Reseña: Yo capitán

La necesidad de llegar al Viejo Continente para alcanzar un mejor porvenir es el anhelo de cientos de miles de inmigrantes en el mundo. En especial para aquellos que viven en África y buscan escapar de la miseria, el hambre y las guerras. En los últimos años las imágenes de muchas balsas muy precarias repletas de inmigrantes africanos que cruzan el Mediterráneo fueron fuente de múltiples noticias. También los cuerpos flotando en las turbulentas aguas. La pregunta siempre es la misma: ¿Vale la pena tanto riesgo? No es algo que vaya a responder una película, pero quizá haya algo para pensar en la travesía, y eso es lo que el director Matteo Garrone quiso narrar.

Io capitano es la película que representó a Italia en los premios Óscar como mejor película internacional y cuenta la historia de Seydou (Seydou Sarr), quien junto a su primo Moussa (Moustapha Fall), ambos de 16 años, deciden abandonar el poblado pobre donde viven en Dakar, Senegal, para alcanzar el sueño de hacer música en Europa y firmar autógrafos a “los blancos”. En el camino enfrentarán desafíos peligrosos que van desde los estafadores, el hacinamiento en los medios de transporte, el desierto del Sahara, paramilitares esclavistas y mafias locales que se aprovecharán de cualquier miseria a su alcance. La meta de los jóvenes está clara: cruzar el Mediterráneo a cualquier precio.

Se destaca mucho su protagonista, Seydou Sarr, quien, con su mirada y gestos, da el toque de inocencia e ingenuidad para resaltar los hechos aberrantes que sufren los inmigrantes en el trayecto. Características que, ni en sus peores momentos, se llegarán a perder del todo. Al inicio nos encontramos con un personaje soñador, que es convencido por su primo para ir a Europa. Su madre no quiere saber nada con eso, no quiere que abandone el calor del hogar y le advierte sobre el peligro que la travesía conlleva. Pero, como para todo adolescente, los adultos no tienen sueños y por eso ponen trabas y es por eso que primará la rebeldía.

De esta forma, como está de moda decir, las advertencias fueron debidamente presentadas, su madre intenta convencerlo y un vendedor del pueblo les advierte que Europa no es lo que piensan, que tendrán trabajos basura, que dormirán en la calle, que serán maltratados, pero los jóvenes no escuchan. Ven ese mundo añorado a través de la pantalla de un celular que comparten y las camisetas de fútbol que casi todos visten. Ellos tienen la receta para alcanzar la fama, el éxito y el dinero: hacer una canción. Con sus voces harán la diferencia.

Claro que en el viaje se van a topar con la realidad. Al punto que, hacia el final, es Moussa el que quiere abandonar el sueño y Seydou el dispuesto a seguir para justificar tanto sufrimiento. Y con respecto a esto último, una buena decisión del director consiste en no regodearse en los abusos físicos que sufren los chicos. Seguramente, la vulnerabilidad inmigratoria africana será mucho más desgarradora y terrorífica de lo que se muestra, y puede caer sobre Garrone en el hecho de tener “un punto de vista blanco y europeo” de la problemática, pero creo que, incluso con estos elementos sobre la mesa, el relato es muy respetuoso y hasta noble, considerando la temática que le interesa abordar.

Con una narración al estilo de road movie, se destacan mucho las panorámicas que advierten la inmensidad de la travesía asumida por los chicos, en especial, en ese espeluznante desierto de Sahara, peligroso hasta para los expertos que intentan cruzarlo. Además, el relato presenta toques de realismo mágico que funcionan muy bien en la trama. En especial, porque se dan en dos puntos clave de la evolución del personaje, en momentos donde su fe es puesta a prueba. Primero, en el desierto, cuando se da cuenta de lo prescindibles que son sus vidas y que nadie se preocupará por ellos. Segundo, cuando al borde de la muerte el joven anhela ver a su madre, y en un viaje místico vuela para decirle que la ama.

Estamos entonces ante una película que toca el problema y la vulnerabilidad de la inmigración y se concentra en navegar la incertidumbre de los peligros que deben pasar esas personas. Con todas las impugnaciones que podrían hacerse, el film se destaca en concentrarse en sus personajes, sus conflictos y deseos, al tiempo que permite una genuina reflexión sobre una temática muy actual en el mundo en el que vivimos.