A Star is Born: una estrella que sigue naciendo

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Se acercan los Premios Oscar y solo unas pocas películas que se perfilan para competir por la estatuilla todavía no han llegado a los cines argentinos, como es el caso de Vice, de Adam Mckay, Green Book, de Peter Farrelly o The Favourite, de Yorgos Lanthimos. Una de las que sí llegó, hace ya unos meses, es A Star is Born, dirigida por Bradley Cooper, su ópera prima, protagonizada por él mismo y Lady Gaga. La historia ya es bastante conocida, esta es la cuarta remake desde la original en 1937, después de dos remakes en Hollywood y una en Bollywood. Sin embargo, yo no tenía idea de la existencia de estas películas antes de A Star is Born (2018), por lo tanto mi familiaridad con la historia era nula. No tenía ningún tipo de expectativas más allá de ver el debut de Bradley Cooper detrás de la cámara y debo decir que, sin ser revolucionario o deslumbrante, se las arregla bastante bien para contar lo que quiere contar y es sin lugar a dudas efectivo.

La historia cinco veces contada va más o menos así. Jack (Bradley Cooper) es un músico de country/rock con problemas de alcoholismo y depresión, con fama pero sin muchos amigos. El destino va a unirlo con Ally (Lady Gaga), una muchacha de familia italoamericana que siempre tuvo el sueño de cantar –lo hace en un bar de travestis donde tiene su primer encuentro con Jack– apoyada por su familia pero resignada a no entrar en el mundo de la música habiendo sido rechazada por su aspecto. Jack le dará la oportunidad a Ally para crecer como artista y su ascenso en el mundo de la música será espejado por el descenso a la irrelevancia de Jack.

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No es muy difícil inferir que para que este relato funcione mucho va a depender de las actuaciones y la química entre la pareja central. Por suerte Bradley Cooper actúa increíble y canta bien, mientras Lady Gaga actúa bien y canta increíble. Teniendo en cuenta el destino final de los personajes y lo que se termina exigiendo de cada uno, este es el resultado perfecto que se complementa con una enorme química entre Cooper y Gaga, que hace creíble cada momento que se encuentran juntos, por más meloso o melodramático que se ponga. Sin embargo, una de las interpretaciones más destacadas de todo el film es la de Sam Elliott como Bobby, el hermano y “manager” de Jack. En el poco tiempo que aparece logra mucha profundidad en su personaje solo mediante su interacción con Jack, retratando a un hombre con un intenso dolor interno pero que hace lo posible para mantener una dureza exterior por el bien de su hermano.

La dirección es buena, con momentos muy destacables de puesta en escena sobre el final y otros no tanto, con movimientos de cámara innecesarios –una escena entre Jack y Bobby donde la cámara gira alrededor de ellos sin motivo aparente en una conversación que no lo amerita y, por el contrario, causa distracción– o decisiones en el montaje que parecen apuntar a producir una reacción fácil del espectador en vez de arriesgarse a que el espectador encuentre esas sensaciones y sentimientos. El diseño visual de la película está en su mayoría al servicio de las actuaciones y funciona perfectamente, Cooper entiende que allí está el fuerte de la historia.

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A Star is Born funciona y tiene un discurso interesante sobre los efectos de la fama y el estado de la industria de la música actual. Más allá de eso no comparto la idea de meter esta película en la conversación de lo mejor del año. Es un gran primer intento, pero creo que tiene mucho espacio para mejorar.