Beastie Boys Story: It’s a Sabotage

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Ok, el documental de Beastie Boys. Si el cine tal como lo conocíamos sigue vivo y alguien cree que por algún motivo es importante separar los productos audiovisuales que “son cine” de los que no lo son, bueno, este iría más bien en la segunda categoría. La historia de Beastie Boys se cuenta en formato mezcla de charla TED con stand up. Está bien, no tiene sentido despotricar contra un formato porque sí, menos contra uno que no conozco más allá de los breves fragmentos que abren y cierran los capítulos de Seinfeld, y alguna rutina que vi contra mi voluntad con resultados soporíferos. Pero, ey, ¡la historia de Beastie Boys! Una banda que entendió la imagen como parte fundamental. Una banda que siempre tuvo un concepto estético tan juguetón, personal e insolente. Una banda que se ocupó de que sus videoclips fueran tal y como ellos los querían. Suena incoherente que justamente esa banda cuente su historia en ese formato. Con los dos miembros aún vivos de la banda, Ad-Rock y Mike D vestidos como oficinistas para dar una presentación súper lavada. Ok, pero a propósito, el que falta, MCA, era de los tres el que más se preocupaba por los tópicos que acabo de enumerar. Pero, ey, ¡Mike D y Ad-Rock! No es moco de pavo. Cualquiera pensaría que dos tipos tan creativos, dos miembros de una de las bandas más originales de su tiempo, y acompañados por un director competente con quien ya trabajaron bastante, encontrarían una forma más adecuada para contar su historia. Pero por algún motivo decidieron hacerlo filmándose en un auditorio leyendo un texto de una pantalla, con otra pantalla detrás en la cual se suceden imágenes de archivo. Es como si estuvieran disfrazados de Michael Diamond y Adam Horovitz (sus nombres reales), y con sinceridad, es difícil creerles.

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Los Beastie Boys son parte de la cultura rock, a pesar de trascender el rock propiamente dicho como estilo musical. Y si algo le falta a esta película es rock. Ya ver ese par de cuerpos aburguesados tan ajeno a Beastie Boys es chocante. Cuentan su historia como quien recuerda con nostalgia sus travesuras de chiquillo revoltoso siempre dejando claro que ahora son tipos maduros, que eso quedó atrás. El mejor momento tal vez sea la primera media hora, con excelente material de archivo de los inicios de la banda, algunas anécdotas jugosas, y hermosas fotos de punks quinceañeros amigos de los integrantes de la banda, que además fueron quienes los introdujeron al ambiente musical. Esos chicos (los Beastie y sus amigos) tenían el estilo, la irreverencia y la frescura que echaremos de menos durante la mayoría del metraje. No paran de señalar que tenían quince años, y esto no lo remarco porque no sea digno de señalar, es algo maravilloso. Pero no lo señalan como algo maravilloso, suena más a una justificación de cada cosa que hacían.

Tenemos a Ad-Rock y Mike-D haciéndose los buenos y pidiendo perdón por letras machistas que escribieron para Licenced to Ill, su primer álbum. Comparan la letra de “Girls”, de su primer disco con “Song for the Man”, del quinto. Excelente, suficiente. No hace falta más. Pero las luces se apagan, solo Ad-Rock queda iluminado, mirando al piso arrepentido. Lamentable. Pero la cosa sigue. Para la última media hora, ese aire de “charla inspiracional” que poco a poco iba creciendo durante la película llega a la abyección cuando hablan del concierto a beneficio del Tíbet. Ok, claro que fue importante, claro que tenía que estar. Pero hablan de él como si fuera una misión que la banda fue descubriendo, como si fuese el momento clave en el cual toda su actitud inmadura y chapucera, esa actitud que los hizo grandes, quedara atrás. En un momento determinado cuentan cuando MCA conoció al Dalai Lama. Dicen que su frase fue “es un tipo gracioso”. Esto es perfecto para ilustrar a su personaje y para mostrar su contraste respecto al espíritu del documental; hizo una suerte de viaje iniciático en el cual conoció a uno de los grandes benefactores de la humanidad, del cual prácticamente está todo dicho, salvo una cosa que para MCA es fundamental: “es un tipo gracioso”. El humor es clave en los Beastie Boys, y si en la película está presente, parece el humor de un nuevo padrastro que de tantas ganas de caerle bien al hijo de su esposa termina siendo insoportablemente cursi.

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La idea de “la historia de los Beastie Boys, contada por ellos mismos” generó mucha expectativa. Tal vez esto jugó en contra. La película funciona en cierto modo como una extensión del libro recientemente editado. El parlamento que recitan Mike D y Ad Rock no tiene la espontaneidad que tal vez tendría una entrevista realizada por un agente externo, en la tradición del más clásico rockumental con bustos parlantes y placa con el nombre abajo. Ese chocarse con la pregunta que permite documentar una reacción está despreciado desde el vamos, acá se toma otro camino, uno más controlado, uno que nunca emociona. La historia está, y para el que quiere conocerla, es una forma de acceder a ella, pero no deja de ser decepcionante. Claro que es imposible saber, pero me gusta creer que si Adam Yauch estuviera vivo esto hubiese sido distinto.