Reseña: Bridgerton

La tercera temporada de Bridgerton llegó a Netflix en su totalidad y dejó muchos momentos virales y —en la opinión de esta autora— no a la altura de las temporadas anteriores. Basada en las novelas de Julia Quinn, Bridgerton es una de las series más vistas de los últimos años. Esta temporada consta de ocho episodios, estrenados en dos tandas y sigue la historia del tercer hermano Bridgerton, Colin.

Cuando salió en plena pandemia se convirtió en una gran fuente de entretenimiento y romance de época. A nadie le importa que no siga ningún tipo de rigurosidad histórica, lo que importa son los momentos de romance y el drama de Lady Whistledown, la escritora que difunde los dramas y secretos de la alta sociedad desde el anonimato. Sin embargo, esta tercera temporada se queda algo corta.

Para entender esto, se tiene que explicar el mundo del que sale la serie. Dentro de las novelas románticas hay tropes. Esto es, clichés de la trama que se repiten en varias novelas y que suelen funcionar. La primera temporada de Bridgerton nos presenta el trope de fake dating. Daphne y el Duque fingen estar en una relación para lograr sus objetivos individuales y, como es de esperarse desde el principio, se enamoran. La segunda temporada Bridgerton se luce. El mayor de los hermanos va a terminar con quien parecía ser su enemiga (este trope es enemies to lovers) y nos van a dar la mejor temporada de la serie y las mejores escenas de amor. En esta entrega desarrollaron también a varios personajes favoritos de la audiencia: Eloise (rebelde feminista de la familia) y Benedict (segundo hermano, artista, y favorito de todas), y nos va a dar una gran escena cuando Eloise se entere que su mejor amiga, Penelope, es Lady Whistledown. Fue una temporada que nos dio todo: amores prohibidos, flashbacks de los personajes, drama constante.

La segunda temporada fue muy difícil de superar. Más aún con el exitoso estreno de la miniserie Queen Charlotte, la cual nos muestra la historia de amor entre el rey y la reina de Bridgerton. Todo se perfilaba para que la tercera temporada se quedase corta, y cumplió. El trope que se sigue en esta entrega es friends to lovers. Mientras que las dos anteriores se caracterizaban por el dramatismo de no saber si terminarían juntos o no, la historia de Colin y Penelope se hacía bastante evidente. El drama se intentó introducir desde la identidad de Whistledown y cómo se enteraría Colin de que su enamorada era la chismosa que él había jurado odiar. Esto funciona de a momentos, pero el conflicto y el desenlace se suceden rápidamente, ya que pasamos la mitad de la serie viendo a Colin guiñar el ojo a las señoritas (una vista realmente vergonzosa), beboteando, y descubriendo sus sentimientos por su mejor amiga (totalmente esperable y predecible).

El ship de Polin nos lo veíamos venir incluso quienes no leímos los libros. No está para nada a la altura del romance entre Daphne y el Duque o entre Anthony y Kate, y puede que se deba a la historia entre Colin y Penelope, a las actuaciones o a que los productores quisieron explotar el romance y terminaron forzándolo. Al mismo tiempo, las historias complementarias de los otros personajes no eran interesantes. Eloise pasó de ser una feminista y activista a amigarse con Cressida Cowper –cruel, superficial, insulsa, todo lo contrario a la hermana Bridgerton– y recién en el último episodio vuelve a ser la Eloise de las primeras entregas. Benedict dejó la escuela de arte y se engancha con una mujer viuda y su mejor amigo. Esta historia tenía algo de potencial, pero el Benedict carismático y divertido que nos gustaba fue reemplazado por una versión más superficial y perdida.

Otra historia desperdiciada de la temporada es la de Francesca y John Stirling, conde de Kilmartin. Francesca se destaca por ser “distinta” a sus hermanos. Las teorías en las redes van desde el autismo al lesbianismo. Fuera de en qué terminará su historia con su nuevo esposo, las escenas que comparten de un amor más tranquilo y no pasional (a diferencia de lo que sintieron sus hermanos y hermanas) le dan otro ritmo a la serie. Un ritmo necesario para cortar con las escenas pasionales por las que se caracterizan los Bridgerton. Sin embargo, es una pena que hayan quedado tan deslucidos al lado de Colin y Penelope.

La única relación que podemos decir que está bien lograda sin que le falte ni sobre nada es la de Lady Violet Bridgerton y Lord Anderson, el hermano de Lady Danbury. La relación de las dos amigas genera una tensión entre los tres muy bien lograda y recupera parte de la historia de Queen Charlotte que había quedado inconclusa, entre Lady Danbury y el padre de Violet.

En conclusión, esta temporada pierde parte del encanto de Bridgerton. Las escenas de amor generan más vergüenza ajena que fascinación, el drama es predecible y las historias más interesantes están relegadas a un segundo plano. La cuarta temporada se estrenará en al menos dos años, pero esperemos que entre tanto salga una miniserie como Queen Charlotte, que nos mantenga enganchados en este mundo tan llamativo y dramático.