Blackkklansman: Bienvenido otra vez, Spike!

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Spike Lee es un tipo que siempre tuvo algo para decir. Desde su brillante comienzo como director a finales de la década del ochenta, el newyorquino plantó banderas con un estilo audiovisual de narrar que revolucionaría a toda la industria, incluso, hasta nuestros días (si no pregúntenle a Donald Glover o a Jordan Peele, solo por citar algunos nombres).

Lamentablemente, luego de una increíble seguidilla de grandes películas en los noventa, el buen Spike enfrentó un declive que sería progresivo a lo largo de su carrera. Tanto es así que las noticias alrededor de Lee en la década del 2000 tenían más que ver con sus peleas contra jugadores que enfrentaran a sus amados Knicks en la NBA que con algo referido al cine.

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Pero la situación de tensión sociocultural que se vive en Estados Unidos (y en el mundo también, claramente) despertaron un poco de la ira del realizador, más allá de sus siempre verborrágicos discursos en los medios.

Spike Lee se ubica en el centro de la escena con varias nominaciones a los Oscar. Pero lo saludable es que ese centro de la escena lo ubica con un muy buen film.

Habiendo visto la filmografía de Lee casi en su totalidad (hasta los bodrios), lo primero que se me ocurrió cuando terminé esta cinta fue “ok, volvió Spike Lee”. Personalmente considero que no es su mejor película e incluso creo que tiene algunas fisuras. Pero en su totalidad, Blakk posee la fuerza personal y única, algo que adquiere un film que no pretende ser sutil en su mensaje. Aunque a su vez cuenta con una propuesta estéticas fantástica y toques de una enorme calidad simbólica que hacen que el espectador esté situado frente a una verdadera pieza de autor.

BlacKkKlansman

Blackkklansman está planteada como una buddy movie en la década del setenta. Pero su “homenaje” no reside en la parte técnica. Los toques personales de Spike Lee están por todos lados, por lo que no encontramos planos que homenajeen a otras películas o ese tipo de elementos nostálgicos. De hecho, la estructura de la película presenta un fenómeno que se está dando mucho en el cine de estos últimos años: la fusión de géneros. Acá hay un poco de comedia, un poco de drama, bastante de thriller pero ninguno de esos géneros llega a definir la película. Aquí reside un poco el problema.

Si bien Blackkklansman logra mostrarnos con creces las intenciones ideológicas y estéticas de su realizador, el anhelo por tratar de abarcar tanto hace que no se llegue a empatizar mucho con ninguno de todos esos climas.

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Da la sensación de que, al margen de su poderoso mensaje, Blakk intenta aggiornarse a toda una nueva ola de productos audiovisuales, sin necesidad de despojarse de su aspecto más autoral. Hay muchas escenas muy bien logradas y un final que ya funciona como marca registrada. Esto no elimina los problemas mencionados antes, simplemente explicita un proceso de transición más que válido.

Claramente, Spike Lee tendrá que liberar mas batallas para afilar sus armas. Pero esta vuelta nos brinda más de un elemento como para ilusionarnos con que la senda que eligió, nos devuelve a un realizador que intenta reinventarse sin que ello lo lleve a traicionarse.