Todd Philips – 2009) como prima de Dos locos en Mar del Plata (Matías Lojo – Pablo Marini – 2009). Pero el tiempo pasó y se nos acabó el futuro. O nunca terminó de llegar, en el caso del cine argentino. Quedaron los guerreros, siempre festejando, nunca melancólicos ni nostálgicos; una poronga de goma y un tacho de sangre falsa no les van a faltar.

Hace poco se publicó un artículo de Roger Koza, titulado “En nuestro tiempo” (como una película del firmante), y allí dice:

“El cineasta no puede sostenerse en el deseo y esperar. Prefiere entonces pertenecer, aprende el idioma de las instituciones y pacta con un orden vigente en el que se vindican ciertas poéticas y algunos temas preferenciales. Existe cientos de películas prolijas, acaso entretenidas y con algún momento deslumbrante, pero al fin de la jornada son películas adocenadas y domesticadas.”

Es verdad y fue mentira. Les decía que hubo un tiempo que fue hermoso. No fue hace tanto, y un seleccionado de impresentables coincidió en el universo argentino para hacer lo que les venía en gana. Nunca prolijos ni solemnes. Siempre desbordantes. Tocando temas tabúes, como Malvinas o el Proceso. Ojalá esa felicidad por hacer cine no muera. Que las próximas generaciones, haciendo lo que quieran, sean tan felices como la que se retrata en Bizarrofilia. Salud Turzi y equipo, esta película es imprescindible para entender una época. 

Como no podría ser de otra manera, el documental se estrenará en salas porteñas durante la próxima edición del Festival Buenos Aires Rojo Sangre. Las proyecciones serán el jueves 28 de noviembre a las 22 h y el viernes 29 de noviembre a las 16 h en el complejo Multiplex de Belgrano.