(Des)armando a Diego: Diego Maradona, el documental.

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I. El Maradona que armaron los argentinos, y que en el cine se reflejó en la película de Kusturica que podría inscribirse en el género documental-ofrenda, es Dios, o D10s. Lo armaron con pedazos de narración aristotélica devenida a épica tercermundista, con Diego como héroe surgido del barr(i)o, de una situación difícil, que haciendo gala de sus “poderes” o “habilidades especiales” superó las adversidades para coronarse como héroe nacional en un acto que es al mismo tiempo hazaña deportiva y venganza patriótica. Lo armaron con pedazos de la religión oficial, que de forma iconoclasta coloca el fútbol como nueva religión que mueve más masas y pasiones que el catolicismo, desplazando sus figuras y erigiendo a Diego como su Dios. La multiplicación de panes, la caminata por las aguas, la crucifixión y la resurrección son reemplazadas por los goles a los ingleses (uno de los cuales cambia en su discurso la trampa por el milagro: la mano de Dios), el martirio del partido contra Brasil en Italia 90 con el tobillo hinchado como un cuello, la traición de Judas/FIFA con el doping de Estados Unidos 94. Frases recogidas de los evangelios como “no juzguéis o seréis juzgados” y “bienaventurados los misericordiosos” quedan enterradas debajo de las nuevas banderas que son “la pelota no se mancha”, “me cortaron las piernas” y “que la sigan chupando”, que tienen la ventaja de ser testimonio audiovisual sin dos milenios de tergiversación y se ajustan infinitamente más a la identificación popular.

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II. El Maradona que arma Asif Kapadia es eso, pero también lo otro. El título Diego Maradona funciona menos como unidad nombre-apellido que como estructura bipartita en la que se desdobla una de las grandes figuras del siglo XX. Está Diego. Está Maradona. Fernando Signorini, su preparador físico, lo define con claridad. Diego es un pibe humilde, con inseguridades. Maradona es el personaje que se tuvo que construir para lidiar con esos dos monstruos que todo lo devoran que son el negocio del fútbol y los medios de comunicación. Las contradicciones se plantean desde el principio. En la audaz secuencia de montaje que abre el film y funciona como prólogo (su periodo en Nápoli). Vemos a la familia de Diego emocionada por su debut en primera, vemos a un periodista preguntándole si se siente un sucesor de Pelé, a lo que él responde que él es y quiere ser Maradona (que diga Maradona y no Diego se resignificará con la ya citada frase de Signorini, y denota una gran fineza en la selección del material de archivo). Lo vemos jugando en Boca, vestido con un tapado de piel diciendo que no le importa la plata sino la gloria, luego lo vemos fichado por el Barcelona por una cifra récord. Inmediatamente después ocurre algo que parece una contradicción en sí misma, Nápoli, uno de los equipos más humildes de Italia, compra al futbolista más caro del mundo.

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III. Su historia en Nápoli es la historia de Maradona llevándose puesto a Diego. Kapadia dice que “siempre aparecía la historia de Nápoles como central. Es el lugar donde fue premiado y apreciado como el mejor del mundo. Sus problemas personales comenzaron ahí. Lo que sucede después es una repetición de lo mismo”. El hecho de que esta etapa contenga material o simbólicamente todos los aspectos importantes de su vida permite que con un admirable trabajo de montaje se puedan encadenar hechos e imágenes tanto de lo deportivo como de lo personal con gran naturalidad y elegancia. Del ascenso como estrella al trato con la camorra y un hijo no reconocido, con la gloria mundialista de por medio que, a su vez, en su partido más famoso parece contener de forma aún más concentrada el mito maradoniano y su condición de héroe/villano. El retrato es completo, complejo y muy bien entramado pero también hay que destacar el valor mismo de las imágenes, muchas de las cuales permanecían inéditas, de uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos, prestidigitador con los pies, virtuoso del balón, desplegando todo su potencial y deleitando a todos los fanáticos de este arte-deporte. Ho visto Maradona.