36° Festival Internacional de Cine de Mar de Plata, cuarta tanda de reseñas

COMPETENCIA ARGENTINA

Por Ana Moggia

Reloj, Soledad, de Cesar González

La última película de Cesar González sigue los pasos de una empleada de maestranza que ve la oportunidad de robarse el reloj de su jefe. Este hecho desencadena que despidan a su compañera. Los conceptos de la necesidad, la culpa y el trabajo son centrales en Reloj, soledad. El titulo funciona como enunciador del film. La primera mitad de la película vemos la vida de la protagonista: vive sola en una situación austera, se toma el 98 para ir a trabajar, cumple con sus tareas laborales, regresa a su casa y vuelve a comenzar su día. Una existencia rutinaria y bastante monótona. Hasta que roba el costoso reloj. Si bien tiene sentimientos encontrados que oscilan entre la culpa y redención, la necesidad de supervivencia prevalece.

El cine de Cesar González nunca se aleja de las barriadas populares. En esta oportunidad filmo la película en Avellaneda, en los barrios de Dominico, Sarandí y Wilde. La noche del conurbano es un personaje más. Pero nunca desde la explotación de la marginalización. La película navega ciertas fronteras entre las categorías de documental y ficción. Tiene planos muy austeros pero significativos.  Se le suele criticar el “look” de estudiante de cine que tienen sus películas. A pesar de tener varios largometrajes en su haber, Cesar sigue rodando películas de muy bajo presupuesto. Y sin romantizar la situación, es algo heroíco filmar con poca plata. Quienes lo critican halagan a otros realizadores que tienen películas muy hermosas desde lo visual, pero no se podría decir lo mismo de su mensaje.  Cesar González hace un tipo de cine que escasea: despojado de toda pretensión, con una mirada única y con la pulsión de filmar a pesar de todo.

Punto rojo, de Nicanor Loreti

El director de Diablo (2012) y Kryptonita (2015) vuelve al ruedo con Punto rojo. Una película de humor negro, espías, servicios de inteligencia y sabandijas. Cuenta la historia de Diego, un hincha fanático de Racing, que se encuentra en el medio de la nada con su auto. El film inicia con él contestando preguntas sobre La Academia en un programa de radio, de repente, un cuerpo cae del cielo sobre el capo del vehículo. A partir de allí se comienzan a desencadenar toda una serie de hechos disparatados.

Loreti sabe manejar el tono humorístico que elije para su relato, pero es en los aspectos técnicos donde más se destaca esta producción. Tiene un trabajo de cámara preciso, una buena banda de sonido y una fotografía interesante. Pocos personajes, pocas locaciones y mucha violencia.

COMPETENCIA INTERNACIONAL

Por Fabio Vallarelli

El otro Tom, de Laura Santullo y Rodrigo Plá

La película de los uruguayos Santullo y Plá relata las peripecias de una madre soltera que no sabe cómo lidiar con un hijo diagnosticado con síndrome de atención dispersa (TDA). Tom parece un buen niño, pero todo el tiempo presenta un humor y actitudes cambiantes. Su madre, Elena, es una de las tantas personas latinas en Estados Unidos que lucha por subsistir. Las instituciones, la escuela y los hospitales, no entienden a Tom, lo diganostican y lo medican. Elena intenta cumplir con los lineamientos que le imponen y la cosa mejora, pero no lo suficiente.

Tom cambia, está más calmado y es menos problemático, pero vive sedado entre pastillas. Como lo dice el título, ahora es otro.

El subtexto es claro, la película aborda el fenómeno de la salud mental desde el paradigma de la sobremedicación que las farmaceuticas y muchos profesionales de la salud reproducen sin demasiado cuestionamiento.

El Otro Tom es otra película del festival donde el trabajo de diseño de sonido es fundamental para la narrativa. El punto de escucha de los personajes y la manera en la que perciben el mundo es un elemento que ayuda a la focalización del relato y a la empatía con los personajes.

COMPETENCIA LATINOAMERICANA

Por Anna Ciaffi

Camila saldrá esta noche, de María Inés Barrionuevo

Un coming of age argento que define el contexto actual de su clase ideológica social con seguridad.

La genialidad de la puesta en escena es innegable, con una construcción sólida de los personajes y los espacios mediante su aspecto estético que no tienen nada que envidiarle a las grandes referentes del estilo. La fotografía, de bajo contraste, poca profundidad de campo y un pregnante tinte verdoso que recuerda a la foto analógica y que le da a todo un tono nostálgico y atemporal, volviendo eterno un retrato actual.

Narrativamente, la primera hora de película supera todo lo demás. El mayor pecado de la historia es caer en los clichés y obviedades de la vida real que en la diégesis cinematográfica desentonan. De cualquier modo, vale la pena mirar para opinar.

Yo y las Bestias, de Nico Manzano

Andrés tiene una banda y, por capricho, decide separarse y comenzar una carrera solista en medio de la galopante crisis económica de Venezuela.

El personaje es arrogante y la empatía con él cuesta bastante, pero su permanente mala actitud y fortuna solo vuelven más profundo un relato de muchas capaz dignas de analizar.

