Dream Scenario: Stop Making Sense

We live in the city of dreams
We drive on the highway of fire
Should we awake
And find it gone
Remember this, our favorite town
Talking Heads, “City of Dreams”
Hay spoilers, no creo que sean relevantes para disfrutar de la película, pero lean a discreción.
En su libro ¿La democracia en peligro? Cómo los memes se apropiaron del debate público, Juan Ruocco toma una definición base de meme elaborada por Richard Dawkins, en su obra El gen egoísta. Según traduce Ruocco, el meme sería entonces el equivalente al gen, una unidad mínima de transporte de información cultural autoreplicante sometida a presión selectiva. El meme, entonces, contiene en sí mismo toda su información. Se autoexplica e interpreta. No necesita ser configurado o decodificado. Esa facilidad por explicarse a sí mismo es lo que facilita su reproducción y viralización.
Nicolas Cage es un meme. Su cara. Su cage rage recortada de cada película en la que ha sobreactuado lo ha puesto en todos los momentos de nuestras vidas: stickers de whatsapps, gif, etc. Nos comunicamos con Nicolas Cage. Todo el mundo sabe quién es, aunque no hayan visto ninguna de sus películas ni conozcan su nombre. Es, probablemente, el actor más memetizado de internet.

Me sorprendería que esta no haya sido una de las principales razones por la cual le ofrecieron protagonizar Dream Scenario, la nueva película de Kristoffer Borgli, el cineasta noruego que saltó a la fama por su película Sick of Myself, nominada en 2022 en la sección Una cierta mirada del festival de Cannes.
Al igual que en su film anterior, Borgli realiza en Dream Scenario una crítica social muy aguda a la sociedad occidental contemporánea. Menos alegórico que en Sick of Myself y sin ese nihilismo espantoso de otros nórdicos como Robert Östlund, la película toma como punto de partida una premisa que casi podríamos considerar digna de una obra escrita por Charlie Kaufman: Paul Matthews, un profesor universitario bastante común y perdedor, de repente comienza a aparecerse en los sueños de muchísimas personas, de una forma totalmente aleatoria, alrededor del mundo entero.
No hay razón que explique el fenómeno, simplemente sucede. Matthews está ahí y todo el mundo lo reconoce. En los sueños a las personas les suceden diferentes cosas, la mayoría de las veces sufren una desgracia y el profesor se aparece por ahí caminando, disociando el peligro, sin intervenir. No hace nada. No ayuda, no colabora, solo transita.

Al principio este gesto le genera una enorme popularidad al profesor. Se vuelve una celebridad. Se viraliza como el propio el Nicolas Cage, y todo es éxito. Sin embargo, algo no está bien. Al protagonista le perturba que en los sueños no haga nada, que no sea valiente, que nadie tenga una experiencia memorable o heroica con la cual recordarlo. Matthews está completamente emasculado. No logra imponerse en ninguna faceta de su vida, ni como padre, ni como investigador, ni como esposo. Solo transcurre y esta etapa memética, si bien lo reconforta, lo hace sentir un poco estúpido. Es una suerte de Hide the Pain Harold.
Debido a esto, el personaje empieza a forzar su razonamiento y su conducta y, de la nada, algo cambia. Los sueños se transforman en pesadillas. Todos aquellos que soñaban con un profesor inerte frente a alguna tragedia ahora lo tienen a él como una suerte de Freddy Krueger moderno. Matthews asesina, viola, estrangula, tortura y persigue a muchísimas personas, pero, al igual que cuando era tan solo un transeúnte, no controla en absoluto lo que ocurre fuera de la liturgia.
Y acá es cuando ocurre lo que nuestro amigo Juan Ruocco llamaría La parábola del delfín. Quienes enarbolaban a Matthews como un personaje simpático y popular de las redes comienzan a deglutirlo y a odiarlo. La misma situación que había convertido al profesor en un personaje simpático y amado a lo largo y ancho del mundo, lo transforma en el ser más despreciable y en el enemigo número uno de la sociedad. Aparece la llamada cancelación y, de nuevo, en ningún momento, el protagonista ha hecho nada para merecer las reacciones. Como dice Ruocco en su texto, la simpatía del personaje fue su principal desventaja evolutiva. A veces, llamar la atención, sobresalir, puede ser letal.

En una de sus clases, el propio personaje interpretado por Nicolas Cage explica esto a sus alumnos, cuando menciona el porqué del camuflaje de las cebras. El profesor comenta que estos animales no buscan mezclarse con el paisaje, sino entre ellas. Un predador no ataca al azar, tiene que visualizar y distinguir a su presa. Lo que les salva la vida a las cebras es juntarse y no llamar la atención. No resaltar del resto. Si se equivocan y se muestran, están liquidadas.
Una vez que esta puerta se dispara, la película ingresa en otros tópicos, como las nuevas derechas, el uso de internet y la contracultura como respuesta a la cancelación. La sátira se completa. Algunos podrán decir que de forma subrayada o con trazo grueso, pero la crítica a la idiosincrasia en la que vivimos está ahí. Para los argentinos esto está dejando de ser una novedad, hemos entrado de lleno y sin matices en la estupidez más abyecta que pueda existir desde hace poco más de 40 días.

Sin embargo, a diferencia de otras películas, lo interesante en Dream Scenario es que, si bien tira tiros para todos lados, no se olvida jamás de los personajes. A diferencia de su obra previa, acá Borgli nos hace empatizar con Matthews y con su pérdida, e incluso hay un momento hermoso para la ternura en ese final tan precioso musicalizado por Talking Heads. Elección que no parece menor, si se tienen en cuenta las letras y el mensaje que ha dado la banda con sus canciones sobre el mundo en el que vivimos.
En definitiva, estamos frente a una película en la que Nicolas Cage se asume como meme y sacrifica algo de su dignidad para contar esta historia. Pero lo hace con tanta honestidad que logra uno de los mejores papeles de su carrera. Ojalá que la temporada de premios lo acompañe y lo galardonen como corresponde, lo tiene merecido. Varias veces la sociedad se lo ha comido y vomitado. Aguantar eso no debe ser fácil para ninguna psiquis. Haremos porras por él. Al fin y al cabo, vivimos en la ciudad de los sueños y, como dice otra canción, qué lindo que es soñar, soñar no cuesta nada.