Un realismo mágico de seres imaginarios y fracasos personales tras los cuales siempre prevalece la necesidad de sobrevivir y realizarse, acompañado de fantásticos encuadres, colores pasteles y estética pop. Destacable el diseño sonido, más allá de los soundtracks, que, mediante la utilización de un plano sonoro cercano, logra inmersiones hipnóticas en conjunto con la imagen. En resumen, una película con méritos en muchos aspectos y, por sobre todo, entretenida y adorable a su extraña manera.

AUTORES

Memoria, de Apichatpong Weerasethakul

El cineasta tailandés Apichatpong Weerasethakul es una de las caras mimadas del circuito de festivales de cine. Sus películas, desde la forma y el contenido, respetan esa idea estereotipada sobre qué es el cine arte: planos generales de larga duración, conversaciones crípticas, personajes particulares y locaciones excéntricas.

El asunto con los clichés, los prejuicios y los estereotipos es que no son del todo falsos. Tienen un punto de verdad, pero también tienen un margen de posibilidad de ser reinterpretados o de modificar su sentido. Es el caso del cine de Apichatpong. Donde otros cineastas son tan solo una pose vacía, el tailandés se encarga de generar sentido todo el tiempo, a través de historias en las que se trabaja muy fuerte sobre las situaciones dramáticas, los temas y los subtextos.

En Memoria esto es muy palpable. Desde el inicio del film Apichatpong dispara interrogantes y apuntes sobre la idea de qué son los recuerdos, cómo se forman y cómo se preservan. Tanto en lo indivdual como en lo colectivo. No es una película para cualquier espectador, es cierto; pero aun sin disfrutarla por completo, es imposible no apreciar ciertos momentos y pasajes que son de lo más bello que puede ofrecer el cine hoy por hoy.

Además, mención especial para Tilda hablando español.

Titane, Julia Ducorneau.

Por Anna Ciaffi

Julia Ducorneau es cruda y brillante por partes iguales. Con una premisa que arranca hija de los temas y estéticas de Tarantino y quizás Noé, Titane se corona como una de las bestias de Mar del Plata por su efectividad y profundidad.

Superada la primera media hora, la violencia explícita y gratuita y las fantasías eróticas automotrices al mejor estilo Crash dan lugar a un retorcido drama de tintes policiales con muchas referencias al documental El Impostor, pero con giros estremecedores y bizarros que provocan náuseas y risas por partes iguales.

Titane es más de lo que parece y es imposible de resumir en una idea corta, pues su presencia volátil la vuelve sólida e implacable, adentrándonos a un mundo en el que los conflictos pueden ser fantásticos, pero sus personajes son tan oscuramente reales que el miedo y el disfrute retuercen al espectador en su butaca.

Reina indiscutida, solo se puede esperar y especular con qué nueva alucinante y genial pesadilla Julia creará en el futuro.

The Taking, de Alexandre O. Philipe

Por Mariano Castaño

The Taking es un documental expositivo, diría Bill Nichols, con mucha influencia de Ken Burns en su ejecución, sobre ese espacio cinematográfico conocido como Monument Valley, locación inmortalizada en siete westerns de John Ford y luego citada en otros innumerables films.

Alexandre Philippe, su director, realiza una muy didáctica clase sobre el tópico “espacio cinematográfico” y toca todos los temas pertinentes al mismo. Así, se da cuenta de Monument Valley como espacio pictórico (lo que está en el encuadre), arquitectónico (su dimensión real) y fílmico (el que se arma en la cabeza del espectador mediante los artilugios del cine). Además, se analiza de la función mitológica de este lugar en el pathos norteamericano y en la evolución del western, focalizando en la figura de John Ford.

Como si fuera poco, se hace referencia a las funciones canónicas del espacio, a saber: es el soporte de la acción, brinda cohesión textual, genera la tensión on/off, y sobre todo debe ser capaz de convertirse en exponente de las relaciones ideológicas y psicológicas y ser un elemento caracterizador del personaje. Y aquí es donde entra el conflicto, que no solo es la mirada del western primigenio sobre los pueblos originarios, sino la explotación de ese espacio en sí mismo. El problema de este conflicto es que no funciona, no pega, en principio porque para hacerse el interesante, Philippe elige que las entrevistas estén en off y no sabemos quién está hablando en cada instancia. Si el documental servía para visibilizar un conflicto y un pueblo ultrajado, se mandaron un macanón con el recurso.

Todo es mucho más fluido, coherente e interesante cuando no se mete en camisa de once de varas y en cambio toca temas que, aunque remanidos, son siempre del gusto de los cinéfilos: la creación del espacio mítico del Oeste, emparentándolo con la Tierra Media o Westeros, el ojo cinematográfico de Ford para encuadrar su lugar en el mundo y vendernos el mismo guiso empaquetado de diez maneras diferentes y el impacto que ha tenido esto en la cultura popular.

Alexandre O. Philippe, director suizo, se está convirtiendo en parada obligada para los cinéfilos. The Taking es uno más en una obra en la que se destacan Doc of the dead (sobre el cine de zombies), The People Vs George Lucas (se explica solo) y 78/52 (sobre la escena de la ducha de Psycho).

No sé si The Taking o Philippe son material de festival de cine, pero voy a estar recomendando la película a quien quiera aprender sobre espacio cinematográfico.